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Anónimo
 
Hace días - quizá semanas - que quería volver a abrirme al resto para hablar, en esta ocasión, del ruido. Pero no del ruido como algo molesto - que lo es -, o como algo que opaca o interfiere en comunicaciones - también lo es -, sino como resultado del caos resultante de la infinidad de información.

No me refiero a un análisis desde la ontología del ruido, sino tratado desde el punto de vista social. Lo cual no es fácil: precisamente tanto ruido hace difícil aclarar conceptos.

Y sin saber como tratarlo, me topo con Black Mirror, una impactante serie de televisión británica cuya primera temporada, sinceramente, me ha parecido sublime. Y pienso: "Ya está, ya lo tengo: voy a generar una gran cantidad de ruido con esa tesis del ruido, cruzándola con comentarios sobre la serie". He aquí el resultado...

Para quien no haya visto esta serie, evitaré lo más posible comentarios sobre las tramas (seguramente alguno dejaré escapar, y en ese extremo, intentaré que no sea mucho, pero sin cortarme del todo). Ineludible es, sin embargo, hacer alguna referencia hacia cuál es su planteamiento: cada capítulo tiene nada que ver con el resto, siendo cada cual una historia independiente en realidades alternativas. No obstante, comparten una motivación: la paranoia radical sobre los modos de socialización y conceptualización de la realidad en el mundo "moderno". Una tecno-paranoia similar a la planteada en algunos capítulos de aquella serie ochentera llamada "Más allá del límite". O, como planteaba Channel 4 resumiendo la emisión del primer capítulo, "una parábola retorcida en la era de Twitter" (tal y como aparece en Wikipedia).

Hace meses que me hablaron de ella, y por unas o por otras, el recomendador aprovechó que tenía un pendrive mio para encasquetarme los tres capítulos de la primera temporada. Ayer pude verlos. Y en el fondo mi impresión es similar a la que me sobreviene con otras obras televisivas o cinematográficas que hacen una reflexión paranoica radical sobre la realidad: esa realidad, la que vivimos, supera a la ficción.

Callo y callo, y no hay otra cosa que no sea ruido a mi alrededor. Formalizo ideas, categorizo conceptos, y al transmitirlos genero más ruido. Y nada cambia, nada adapto en mi entorno. Otros adaptan este mundo a su interés, y con el mundo, a mi mismo.

Decir todo ello no es otra cosa mas que generar ruido. Partimos de la tesis de lo necesario que es transmitir lo que pensamos. Tenemos que hablar, comunicarnos. Y respetar a otros. No juzgar, y así no ser juzgados. O juzgar y recibir el juicio de otros, dispuestos a ello, dejándonos impregnar. ¿O no? ¿O si? ¿O qué? Da igual. ¿Importa?

Creamos modelos de negocio basados en ese ruido. Y buscamos el apoyo de otros no en base a lo que pensamos, sino en base a lo que piensan esos otros. Buscamos su simpatía. Creamos la oferta para su demanda. Exactamente como hace Black Mirror: aprovechar el punto de tecnofobia que muchos tienen en alza, y tranquilizarnos, a la par, con la previsión de males peores, y la socialización del mal de muchos.

Estamos mal. Muy mal. Los exiguos beneficios de mis dos últimos empleos salían, exclusivamente, de valores crecientes en una pantalla de ordenador: actividades financieras de bancos corruptores, y plusvalías virtuales de propiedades intelectuales. ¿Tejido productivo? Cero. Y no porque no lo prefiera: es que por el tejido productivo presente, no hay beneficios suficientes como para pagar un alquiler. Solo lo hay en lo incierto. En lo no-real. En lo absurdo. En la eficacia y eficiencia mal entendidas de dinamizar lo subjetivo.

Leía hace unos días, perdido tontamente en el ruido, cosas como que la derecha en España está fatal, con un Dios tambaleante cuyo vicario se retira, una Patria tocada en su gobierno por cortinas de humo secesionistas, casos de corrupción que avergonzarían y harían retirarse a cualquier gobernante de otra parte, y el mayor déficit público de la historia reciente (14% del PIB, según resumía Ignacio Escolar hace no mucho), y un Rey con amante charlatana, ex-yerno politoxicómano, y un aún-yerno que está dejando a tiro de piedra de algún juez con agallas el aireo de los trapicheos monárquicos.

Y en esta situación de Dios, Patria y Rey tocados, no hay quien los hunda: la izquierda no tiene absolutamente ningún poder y solo puede aspirar a competir por los titulares con esas otras derechas que surgen, las atrapatodo. Ni con esas sirve de nada: la derecha sabe controlar los tiempos (los imponen ellos), y antes o después volverán con su propaganda a ganar simpatías, a ofrecerle al público lo que el público demanda. Quizá Rajoy se folle a un cerdo para ser TrendingTopic y ganar simpatías ante un falso secuestro de Leonor de Borbón y Ortiz.

Solo podemos aspirar a integrarnos en el mundo "moderno", el de la ficción, la irrealidad virtual, y el mundo controlado por un genio maligno de Descartes, o desaparecer. Es la tesis pesimista, claro.

La tesis optimista no es mejor: ya estamos desaparecidos. Hemos desaparecido en el ruido. Vivir, para un humano, es perderse en la multitud: desaparecer en el ruido. Y si vivir es bueno, desaparecer también. Y el ruido también.

Desaparecer o desaparecer. Esa es la tesis de Black Mirror. Esa es la realidad misma, y ante esa realidad, esa verdad incorruptible que solo asusta a los necios y les hace volverse pasivos, entusiastas, o agresivos.

He ahí la inutilidad, cobardía, absurdez e insignificancia del suicidio, que en estos tiempos está en boca de tantos para culpar a otros de lo hecho por uno mismo para si mismo. Es el espectáculo, el sentir que hace que nos sintamos sintientes, y por lo tanto que hay algo de eso que otros llaman "alma" dentro de nosotros.

Algunos verán en estas palabras una locura lúcida. Otros, una locura a secas. Quizá otros vean razón y lógica incorruptibles.

En el fondo es solo ruido.

Respeto el derecho al olvido, ya que el ruido favorece ese olvido. Y por otra parte, espero que jamás me den un programa de televisión para hablar de estas cosas: como en Network: Un mundo implacable, seguramente me integraría más que nunca en el sistema, y diría todo esto y más sosteniendo un cristal afilado en mi propio cuello, tranquilizando a las masas que buscasen este tipo de escapatoria: ese que confirma la sospecha que uno tiene y permite que todos puedan seguir ocupándose en la no-realidad cotidiana. Aunque no me matarían: la cuerda nunca se tensa tanto, y si pueden explotarte y meterte en una celda más grande, ¿para qué se van a deshacer de ti?

De cómo el capitalismo mejora nuestras vidas

Alanthano - 2013-02-23 23:22:26
Victorjsanz.es

>>A nadie escapa que el capitalismo es un sistema económico gracias al cuál han sido posibles grandes avances tecnológicos de los que podemos beneficiarnos. Veamos algunos ejemplos de cómo el capitalismo mejora nuestras vidas.

El capitalismo mejora nuestras vidas, consiguiendo grandes cantidades de recursos naturales estratégicos a buen precio. En cuestión de unas pocas horas, es posible llegar desde cualquier punto de Francia hasta Tombuctú, una de las ciudades más importantes de Malí, ese país africano que arrastra una crisis alimentaria que afecta directa, grave y mortalmente a 600.000 niños, según UNICEF.Los 3.600 kilómetros que separan París de Tombuctú pueden ser cubiertos por aviones con víveres y personal sanitario en pocas horas, pero por desgracia para los hambrientos niños es mucho más urgente enviar aviones de guerra y tropas de élite para garantizar el suministro de un recurso natural que Malí tiene la desgracia de poseer en abundancia en su subsuelo, el uranio.Este elemento resulta de gran interés para la compañía francesa Arevaque,según su web es“líder mundial en energía nuclear y bla bla bla”. Lástima que el interés de Areva o cualquier otro gigante económico hijo del capitalismo, no confluya con los intereses de los niños hambrientos de Malí. El presidente francés, François Hollande lo resumió muy bien, cuando sus tropas junto con las malienses reconquistaron la ciudad de Tombuctú para tranquilidad de los intereses comerciales de las compañías multinacionales europeas:"Estamos ganando la batalla".

De esto mismo tenemos multitud de ejemplos, como ya ocurriera en Irak, donde al cabo de los pocos años de iniciarse el ataque y posterior invasión estadounidense, el número de contratistas superaba al de los militares que habían allanado su camino, “limpiándolo” de personas que podían suponer una seria traba para su “trabajo” de colonización industrial y comercial. Dicho sea de paso, el coste militar corrió a cargo del erario público norteamericano en su mayor parte, mientras que el beneficio de las contratas fue a parar a manos privadas.

Otro ejemplo bien claro es el de Libia, cuyas reservas de gas y petróleo fueron objeto de la codicia de las grandes compañías multinacionales de origen europeo, lo que acabó en el derrocamiento del coronel Gadafi, líder del país con mejor proyección económica y de bienestar social de todo el continente africano. Gracias al capitalismo, los habitantes de Occidente podremos disponer de combustible para nuestros hogares y para nuestros automóviles al precio desorbitado de siempre, que incluye el coste normal y el coste de la guerra, además del plus de peligrosidad de las multinacionales y que pretenden que asumamos, como resulta obvio, los consumidores.

El capitalismo mejora nuestras vidas cuando nos permite tener información inmediata de cuántos niños se mueren de hambre en el mundo cada minuto, porque las comunicaciones son excelentes, en parte debido a la expolio occidental del coltán, ese mineral que extraen los niños africanos con peligro de sus vidas por un salario tan bajo que es casi tan asesino como sus condiciones de trabajo.

El capitalismo mejora nuestras vidas porque pone a nuestra disposición, o mejor dicho, a disposición de quien los pueda pagar, increíbles avances tecnológicos que fabrican ciudadanos chinos en condiciones que no aceptaríamos, bajo ningún concepto, para nosotros mismos.

El capitalismo mejora nuestras vidas porque genera riqueza, dicen, lo que no dicen es el precio que esa riqueza que no se reparte, le cuesta a quien no recibe ni una pizca de ella.

***

Víctor J. Sanz

Grecia está mucho peor de lo que nos cuentan

Alanthano - 2013-02-15 11:06:49
Censura dictatorial en la Unión Europea. Grecia está mucho peor de lo que nos cuentan

AMNISTÍA INTERNACIONAL DENUNCIA AL GOBIERNO Y AL POLICÍA DE GRECIA. GRECIA HA COLAPSADO. PERO NO NOS LO CUENTAN PORQUE ESTAMOS EN CAMPAÑA ELECTORAL.

Lo he sabido por casualidad. Lo que ya lo dice todo.
Estaba perdiendo el tiempo con un viejo amigo, un periodista neozelandés, con el que suelo coincidir en el sitio chesscube.com, donde nos desafiamos en nuestro personal duelo ajedrecístico mientras chateamos intercambiando informaciones sobre Europa y sobre lo que acaece en el continente austral y en el sueste asiático, de lo que él es un experto fiable.
En un momento dado me dice:

“¿Y qué ha dicho Bruselas sobre la bomba de Amnistía Internacional?
“¿Cuál?

“La que soltó hace tres días el filósofo francés en plena reunión de los presupuestos para la UE.”
(Desconcertado por mi ignorancia de los hechos, aunque con fuerte curiosidad, pido información detallada)
“Sí, lo de los atracadores de bancos”

“¿Qué bancos?¿Dónde?”
“En el norte de Grecia”

“¿Quién?”
“Los anarquistas, los chavales arrestados y después torturados por la policía.”

En este punto me rindo y confieso no saber de qué me está hablando.

Y así es como llego a saber por un neozelandés que vive en Auckland, a 22500 km. de distancia, 12 horas de huso horario antes que nosotros, desde la otra parte del mundo, en el continente más lejano (en todos los sentidos) de nuestra vieja y querida Europa, qué es lo que está ocurriendo a 1000 km. de Roma, en el territorio que fue la cuna originaria de nuestra civilización.

Y todo gracias a Amnistía Internacional.

Hago unas llamadas y me lanzo a la caza de noticias. Nada en Italia. Tampoco en Europa. Noticias asombrosas en Sudamérica, en Canadá, en California y parece que en todos sitios entre los bloggers escandinavos y nord-septentrionales, que escriben en sus lenguas.

Describen y narran cualquier cosa de lo que está ocurriendo en estos días, de lo que a nosotros no se nos ha dicho una palabra, ni en Roma, ni en Berlin, ni en París ni en Londres.

Mucho menos en Madrid.
Hablan de Grecia.
Pero en términos nuevos.

En el sentido que se refieren a una sociedad ya colapsada, al límite de la guerra civil, ya precipitada en el abismo, sobre cuya realidad se ha corrido un obsceno velo de censura total para impedir que las noticias sean usadas en la campaña electoral de Italia y difundidas en España, donde está explotando la “tangentopoli” ibérica de las bancas corruptas y donde Rajoy ha hecho saber ya a Bruselas que allí en Madrid se corre el riesgo de ver la situación escaparse del control.

Grecia ha caído, definitivamente, bajo el peso de la deuda contraída con el BCE.

Están asaltando los supermercados. Pero no se trata de bandidos armados. Se trata de gente furiosa y hambrienta que no empuña ni siquiera una pistola, con la complicidad de los empleados que les dicen: “coged lo que queráis, nosotros como si nada”. Se trata de la revuelta de 150 empresarios agrícolas, productores de cítricos, que se han negado categóricamente a destruir toneladas de naranjas y limones para moderar los precios, como pide la UE. Han cogido la fruta, la han cargado en camiones y han ido al las plazas de las ciudades con megáfono, regalándola a la gente, contándoles cómo están las cosas.

Se trata de 200 productores agrícolas, ex propietarios de lecherías, que de ser dueños de sus propias empresas han pasado a ser empleados de la multinacional bávara Müller, que se ha apropiado de sus empresas endeudadas, adquiriéndolas por pocos euros, apoyada por el crédito bancario facilitado. Éstos, han cogido sus productos de la semana, alrededor de 40.000 vasos de yogur (el producto griego por excelencia, el mejor yogur del mundo desde siempre), los han cargado en camiones y en lugar de embarcarlos en el Pireo hacia el mercado continental de la gran distribución, los han regalado a la población yendo a distribuirlos a las puertas de colegios y hospitales.

Se trata también de dos movimientos anárquicos locales, que se han organizado y han pasado a los hechos: basta manifestaciones y protestas, robemos a los bancos: en las últimas cinco semanas los atracos han aumentado un 600% respecto a hace un año. Roban lo que pueden y después lo reparten con la gente que va a hacer la compra. La policía ha logrado arrestar a cuatro de ellos, reos confesos, pero una vez en la comisaría los han masacrado a golpes sin consentirles contactar ser representados por los abogados. Esto se ha sabido por la confesión del policía de administración encargado de la misión de retocar con Photoshop las fotografías de los cuatro arrestados, dos de los cuales se recuperan en el hospital de graves lesiones.

Y así, ha caído la sección europea de Amnistía Internacional, con sus valientes inspectores suecos, holandeses y alemanes, que han realizado una investigación, recogido documentación y han denunciado oficialmente a la policía local, al ministerio del Interior griego y al gobierno entero ante la Comisión de Derechos y Justicia de la UE en Bruselas, pidiendo la intervención inmediata de toda la comunidad internacional para actuar rápidamente y evitar que la situación empeore.

Nos hemos enterado así que el más importante economista alemán, el profesor Hans Werner Sinn (consejero personal de Angela Merkel), apoyado por otros 50 economistas, valiéndose incluso del apoyo de un representante “doc” del sistema bancario europeo, Sir Moorald Choudry (vicepresidente del Royal Bank of Scotland, el cuarto banco del mundo), han presentado un informe urgente tanto al Consejo de Europa, como a la presidencia del BCE, como a la oficina de la Comisión de Presupuesto y Hacienda de la UE, sosteniendo que “Grecia debe salir, rápida y temporalmente del Euro, devaluando su moneda un 20/30%, bajo el riesgo de la definitiva destrucción de la economía, que ha llegado a un punto tal de degradación que podría ser considerada como “tragedia humanitaria” y por tanto empezar a barajar la hipótesis de pedir la intervención de la ONU”.

Silencio absoluto.
Ninguna respuesta.
Censura total.
Ningún candidato a las elecciones en Italia ha hecho mención a la situación actual de Grecia.

Fuente: sergiodicorimodiglianji.blogspot.it

Ejpaña, fábrica de sobres.

Carabanchelalto - 2013-02-08 17:13:40
Saludos amigos, disculpas por el tiempo perdido en otros menesteres que implican currar más de doce horas diarias y que impiden dedicarse a lo más preciado, otras personas afines en pensamiento y con objetivos comunes. Ahí os dejo esto:
http://www.atlanticaxxii.com/1320/rajoy-recibia-sobresueldos-estando-en-la-mili

No comment

MaraudeR - 2013-02-07 19:20:05
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