Diario de francisco sanz

mejor menos, pero mejor.


Aceptamos las advertencias, pero soportamos las amenazas. El curso esperado de los acontecimientos separa unas de otras. Esperábamos que fueran mal las cosas, ¿pero tanto? En nosotros y a nuestro alrededor proliferan los escándalos y, más tarde o más temprano nos arrastran al apasionamiento mimético y al mecanismo victimario. Hacen de nosotros y sin que lo sepamos, cómplices de delitos unánimes, y tanto más nos engaña el diablo cuanto menos advertimos nuestra complicidad. Y es que esa complicidad no tiene conciencia de sí misma. Nos creemos virtuosamente ajenos a toda violencia.

cuentas

Decía Freud haber encontrado tras el principio del placer la pulsión de muerte, el gusto por el peligro; en la mente el mismo sistema que tienen algunos seres vivos para mantener la tensión necesaria para mantener activa la vida y alerta la defensa. También se ha dicho que el capitalismo precisa de las crisis para mantenerse operativo, que en cierto modo es como la vida, que muere y renace por doquier. De modo que cuando ahora se nos dice que estos días estamos viviendo algo semejante a la caída del muro, que esta desconfianza internacional en las cosas como habían venido siendo hasta ahora es el acontecimiento precipicio del capitalismo, más de uno levanta la ceja, y como Lucifer, al infierno condenado por alzarle a Dios la ceja, se expone, no tomando esta crisis en serio a ser expulsado del cielo del no tener que pensar en el dinero.

codicia

“La tierra brinda lo suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos”. Lo dijo Gandhi, por lo visto, y hoy lo repiten hasta los economistas para explicar la crisis. No aspiraban los banqueros a que premiasen sus méritos, sino que hartasen sus codicias, y a esto hemos llegado, a pasar de subvencionar al empresario para que sostenga el tinglado, a hacerse cargo de las pérdidas de las transnacionales para que sostengan al Estado mismo. Por codicia del florín, no te cases con el ruin, advertía un dicho popular. Pues bien esto hoy no tiene sentido. Pero que la codicia es quién ha roto el saco, sí.

Los buenos locos.

¿Cómo vamos a salir de esta interpasividad? Sin duda mediante la locura. ¿Cómo vamos a librarnos de nuestro incesante estar ocupados hablando, trabajando, mirando? ¿Qué queda de nuestro estar ocupados más alla de una vía de escape de lo que en verdad importa? ¿Qué es lo que en verdad importa? A nivel individual la transfiguración, es decir la locura, el creer en uno mismo. Y a nivel colectivo la revolución, es decir la justicia social, un “nuevo desorden amoroso”.

escarbar

Nos preguntábamos por el momento del cenit del petróleo. Nos dijeron que ya había sido, que no nos habíamos enterado. Me vino a la memoria aquella burla: “El geranio acaba de morir en la ventana, y tú, maestro, has seguido como si tal cosa”. Seguimos cautivos de la imaginación en el fondo de nuestra caverna. En ella no vemos más que el espectáculo de la pared. Nuestro trabajo consiste esencialmente en escarbar, para hacernos con una “localidad” mejor, con un hueco menos incómodo, y a arrastrar piedras para sentarse encima y, si se presenta la ocasión, tirárselas a otro. Nuestra actividad como hozamierdas, lanzapiedras o comepalomitas es el precio de la entrada al show, la condena al papel de espectador. ¡Qualis artificex pereo! Dijo Nerón al morir. ¡Qualis spectator pereo! decimos nosotros, que no hemos necesitado quemar Roma alguna para vivir.

vivan los novios

Si sólo yo la quisiera... pero ella correspondía a mis sentimientos. Que alguien te quiera, ¡qué palo!. ¿Qué hacer ahora? ¿Quién es ése al que ella quiere? De repente se abre una brecha entre el que creo ser y el desconocido por el que ella me toma. ¿A qué viene que alguien tenga el privilegio de mi imagen amable? Por otro lado, quererla, ¡qué misterio!. ¿Qué tendrá eso que ver con ella? Amar no sólo es dar a alguien algo que no tienes, es además darle algo que no quiere.

perros

Existe una ley de la evolución, la ley de Cope (Edward Drinker Cope, uno de los legendarios recolectores de dinosaurios del siglo XIX) que establece que, con el paso del tiempo, todos los animales tienden a desarrollar un mayor tamaño. Una vaca de 500 Kg. produce 500 gr. de proteínas en 24 horas, 500 Kg. de levaduras producen diez toneladas en el mismo tiempo. Pero una ballena consume casi 100 veces menos nutrientes que el mismo peso en peces pequeños. Una de las incógnitas de la biología es qué llevó a las bacterias a precisar núcleo y qué llevó a los unicelulares a convertirse en pluricelulares, o porqué fueron necesarios casi 3000 millones de años para que se decidieran.

petardos

Se preparan las de San Juan en Soria, pero esta noche de verbena en Cataluña es la verbena. Los adictos a los petardos tenemos pocos paraísos, así que a cultivarlos. Ya lo decía Voltaire, sí, lo que quieras, pero cultiva tu jardín. Salimos a la hora del partido en pos de tranquilidad en el camino. Al llegar a Zaragoza: fuegos artificiales, parece que hemos pasado. Me alegro, en cierto modo soy más español que italiano. Montaigne: he viajado mucho he visto americanos, franceses, ingleses... pero nunca he visto un hombre. Así, sin pasado, que no venga de alguna parte, poca gente se encuentra. A partir de ciertas intensidades los sentimientos es lo que hay.
Confiar en los sentimientos quiere decir obedecer a tu abuelo, a tu abuela y a sus abuelos antes que a los dioses que están en nosotros: nuestra razón y nuestra experiencia. Por eso el hombre “surge del lodo, pasa un tiempo en el lodo, hace lodo y de nuevo fermenta en el lodo, hasta que al final se pega sucio en la suela de los zapatos de su nieto”.

alegría

¿Dar con el verdadero sentido de las palabras? ¿En qué sentido entender verdadero? ¿en el que componga mejor con nosotros? ¿Por qué no?

quitarse el sombrero

Lázaro cuenta el milagro de Jesús, que le levantó de entre los muertos. Le dice a su amigo: Andé, andé y andé. Anduviste, jodío, le dice, harto ya el pobre hombre. Bueno, anduve jodido... pero andé. He andado y andado por Madrid este viernes pasado. Horas y horas, un poco flaneando, haciendo de Borges, o de Juan Ramón a lomos de Platero, “yo le dejaba ir a su antojo y él me llevaba donde yo quería ir”.

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