Si Marx decía que la violencia es la partera de toda vieja sociedad que anda preñada de una nueva, para mi tal afirmación no es tanto el requerimiento de violentar a las gentes para cambiar la sociedad como la constatación de un sintoma y su causa última. Puede que la culpa de tal visión la tengan los tiempos que corren: al fin y al cabo, lo que pienso me viene de la experiencia.
El fin de la violencia en Euskadi está repartido en, al menos, dos manos. La primera, la de ETA y la izquierda Arbertzale: está en sus manos rendirse y desaparecer. La segunda, en manos del Estado Español: está en sus manos dar pie a los cambios necesarios para una nueva sociedad en la que la violencia no tenga cabida, sin que desaparezca nadie más por culpa de este eterno conflicto.
Porque en esta, está claro, la violencia si tiene lugar. Y, cada día es más evidente, no solo la de ETA.
¿Culpa de ETA? Si. ¿Solo de ETA? No. Se que puede sonar frívolo decirlo así después de que ETA mate a un militar, pero el hartazgo lleva hasta el punto en que toda frivolidad es vanal cuando el razonamiento es robusto.
La autocomplacencia es la más injusta arma de las mayorías.
Publicado simultaneamente para Instigado@Net/Bitácora y Librexpresion.org
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