Una búsqueda rápida e indiscriminada en Google arroja más de ocho millones de entradas para el adjetivo Dantesco. Ingresese la palabra en el buscador de La Comunidad y arrojará más de cuatrocientos posts conteniendo la palabra. Más interesante es el resultado de la busqueda entre los artículos de “El País”: pues allí el adjetivo aparece tan sólo 55 veces. Como si los profesionales de la palabra escrita se cuidaran de utilizar el malhadado adjetivo.
Algunos la podrían acusar de simplista y mecanicista, otros de negar la sabiduría del genero humano depositada en 3000 años de tradición literaria amorosa. Y sin embargo, durante los cuarenta y cinco minutos que dura su ponencia, la literatura amorosa universal es prácticamente omnipresente: de Ovidio a Shakeaspeare, de Stendhal a Kabir —un poeta indio del siglo XV—, de Chaucer a Yuan Chan —un poeta chino del siglo IX— a Pablo Neruda, las citas se suceden una tras otra y ejemplifican aspectos clásicos del amor, que, sin embargo, ella muestra y explica desde un angulo diferente.
En los inicios del mundo, y en un lugar tan remoto que nadie había hollado sus tierras, vivía un mono. El mono cultivaba las tierras y recogía los frutos de su esfuerzo de manera cotidiana, las condiciones materiales de su existencia no eran malas, y seguramente el mono hubiera vivido muchos años o —¿quién sabe?—, hasta el fin de su existencia sino se hubiera hecho la siguiente pregunta: ¿Este mundo es mío?
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