Diario de Ciro

El problema del censor.

El problema del censor es que se ha colado. Quiero decir que se ha colado y ya no nos damos cuenta. Sí que notamos que nos cuesta cambiar de opinión acerca de algunas cosas, y que nos volvemos desconfiados acerca de nuevas informaciones que van contra lo que creemos, creemos que creemos las cosas sabiendo porque las creemos, cuando la elección entre la obnubilación del progresista y la lucidez del reaccionario es probablemente una cuestión de temperamento.

Poder estar encantado.

Pasan demasiadas cosas y demasiado deprisa, no llega información fiable y así no hay quién se haga con una buena teoría. Una teoría no es una opinión, opiniones hay tantas como culos, todos tenemos la nuestra, pero para elaborar una teoría hay que parar un poco. Teorizar quería decir en origen contemplar. Contemplar suena a templo, a religión. Hoy algunos ven en la ciencia, su heredera, un medio para la elevación del espíritu, una vía para hallar reposo y consuelo en la contemplación de la eterna perfección del universo creado.

El papel de la razón.

Se acercan los tiempos en los que la palabra responsabilidad en ciudadanía se base en la capacidad de hacer responder a las autoridades. Una ciudadanía crítica no puede estar apoyada por el desarrollo de analfabetismos lingüísticos o matemáticos críticos. Para ascender de consumidor pasivo a ciudadano comprometido con la equidad y la justicia social, saber lo que dicen las palabras y cuentan los números es clave.

Unas intromisiones horrorosas.

¿Quién tiene la culpa el Estado o el Mercado? Eso de la culpa ¿a qué viene? Es que quisiéramos arreglar las cosas. Es posible que si dos no se entienden sea porque uno no quiere, pero al que le toca arreglarlo es al Estado. Los sistemas de gobierno conscientes y voluntarios no han sido bien llevados, los sistemas inconscientes nos han llevado al actual estado de cosas. Estado totalitario o mano invisible, la salida en manos del ciudadano-militante o del productor-consumidor. Más que en la salida de la crisis deberíamos estar pensando en la entrada en otro orden de cosas. No lo hacemos y así nos va. Supongo que esperamos que nos metan. ¡Ay hijo no digas qué!

A los investigadores les pagan poco.

La verdadera experiencia que precede a la creación es siempre un sacrificio de la unilateralidad del ego; es una recepción de la semilla creativa en la vasija de lo femenino, ya sea en un hombre o en una mujer y, habitualmente, el principio de una larga nutrición, una paciente espera de un nacimiento oculto. “Hágase en mí según tu palabra”. O bien “Haz lo que pida verme cual me veo, que de perdido, recato mi salud de mi deseo”.

Jubilación voluntaria.

Ella trabaja en una de esas instituciones del Estado que ayudan a facilitar la integración de los inmigrantes, ella se va a acoger a la jubilación voluntaria. Ella no está cansada de los inmigrantes, sino de sus compañeros. Es la responsable de un departamento y está quemada por las bajas inexplicables, por los malos rollos y por el comadreo.

Del agujero negro del paro.

Además de no hacer nada no se puede seguir sin decir nada de la quiebra que se nos cae encima. Nos estamos encogiendo en nuestros rincones aferrados a lo bien que todavía nos va. Los números siguen cantando y tras el horizonte de sucesos del agujero negro del paro vamos cayendo uno detrás de otro.

I take quietly to the ship.

Pensar para poder seguir pensando en por qué despertar mañana. Por lo visto ya hay más suicidios que accidentes de tráfico, ya se muere más gente por esa causa “externa” conocida, que por ninguna otra causa externa conocida. Con los suicidas como con los parados, hay más de los que se cuentan y en más formas de las que se cuentan. Y tanto hablar de uno como de otro hace que haya más. Si piensas en ellos es posible que encuentres otra razón para no seguir viviendo o ayudando a vivir, o para dejar de trabajar o dar trabajo.

Contra el muro.

Nos damos contra el muro de no poder mejorar la situación por un lado y por el otro el del no poder dejar de hablar siempre de cómo tendrían que ser las cosas. Por suerte siempre nos queda el truco del ganador de debates, soltar interminables discursos acerca de lo malo que es el otro, lo malas que son sus propuestas, lo bien que sin duda irían las cosas si dejara las cosas a sus sucesores. Gente que piensa un poco más como nosotros.

El final de la curiosidad.

La curiosidad es una forma degradada y perversa del amor al saber. Una pasión epistémica, en definitiva. Es la parodia plebeya del bíos theortikós, de la vida contemplativa consagrada al conocimiento puro. Tanto al curioso como al filósofo no les mueven intereses prácticos, ambos aspiran a un aprendizaje que constituye un fin en sí mismo, a una "visión" sin finalidades extrínsecas.

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