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Argumentaciones meramente emotivistas.

Ciro - 2010-03-17 05:42:42
Supongo que con decir lo malos que eran los malos no se acaba de aclarar por qué hemos perdido las batallas anteriores, supongo que eso ayuda a seguir perdiendo batallas, hasta acabar perdiendo una guerra tras otra. La República había perdido una batalla al propiciar un clima que hacía posible un levantamiento militar, otra al no pararlo a tiempo y finalmente perdió la Guerra Civil. El socialismo perdió la batalla de la justicia con las atrocidades de los campos, perdió la batalla económica frente al capitalismo y finalmente perdió la guerra al volverse capitalista. ¡Qué malos que eran los franquistas, qué malos que son los capitalistas!
De la crisis del capitalismo se podría esperar mucho, pero de eso de que esta crisis anuncia su final vamos a dejarlo, eso no se lo creen mas que los que no presentan batalla. Esta crisis todavía está lejos de cantar. Mientras sigamos dependiendo del mercado y de la teoría de precios para intercambiar, las empresas y los particulares sigamos practicando comportamientos mafiosos con la vista puesta exclusivamente en el beneficio, mientras la unidad de consumo sea la familia nuclear y mientras la propiedad privada siga siendo la garantía jurídica de las relaciones sociales y laborales, el capitalismo estará muy lejos de perder su primera batalla. Esta lejos de su punto crítico. El punto crítico de un mal es como el de una enfermedad, se alcanza cuando la enfermedad canta, da la cara. Todas las crisis lo tienen. A esta no le llega, los que cantamos somos nosotros, que seguimos perdiendo las batallas, una dentro de otra, una tras otra. La ecologista por el calentamiento y el fin de la biodiversidad, la del hambre en el mundo y la sobrepoblación con la injusticia rampante, la de los estados nacionales contra las multinacionales de farmacia o armamento... Cuando hayamos perdido la guerra supongo que será por lo malos que fueron los que la ganaron, no porque nosotros fuéramos tontos, innobles o cobardes. Está quedará claro después. La Historia está para reescribirse. Se les puede dejar a los perdedores que acaben escribiéndola.
Los argumentos circulares son maravillosos. No pretenden decir nada y lo consiguen, del mismo modo que las contradicciones pretenden decirlo todo y tampoco dicen nada: “Es preciso basar el concepto de progreso sobre la idea de catástrofe. Cuando “las cosas siguen como antes”, he aquí la catástrofe. No reside en que algo vaya a suceder, sino de que algo ya está dado en cada situación. ¿Acaso no escribe Strindberg en El camino de Damasco que el infierno no es algo que nos espera más allá, sino la vida que soportamos aquí?”. Eso escribía Benjamin poco antes de morir. La catástrofe, madre de las alternativas, consiste sin embargo en que nada cambie. Mientras espera la sucesión va devorando tranquilamente a sus hijos.
A pesar de todo no son nuestros argumentos sino nuestro gusto quién decide contra el capitalismo. Estemos orgullosos de ello. ¿No ha sido siempre la famosa “duda metódica” una farsa y no ha tenido que servir sólo como como figura encubierta del ánimo fundamental maníaco-resolutivo y depresivo-irresoluto de los autores? Con ello la argumentación filosófica se convierte en un ejercicio de no-llegada a un resultado positivo. Pero este nunca-llegar sólo muestra, a su vez, la otra cara de siempre estar-ya-en-la-meta de la metafísica clásica.
Los argumentos a favor de poder hacer algo por cambiar las cosas según vamos pasando de lo fundamental a lo aplicado se van desmoronando. No es lo mismo convencer a unos científicos que a una muchedumbre, ni a un juez que a un consumidor. La verdad no se decide por la capacidad de poner a los reidores o votantes de tu parte, y la mayoría de las veces que entramos en el mercado a comprar algo salimos con otra cosa.
La capacidad de esta sociedad de acelerar el tránsito del capitalismo a lo que venga después parece una mera ilusión, una proyección de deseos, un ejercicio de voluntarismo. Eso significa simplemente que se encuentra tan profundamente en nosotros, tan íntimamente en armonía con nuestro deseo, que la confundimos el deseo de pasar de etapa con el paso mismo.
Acumulamos argumentos como otros acumulan experiencias, conocimiento o dinero. ¿Pero pensar en cambiar? Ni siquiera nuestras ideas. En la alternativa de tener que cambiar nuestras ideas o probar que no es necesario llegar a eso, la mayoría de nosotros nos apresuramos a acumular argumentos.
Queremos justificar nuestras ideas partiendo de la verdad de unas premisas y sin embargo la justificación no se entiende como una argumentación válida a partir de una lista de premisas incluso si estas son verdaderas. Más bien , una justificación se dirige a otros que están en desacuerdo con nosotros, y por tanto, tiene que proceder de algún consenso, esto es, de premisas que nosotros y los otros reconocemos públicamente como aceptables para todos al objeto de establecer un acuerdo operativo sobre las cuestiones fundamentales de la justicia política. Eso es mucho pedir.
En los debates se consigue más poniendo a parir al adversario que defendiendo nuestras ideas. Eso acaba con lo operativo de las ideas. La guerra no se ha acabado, sólo los muertos conocen su final. Lo que era posible se pierde porque los dos hemos sido muy eficientes diciendo que lo contrario era imposible. Rawls incita a tomarla con la injusticia de un sistema institucional que permite que algunos sufran y otros gocen en razón de su mala o buena suerte, a la vez que argumenta en favor de una alternativa política capaz de convertir a cada uno en responsable de su propio destino. Las argumentaciones meramente emotivistas suelen incurrir en esa argucia argumental que Nietzsche llamaba “la prueba del placer” consistente en actuar como si el mejor respaldo a una afirmación no fuera su correspondencia con los hechos, sino más bien el grado de satisfacción y autocomplacencia que infunde al que la ha formulado, gratificado hasta el límite por haber dado expresión a tan elevados sentimientos.
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Manuko2010-03-17 11:14:4910
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Comments

Te extrañará...

Quizá te extrañe que vote a favor - yo que se, alomejor no... -. Simplemente me gustaría recomendar escuchar esta canción según se lea el artículo:



Cuando se busca el avance social, no se puede quedar uno estancado en los debates anacrónicos del pasado. Dices que se acumulan argumentos: en realidad se pierden. Se pierde, por ejemplo, esto (a base de repetir la mentira, nos convencen de que es verdad), se pierde esto (los temas que deben ser tratados no se tratan por invasión de otros), se pierde esto (Dios no existe hasta que se demuestre lo contrario), o esto (yo no salgo en las encuestas), etcétera...

Repetir lo ya dicho es caer en el juego del conservadurismo, de perderse en no avanzar. Y a pesar de eso, lo repito: dices que se acumulan argumentos, pero en realidad se pierden.

Verás, hay un grave error que ya hace tiempo comenté con MaraudeR por correo en el pensamiento del común de los mortales: solo responden ante el chantaje emocional. En definitiva: solo saben responder ante impactos emocionales. Cuando tienes razones mostradas, argumentos sólidos, y a pesar de eso no consigues nada, la única forma de desarrollar tus argumentos y razones es mediante el impacto emocional. A él le pareció que aquello que yo decía (en realidad hacía) estaba muy feo. Sinceramente, nunca me he planteado lo bonito, feo, bueno o malo de las tácticas a desarrollar cuando persigues un fin concreto y si ese fin se logra. Al fin y al cabo, lo importante, hacer bien las cosas, es lograr tu objetivo.

En esas estamos. No vencerás con un ejercito más grande, sino con mayor convicción, consecuencia, motivación, y en la batalla de las ideas, razón. Mejor estrategia, mejor posicionamiento de tus fortalezas. Los que vencieron en el pasado, los grandes estrategas, sabían eso.

Y no es de extrañar: lo dijo Sun Tzu en El arte de la guerra...

Pero yo entiendo que a al gente no le guste la guerra. Solo hace falta comprender que la guerra está declarada desde mucho tiempo atrás. Solo hace falta entender que, uniéndose al enemigo, no ganas, sino pierdes: tu lucha no habrá tenido sentido.

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Agradezco tu atención,

y efectivamente me extraña tu voto, porque cuando me da por escribir mil palabras en vez de cuatrocientas y poco encuentro que leerlo es insoportable, incluso con música; que no debieran pasar plomos así a portada.
Pero estoy de acuerdo contigo en considerar esa otra faceta de esta página, la faceta de que haya algunos artículos de fondo en el fondo del diario de un particular u otro. Es un como un contrapunto, como un bajo continuo a los artículos normales, que es bueno que pasen a portada en la medida en que propician comentarios y debate.
Pero bueno, ¿qué sabré yo de lo que es bueno para los que pasáis por aquí? Bastante agradecido estoy por poder hacer ver que escribo como si alguien pudiera sintonizar con lo que parece que piensa este que escribe y que a veces parece que tiene algo que ver conmigo.
 

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