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Bitácora de Manuko en libreXpresion.org

El escalón más alto que puede alcanzar la especie humana es ser revolucionario (Ernesto Guevara)

Hace días - quizá semanas - que quería volver a abrirme al resto para hablar, en esta ocasión, del ruido. Pero no del ruido como algo molesto - que lo es -, o como algo que opaca o interfiere en comunicaciones - también lo es -, sino como resultado del caos resultante de la infinidad de información.

No me refiero a un análisis desde la ontología del ruido, sino tratado desde el punto de vista social. Lo cual no es fácil: precisamente tanto ruido hace difícil aclarar conceptos.

Y sin saber como tratarlo, me topo con Black Mirror, una impactante serie de televisión británica cuya primera temporada, sinceramente, me ha parecido sublime. Y pienso: "Ya está, ya lo tengo: voy a generar una gran cantidad de ruido con esa tesis del ruido, cruzándola con comentarios sobre la serie". He aquí el resultado...

Para quien no haya visto esta serie, evitaré lo más posible comentarios sobre las tramas (seguramente alguno dejaré escapar, y en ese extremo, intentaré que no sea mucho, pero sin cortarme del todo). Ineludible es, sin embargo, hacer alguna referencia hacia cuál es su planteamiento: cada capítulo tiene nada que ver con el resto, siendo cada cual una historia independiente en realidades alternativas. No obstante, comparten una motivación: la paranoia radical sobre los modos de socialización y conceptualización de la realidad en el mundo "moderno". Una tecno-paranoia similar a la planteada en algunos capítulos de aquella serie ochentera llamada "Más allá del límite". O, como planteaba Channel 4 resumiendo la emisión del primer capítulo, "una parábola retorcida en la era de Twitter" (tal y como aparece en Wikipedia).

Hace meses que me hablaron de ella, y por unas o por otras, el recomendador aprovechó que tenía un pendrive mio para encasquetarme los tres capítulos de la primera temporada. Ayer pude verlos. Y en el fondo mi impresión es similar a la que me sobreviene con otras obras televisivas o cinematográficas que hacen una reflexión paranoica radical sobre la realidad: esa realidad, la que vivimos, supera a la ficción.

Callo y callo, y no hay otra cosa que no sea ruido a mi alrededor. Formalizo ideas, categorizo conceptos, y al transmitirlos genero más ruido. Y nada cambia, nada adapto en mi entorno. Otros adaptan este mundo a su interés, y con el mundo, a mi mismo.

Decir todo ello no es otra cosa mas que generar ruido. Partimos de la tesis de lo necesario que es transmitir lo que pensamos. Tenemos que hablar, comunicarnos. Y respetar a otros. No juzgar, y así no ser juzgados. O juzgar y recibir el juicio de otros, dispuestos a ello, dejándonos impregnar. ¿O no? ¿O si? ¿O qué? Da igual. ¿Importa?

Creamos modelos de negocio basados en ese ruido. Y buscamos el apoyo de otros no en base a lo que pensamos, sino en base a lo que piensan esos otros. Buscamos su simpatía. Creamos la oferta para su demanda. Exactamente como hace Black Mirror: aprovechar el punto de tecnofobia que muchos tienen en alza, y tranquilizarnos, a la par, con la previsión de males peores, y la socialización del mal de muchos.

Estamos mal. Muy mal. Los exiguos beneficios de mis dos últimos empleos salían, exclusivamente, de valores crecientes en una pantalla de ordenador: actividades financieras de bancos corruptores, y plusvalías virtuales de propiedades intelectuales. ¿Tejido productivo? Cero. Y no porque no lo prefiera: es que por el tejido productivo presente, no hay beneficios suficientes como para pagar un alquiler. Solo lo hay en lo incierto. En lo no-real. En lo absurdo. En la eficacia y eficiencia mal entendidas de dinamizar lo subjetivo.

Leía hace unos días, perdido tontamente en el ruido, cosas como que la derecha en España está fatal, con un Dios tambaleante cuyo vicario se retira, una Patria tocada en su gobierno por cortinas de humo secesionistas, casos de corrupción que avergonzarían y harían retirarse a cualquier gobernante de otra parte, y el mayor déficit público de la historia reciente (14% del PIB, según resumía Ignacio Escolar hace no mucho), y un Rey con amante charlatana, ex-yerno politoxicómano, y un aún-yerno que está dejando a tiro de piedra de algún juez con agallas el aireo de los trapicheos monárquicos.

Y en esta situación de Dios, Patria y Rey tocados, no hay quien los hunda: la izquierda no tiene absolutamente ningún poder y solo puede aspirar a competir por los titulares con esas otras derechas que surgen, las atrapatodo. Ni con esas sirve de nada: la derecha sabe controlar los tiempos (los imponen ellos), y antes o después volverán con su propaganda a ganar simpatías, a ofrecerle al público lo que el público demanda. Quizá Rajoy se folle a un cerdo para ser TrendingTopic y ganar simpatías ante un falso secuestro de Leonor de Borbón y Ortiz.

Solo podemos aspirar a integrarnos en el mundo "moderno", el de la ficción, la irrealidad virtual, y el mundo controlado por un genio maligno de Descartes, o desaparecer. Es la tesis pesimista, claro.

La tesis optimista no es mejor: ya estamos desaparecidos. Hemos desaparecido en el ruido. Vivir, para un humano, es perderse en la multitud: desaparecer en el ruido. Y si vivir es bueno, desaparecer también. Y el ruido también.

Desaparecer o desaparecer. Esa es la tesis de Black Mirror. Esa es la realidad misma, y ante esa realidad, esa verdad incorruptible que solo asusta a los necios y les hace volverse pasivos, entusiastas, o agresivos.

He ahí la inutilidad, cobardía, absurdez e insignificancia del suicidio, que en estos tiempos está en boca de tantos para culpar a otros de lo hecho por uno mismo para si mismo. Es el espectáculo, el sentir que hace que nos sintamos sintientes, y por lo tanto que hay algo de eso que otros llaman "alma" dentro de nosotros.

Algunos verán en estas palabras una locura lúcida. Otros, una locura a secas. Quizá otros vean razón y lógica incorruptibles.

En el fondo es solo ruido.

Respeto el derecho al olvido, ya que el ruido favorece ese olvido. Y por otra parte, espero que jamás me den un programa de televisión para hablar de estas cosas: como en Network: Un mundo implacable, seguramente me integraría más que nunca en el sistema, y diría todo esto y más sosteniendo un cristal afilado en mi propio cuello, tranquilizando a las masas que buscasen este tipo de escapatoria: ese que confirma la sospecha que uno tiene y permite que todos puedan seguir ocupándose en la no-realidad cotidiana. Aunque no me matarían: la cuerda nunca se tensa tanto, y si pueden explotarte y meterte en una celda más grande, ¿para qué se van a deshacer de ti?
El titular lo dice todo: lo llaman destitución, acusan al presidente de la muerte de varias personas en un enfrentamiento entre paramilitares infiltrados en una manifestación de campesinos y las fuerzas de seguridad del Estado, y ponen en su lugar a Federico Franco, vicepresidente hasta la fecha, y que nunca fue elegido por las urnas para el cargo de Presidente - aunque si para vicepresidente -. Por cierto, curioso apellido para un dictador.

Fernando Lugo es un obispo católico inscrito de hecho en el difuso polo bolivariano de las Américas (también llamado en algunos casos Socialismo del siglo XXI), representado por las políticas estatistas de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, o Argentina. Podemos ver el testimonio, la paciencia, y el pacifismo de Fernando Lugo, sin ir más lejos, en la película Al Sur de la Frontera de Oliver Stone, en la que el director cinematográfico entrevista al obispo-presidente ahora destituido por golpe legislativo.

Las muertes de la que acusan a Lugo de ser responsable tuvieron lugar en una manifestación de campesinos, arrastrados por la patronal de terratenientes a la movilización, en la que parte de los manifestantes se enfrentaron con violencia extrema a la policía, provocando varias muertes entre los policías y otras tantas entre los campesinos. Ese enfrentamiento ha sido la excusa para que los dos grandes partidos del Senado decidieran realizar un juicio político exprés al presidente, y quitarselo de encima.

La situación es horrendamente viciada: un juicio político (impeachment en inglés) es un juicio en base a la Constitución, que se realiza a través de largas comisiones parlamentarias. El último impeachment que recuerdo fue a Bill Clinton, que duró más de un año, por el caso de Monica Lewinsky, que desdijo a Clinton, haciendo que el fiscal le acusara de abuso de poder, obstrucción a la justicia y perjurio. Más de un año, no 24 horas y mientras el Gobierno aún está recavando pruebas sobre la acusación contra el Presidente.

Contemos: Venezuela 2002 (destitución del Presidente por fuerzas militares, y restitución por voluntad popular en las calles), Bolivia 2008 (evitado golpe de Estado en preparación de atentados contra el Presidente en el Hotel Las Américas en Santa Cruz de La Sierra), Honduras 2009 (expulsión del Presidente e imposición de un gobierno dictatorial neoliberal), Ecuador 2010 (evitado Golpe de Estado después de retención del Presidente en un hospital policial/militar por parte de policías sublevados), y ahora Paraguay en 2012 (consumado de nuevo). Supongo que los capitalistas lo verán como 3-2.

Desde aquí, a mi me parece una desgracia y una injusticia.


AudioviSol (la comisión de audiovisual de Sol) presenta este reportaje del encierro de mineros en el Pozo Candín, en Langreo.

Está previsto que la explotación del yacimiento de Carbón se cierre a partir de 2013, dando por finalizada la obra de todos sus trabajadores, a los cuales no se les plantea ninguna alternativa de cara al futuro. Por eso, protestan.

El Pozo Candín ha sido la localización de varios de los disturbios ocurridos estos días con la Policía Nacional, que incluso pretendió invadir el pozo ilegalmente para expulsar a los mineros. No lo consiguieron.

Por cierto, en otro orden de cosas, ayer se presentó TomalaTele.tv.

Libertad de prensa, lo llaman

Manuko - 2012-06-18 14:23:41
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Via @UlianovVladimir.

Curiosa las similitudes en cuanto a respiros y demás. Eso si, nadie dice "Grecia se quita el aliento para dárselo a Europa".

Relacionadas:

->Una imágen vale más que mil palabras: los periódicos corporativos son todos iguales.

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Mineros atope


La fotografía habla por si sola: los mineros asturianos y leoneses están en plena rebeldía contra los poderes del Estado, enfrentandose con Guardia Civil y Policía Nacional cada vez que aparecen cualquiera de los dos cuerpos.

Habrá quien no lo entienda: la noticia está siendo la violencia en Asturias y León, y no el por qué de esa violencia. Sin embargo, esto es lo que pasa (y así tiene que ser) cuando...

El recorte que contemplan los presupuestos es del 63,2% para las ayudas al funcionamiento de las empresas (de 301 a 111 millones), del 39,2% para infraestructuras en las cuencas (de 167 a 102 millones), del 76,6% para proyectos empresariales (de 167 a 39 millones), del 99,6% para formación y becas (de 56 a 2 millones) y del 100% en materia de seguridad minera (de 12 a 0).


Léase bien: 100% de recorte en materia de seguridad minera. No es una interpretación: es lo que sale en los presupuestos y que narra El Economista, que no es precisamente un periódico de izquierdas.

Así que cuando la amenaza de despido es constante, y encima te dicen que si quieres trabajar te pagues el casco y la ropa de trabajo, y revises tú los elevadores, las barandillas, la iluminación... mientras tu trabajo es extraer carbón - una labor, como todos sabemos, con un riesgo altísimo -, lo menos sorprendente es que te enfrentes a quienes guardan el estado de las cosas de quienes mandan.

Se recorta en seguridad minera, aumentando bestialmente la explotación de los trabajadores de la mina, pero se invierte más en seguridad ciudadana para enfrentarse a los cada vez más explotados. Aunque esos guardianes también estén trabajando, quizá deberían renunciar a enfrentarse a aquellos que son de su clase, en lugar de intentar imponer una fuerza que no es de ellos.

Y si no, es el Estado y quienes lo secundan los que continúan planteando la batalla...
 

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