Diario de lamoscaroja
Mis irreflexiones
Contra la amnesia: las paranoias de M. Thatcher
lamoscaroja - 2013-04-09 21:55:06
Releo decenas de artículos y reseñas sobre la que llamaron dama de hierro y, además de recordar datos, hechos y, lo que es más significativo, las terribles consecuencias que tuvo su política, acuden a mi mente dos preguntas, dos comparaciones. Leo la información sobre el ampuloso funeral de estado y toda la parafernalia, muy British, que se propaga, como un virus mediático, no solo al territorio que le mantuvo en el poder como líder del partido conservador británico, sino a Europa y más allá de Europa. De repente, una vez más, la consciencia crítica global parece bloquearse ante la muerte y termina por ceder, rendirse, y dulcificar la realidad pasada. La memoria colectiva se convierte en un paréntesis amnésico y parece que ya nadie recuerde los efectos letales de las decisiones de alguien que llevo a la muerte y a la miseria a un gran número de personas, soldados y muertos en la guerra de las Maldivas y mineros humillados. Nadie parece recordar su prepotencia, el estilo dictatorial con el que se atrevía a dar por cerrada una decisión con máximas del todo insultantes para el diálogo y la lógica como «Un mundo sin armas nucleares sería menos estable y más peligroso para todos nosotros», «Vale la pena conocer al enemigo, entre otras cosas, por la posibilidad de que algún día se convierta en un amigo». Pienso en la muerte de Chávez y en como, por el contrario, era “políticamente necesaria” la demonización del líder bolivariano. Es, una vez más, el mundo al revés y los medios, por supuesto, contribuyen a esta voltereta absurda por la que lo dañino se ensalza, porque tras él hay intereses políticos y económicos, y lo positivo, lo peligroso, se maquilla con mentiras e información tergiversada para que los espectadores sociales, nosotros, permanezcamos dormidos, y fácilmente manipulables, por supuesto. Esta es la primera pregunta que me hago: ¿qué extraño mecanismo nos contagia de ese volteo de la realidad con el que estamos perpetuando este mundo al revés?
La segunda cuestión hace referencia a la memoria colectiva, que debía ser un diapasón que nos permitiera afinar nuestra visión e interpretación de la realidad para mejorarla, no para descender aún más en el profundo pozo en que se está convirtiendo, especialmente en los últimos años ¿Qué ha sido de ella? ¿A qué ha quedado reducida esa capacidad para analizar con perspectiva el pasado, sembrarlo de dudas destinadas a propiciar, por el camino de la reflexión social, sobre hechos y sus consecuencias, la proximidad de la certeza?
¿Por qué no recordamos que la dama de hierro destruyó de cuajo el consenso político que se había alcanzado en gran Bretaña en las décadas de la postguerra? ¿Qué nos hace olvidar que se encargó, mostrando una prepotencia irrepetible, de destruir literalmente los centros industriales, del norte de Inglaterra, de Escocia y Gales?
Con sus estrategias políticas, totalmente autoritarias, se empeñó en construir un cuerpo ideológico que pudiera acuñarse con su apellido, claro síntoma de su ego desmesurado, Thatcherism, una corriente que, sin embargo, quedaba más cerca de ser como un movimiento bolchevique, un baile acompasado a los pasos letales dados por su gran amigo, e impresentable mandatario americano, Ronald Reagan.
Sin remilgos enunciaba frecuentemente una de sus máximas: hay que aplastar a la oposición y negociar con quien sea para ganar, coherente planteamiento con su actitud respecto a dictadores, mercenarios y empresarios, como Pinochet, con los que negociaba bastante más, y con más flexibilidad, que lo hacía con los representantes de su país que le contradecían en lo más mínimo. Enarboló una falsa bandera, espiritualmente perfecta para su marketing político, la bandera de la responsabilidad, la familia, los “valores” puros, la criminalización de los malos, presos republicanos y un etc. que escondía, en realidad, una megalomanía y su habilidad para realizar transacciones económicas que le dejaron pingües beneficios, a escondidas, como las que realizó con el dictador de Chile, de quien copio las dudosamente eficaces teorías económicas que le llevarían a esa obsesión suya por la privatización.
Entre los logros de esta “dama” está haber destruido los sindicatos, a quienes consideraba una amenaza letal para el capitalismo que no debía permitirse. Se empeñó, y lo logró, en aumentar los privilegios de los ricos y hundir a la clase obrera; se opuso activamente a que se llevaran a la práctica las sanciones económicas contra el régimen del apartheid de Sudáfrica, una manera de apoyar al régimen de Pretoria, en coherencia con su visión de la diferencia entre clases, su tendencia xenófoba y, lo que constituyó las verdadera razón de su postura, su obsesión por sacar beneficios económicos con las situaciones de guerra. Como colofón a sus discursos sobre la supremacía del individuo, el beneficio individual, sobre la colectividad, se logró legalizar la venta de las casas municipales para favorecer que los especuladores, los individuos que sí importan, se enriquecieran con especulaciones sobre bienes que eran en realidad comunitarios, municipales. El incremento de indigentes fue un detalle nimio que no llegó a importarle mucho, obviamente, aunque basta tener en cuenta que a su llegada al poder, el índice de pobreza era del 13,4 % y cuando dejó su cargo había ascendido hasta alcanzar un terrible 22%. Afirmó que Nelson Mandela era un terrorista y que Pinochet era el blanco de desmesurados e injustificados ataques. Con el dictador entabló maravillosas relaciones, que sospechosamente, y según consta en archivos desclasificados, se relacionaban con la compra-venta de armamento: desde que se levantó el embargo en 1980 hasta fines de abril de 1982, Chile le había comprado armamento al Reino Unido por valor de 21 millones de libras, que equivaldrían a unos 110 millones hoy (cerca de 160 millones de dólares).Buques, aviones, cañones y equipos de comunicación fueron algunos de los productos vendidos en transacciones secretas.
En fin, la que fue llamada por la URSS la dama de hierro, por su fobia hacia el socialismo, a poco que se buceé sobre su vida y hechos políticos, se convierte, más que en dama, en esclava de su ideología obsesiva, en destructora de buena parte de los avances y progresos que habían sido logrados antes de su llegada al poder y, curiosamente, en precursora de esa política económica ideada por unos pocos para hundirnos y que se resume en una de las máximas de la dama de metal: «La economía es el método. La finalidad es cambiar el corazón y el alma ».
HOY SE ESCRIBE CON H DE HIROSHIMA
lamoscaroja - 2012-08-07 15:48:35
Hoy se escribe con H de HIROSHIMA y con R de recordar, aunque la capacidad social para acudir a visitar el paisaje de la memoria, habitarlo por unos instantes, estremecernos y asirnos a los recuerdos para evitar caer en idénticos pozos negros en los que caímos, jugando a la muerte, la destrucción y la guerra, ha disminuido hasta el punto que apenas sabemos declinar el verbo recordar en plural: yo recuerdo; puede que tus recuerdes, pero nosotros no recordamos.
Se cumplen 67 años del delito contra la humanidad que fue el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, antecedente sangriento y doloroso, a la par que absurdo e inútil, de este estado de excepcional locura, irracionalidad y mundo al revés en el que intentamos sobrevivir. Nos impactaron las fotografías de hombres, mujeres y niños huyendo despavoridos, seres con el cuerpo desnudo, sin piel, muestras apenas vivientes del catálogo infinito de deformaciones y cicatrices que el ser humano, con sus invenciones y actos, es capaz de infringir a sus semejantes. Precisamente hoy conversaba con alguien que se aferra a la capacidad de recordar para no olvidar y a ejercer la mirada autocrítica para poder observar al otro sin tener que avergonzarse sobre la construcción, más bien la destrucción, de la realidad que nos imponen. Él me decía que, con toda seguridad, el mundo no sería el basurero, el ataúd para los más débiles, que es hoy si una de esas bombas, una de las guerras, uno de los genocidios de los que están sucediendo, hubiese recaído en el suelo de quien, precisamente, las sustenta, financia y planifica. No es difícil estar de acuerdo con él: cada estrella y cada barra de la bandera americana está teñida de sangre, siempre de los que no son “ellos”, y de hambre de supremacía sobre TODO y TODOS.
Es el mundo al revés y lo está siendo por demasiado tiempo. Hiroshima hoy es una excusa dolorosísima para observar que, tras 67 años, continua la guerra de ellos sobre TODOS, una guerra ideológica, económica e incluso química. Encubierta siempre. Silenciada siempre. Demostrable si nos forzásemos a no mirar hacia otro lado y no cayésemos en la actitud paralizante e insolidaria que la máquina de sembrar terror que es el imperialismo y las organizaciones oficiales (mercenarias de la oligarquía) se han encargado de hacer funcionar.
¿Creemos que Hiroshima está lejos? ¿Que los efectos letales de la bomba atómica han pasado y su rastro no se deja sentir tras 67 años? ¿Que no puede repetirse un acto mortal como aquel? ¿No calificaríamos hoy lo que sucedió como uno de los mayores actos de terrorismo de estado? ¿Será cierto que el tiempo puede lograr que perdamos la consciencia?
Hiroshima queda más cerca de lo que imaginamos. Como muestra, deberíamos conocer un pequeño detalle que los medios manipulados por el poder, cobardes que hablan y narran mentiras y, como máximo, cuando es inevitable, tartamudean pequeñísimas verdades incompletas: Dow Chemical, el fabricante del letal ‘agente naranja’, patrocina Londres 2012. Esta multinacional, una organización muy bien considerada en el ámbito empresarial, además de ser una de las compañías que ha financiado, obteniendo considerables beneficios fiscales por ello, los juegos olímpicos está considerada cómplice, a través de sus laboratorios y el “agente naranja” que produjeron, en la responsabilidad de haber causado enfermedades cancerígenas y malformaciones en una población de más de medio millón de niños, de la segunda y tercera generación, nacidos en la asolada Vietnam, después de la guerra perpetrada por los Estados Unidos en los años 60. Aunque se ha tratado de ocultar esta información a la opinión pública, la delegación deportista representante de Vietnam ha mostrado su indignación, aunque, de nuevo la máquina del terror causa el efecto deseado, no se ha atrevido a expresarlo públicamente para no causar un enfrentamiento político. Una vez más, el tío Sam juega y gana en la ruleta del poder.
Dow Chemical es la empresa que fabricó los diferentes tipos de pesticidas que se utilizaron despiadadamente para “neutralizar” la resistencia vietnamita en la guerra provocada por la invasión americana. Los herbicidas letales, armas químicas en toda regla, se denominaron agente naranja y sirvieron para fumigar la selva de Vietnam del Sur con 76.000.000 litros de sustancias letales, de una agresividad sin precedentes, supuestamente diseñados para “eliminar insectos” cuando, en realidad, era sabido por sus fabricantes su poder infalible para favorecer una serie interminable de enfermedades que generaron la expansión de una epidemia que se ha extendido más allá del tiempo en que se utilizaron, afectando a más de 3.000.000 de ciudadanos vietnamitas.
La ironía de que, una vez que las relaciones entre americanos y vietnamitas se normalizaron, a finales de los 90, el gobierno americano destinara fondos para “limpiar” los efectos de los pesticidas asesinos, proponiendo la condición de que las operaciones de “limpieza” se hiciese en los lugares con un alto índice de presencia de las sustancias letales (que casualmente coincidían con las que eran sus bases aéreas en el conflicto) llega a su culmen con este giro del destino, en el que la compañía fabricante de aquellas armas químicas, esponsoriza el fair play olímpico actual, unión idealista de pueblos que, fuera del estadio y en términos políticos, no lo practican.
Como añadido, de gravedad considerable, deberíamos también conocer que el gobierno americano nunca se ha planteado, ni lo hará, indemnizar a los millones de afectados ni compensar al país por la contaminación que se derivó del agente naranja. Es cierto que hace unos ocho años un grupo de ciudadanos vietnamitas intentaron demandar a la compañía Dow Chemical y Monsanto, acudiendo a la Corte Suprema de Justicia americana, pero es igual de cierto que, cinco largos años después, el tribunal encargado del caso se atrevió a dictaminar que no existía relación entre la dioxina y las malformaciones congénitas de los vietnamitas, a pesar de las decenas de informes médicos y científicos de numerosas entidades de reconocida credibilidad que concluyen con la afirmación de que la dioxina produce enfermedades congénitas, deformaciones post-natales, deformaciones pulmonares, retraso mental, cáncer, enfermedades relacionadas con la inmunodeficiencia y malaria resistente a la medicación estándar.
Para finalizar, si están pensando que los dólares que se ahorró el gobierno americano fueron empleados para galardonar con medallas y honores, y pólizas millonarias, a los soldados americanos invasores, aciertan, no podía ser de otra forma.
Una vez más, no es fácil hallar pruebas de que no deberíamos olvidarnos de RECORDAR.
Siria: un escenario prefabricado para la guerra
lamoscaroja - 2012-08-03 19:38:46
Resolver un conflicto, en términos sociales, implica, además de la clara voluntad de acercar posturas, entender, en primer lugar, el conflicto, comprender sus implicaciones, sus causas, sus “por qués”. Esta premisa es fundamental, especialmente, en el caso de la guerra que en estos momentos cruza, de lado a lado, a Siria.
Los falsimedia, tendenciosamente, esquivan la información que nos haría entender que el problema central en el conflicto sirio no radica en la insurrección armada, ni en la violencia, ni en la revuelta política. Con toda la intencionalidad, se nos ofrece una visión de la situación que induce a considerarla y a tomar medidas, aspecto este que conduce al mayor error, para resolver únicamente lo “visible” del problema, lo inmediato, obviando analizar las verdaderas causas que se esconden tras ella. Si a la opinión pública se le muestra un escenario de tanques, misiles y levantamiento de rebeldes y represión del gobierno oficial, la reacción, casi pauloviana, será acabar con la “guerra”, con la “lucha”, derrocar al gobierno (apoyando a los “rebeldes”) o asesinar a los rebeldes (apoyando con armamento al gobierno). Mirado desde este punto de vista, y forzando al pensamiento a desarrollarse en un plano simplista, en cualquier conflicto social actual caben muy pocas “alternativas”, si éstas llegan del exterior, repitiéndose la historia de Egipto, Libia y un etc. muy extenso: o se apoya, desde “afuera” a los rebeldes o al gobierno oficial, acabando, con armas y sangre, con el problema (no considerando la raíz) y, tras un periodo, elegantemente llamado “de transición”, construir una nueva realidad, en el país de la contienda, fabricado con trocitos de aportaciones de los “amigos” extranjeros que desinteresadamente, léase con ironía, han ayudado a su resolución. Analizada así, la situación de Siria y la resolución del conflicto pasaría porque un “bando” acabase con el otro, el considerado “malo” por occidente y borrón y cuenta nueva, con la ayuda de los “aliados”.
Simple. Muy simple. Excesiva y sospechosamente simple. Deberíamos plantearnos que, lo más importante detrás del conflicto sirio no es el Ejército de Liberación Sirio ni el Consejo Nacional Sirio, ni los grupos terroristas organizados que están actuados cubiertos por su velo, sino los intereses económicos, financieros y empresariales que se esconden tras ellos y que llevan ya bastante tiempo financiando y esponsorizando sus actividades. Siria no es un territorio cualquiera, un espacio neutral y no lo es desde que Wall Street clavase sus pupilas en ella, como pieza clave de las aspiraciones geopolíticas americanas que tienen como objetivo final lograr una hegemonía global, que políticos con pocos escrúpulos, y muchas participaciones y acciones en multinacionales que no pueden permitirse no ganar billones jugando al monopoly en el tablero de Oriente medio y África, como la reina fascista americana, H. Clinton se empeñan en maquillar. Existe una elite, tomado el término no en su acepción de calidad ni de grupo excelso, sino como una mafia autoerigida los amos del destino del mundo, que hace mucho tiempo ya planificó, paso a paso, el conflicto sirio y fue, paso a paso, propiciando el desarrollo de los hechos para que, además de producirse, originará en la opinión pública la visión que interesaba: hay unos buenos y unos malos y los “salvadores externos”, llevados por una solidaridad inexplicable, han de “ayudar” a los buenos, como en los cuentos infantiles. Solo que ahora no se trata de un cuento, sino de una guerra en la que, como siempre, quienes pierden son los inocentes que no se embolsan millones de dólares ni pertenecen a ningún consejo de dirección de grandes empresas.
“Los aliados externos”, el gobierno americano, fundamentalmente, es consciente de que Siria es la pieza clave para tratar de resquebrajar el poder de otro fantasma para América, Irán, y, además, forma parte de la lista de países que han de “cambiar de régimen”, de acuerdo a la voluntad del tío Sam. Lo prueba el calendario de ataques que ha sufrido Siria durante años.
Occidente, América y sus aliados, sueña con destruir, y establecerse, colonizar, no solo Siria, sino Irán, en un planteamiento que desea conseguir la hegemonía global que se ha iniciado promoviendo y financiando guerras en África del Norte, siguiendo en Oriente Medio, Irán y, previsiblemente, también en Europa y Asia. El objetivo es crear un sistema mundial para expandir la hegemonía global, controlado por los amos de las finanzas angloamericanas y los poderosos tentáculos de su red de instituciones globales, llevados por su obsesión megalómana, y ayudados por sus políticas malthusianas, dirigidas a conseguir el control de la población, el control industrial y el monetario. Estos datos no se esconden, al contrario, es tal su prepotencia que estas directrices aparecen claramente expuestas ya en la AGENDA 21 y defendidas con pasión por técnicos que, peligrosamente, asesoran al actual gobierno de la Casa Blanca, como J. Holdren, quien se permitió expresar, en su libro de 1977 ECOSCIENCE, que el estado ha de marcar la cifra que delimita la “población óptima” y defender propuestas centradas en el aborto forzado, métodos diversos de esterilización inducida, conveniente para evitar la superpoblación y sus peligros en relación al imperialismo de los reyes del mundo, los americanos, propiciando el control del gobierno del ciclo vital de “sus ciudadanos-siervos”. No importa que hace unos meses este individuo, actual asesor de Obama, se escude diciendo que se trata de un libro que fue escrito hace décadas y que “no se ajusta a su ideología actual, ya más madura y consciente”. No importa, es una pista clara para “entender” los antiprincipios que rigen las guerras que están sucediendo, aparentemente por motivos que solo incumben a los países en los que se desarrollan.
Occidente se ha convertido en un experyo creador de paradigmas falsos, debates inducidos y conflictos escudo, que solo pretende, desatendiendo el número de víctimas, ocultar la verdadera naturaleza de sus intenciones. Sirva como ejemplo la creación, bajo la etiqueta de organización sin ánimo de lucro, de la National Endowment, financiada por la CIA para impulsar la Democracia e identificada por numerosos geoanalistas como elemento clave que facilitó la formación de los activistas que participaron en las "revoluciones árabes de primavera" en el Medio Oriente y África del Norte.
Si deseamos comenzar a entender qué hay detrás de conflictos inducidos, como la guerra actual en Siria, deberíamos empezar por leer un texto de 1991 del ex subsecretario de defensa P. Wolfowitz, también antiguo presidente del Banco Mundial, que comienza con una declaración, sobre la necesidad de "limpiar" los viejos regímenes clientes de la Unión Soviética (Siria, Irán e Irak). En él se esbozan los planes para el cambio de régimen sirio, que se remonta a 2002, así como el programa de capacitación del Departamento de Estado, iniciado en 2008 para capacitar a 5.000 activistas de Túnez, Egipto, Siria y el Líbano.
Y, para seguir, en esta fase inicial de intentar “comprender” el porqué de la guerra de Siria, deberíamos echar una ojeada a la imagen que aparece al final de este artículo, en la que aparecen las multinacionales con intereses económicos en que en Siria se produzca una masacre lo suficientemente sangriente como para que la entrada triunfal de los americanos sea aplaudida y vitoreada por el resto del mundo, engañados una vez más por las campañas mediáticas orquestadas por el imperialista eimplacable Tío Sam y aliados.
Enlace del artículo:http://lamoscaroja.wordpress.com/
Los falsimedia, tendenciosamente, esquivan la información que nos haría entender que el problema central en el conflicto sirio no radica en la insurrección armada, ni en la violencia, ni en la revuelta política. Con toda la intencionalidad, se nos ofrece una visión de la situación que induce a considerarla y a tomar medidas, aspecto este que conduce al mayor error, para resolver únicamente lo “visible” del problema, lo inmediato, obviando analizar las verdaderas causas que se esconden tras ella. Si a la opinión pública se le muestra un escenario de tanques, misiles y levantamiento de rebeldes y represión del gobierno oficial, la reacción, casi pauloviana, será acabar con la “guerra”, con la “lucha”, derrocar al gobierno (apoyando a los “rebeldes”) o asesinar a los rebeldes (apoyando con armamento al gobierno). Mirado desde este punto de vista, y forzando al pensamiento a desarrollarse en un plano simplista, en cualquier conflicto social actual caben muy pocas “alternativas”, si éstas llegan del exterior, repitiéndose la historia de Egipto, Libia y un etc. muy extenso: o se apoya, desde “afuera” a los rebeldes o al gobierno oficial, acabando, con armas y sangre, con el problema (no considerando la raíz) y, tras un periodo, elegantemente llamado “de transición”, construir una nueva realidad, en el país de la contienda, fabricado con trocitos de aportaciones de los “amigos” extranjeros que desinteresadamente, léase con ironía, han ayudado a su resolución. Analizada así, la situación de Siria y la resolución del conflicto pasaría porque un “bando” acabase con el otro, el considerado “malo” por occidente y borrón y cuenta nueva, con la ayuda de los “aliados”.
Simple. Muy simple. Excesiva y sospechosamente simple. Deberíamos plantearnos que, lo más importante detrás del conflicto sirio no es el Ejército de Liberación Sirio ni el Consejo Nacional Sirio, ni los grupos terroristas organizados que están actuados cubiertos por su velo, sino los intereses económicos, financieros y empresariales que se esconden tras ellos y que llevan ya bastante tiempo financiando y esponsorizando sus actividades. Siria no es un territorio cualquiera, un espacio neutral y no lo es desde que Wall Street clavase sus pupilas en ella, como pieza clave de las aspiraciones geopolíticas americanas que tienen como objetivo final lograr una hegemonía global, que políticos con pocos escrúpulos, y muchas participaciones y acciones en multinacionales que no pueden permitirse no ganar billones jugando al monopoly en el tablero de Oriente medio y África, como la reina fascista americana, H. Clinton se empeñan en maquillar. Existe una elite, tomado el término no en su acepción de calidad ni de grupo excelso, sino como una mafia autoerigida los amos del destino del mundo, que hace mucho tiempo ya planificó, paso a paso, el conflicto sirio y fue, paso a paso, propiciando el desarrollo de los hechos para que, además de producirse, originará en la opinión pública la visión que interesaba: hay unos buenos y unos malos y los “salvadores externos”, llevados por una solidaridad inexplicable, han de “ayudar” a los buenos, como en los cuentos infantiles. Solo que ahora no se trata de un cuento, sino de una guerra en la que, como siempre, quienes pierden son los inocentes que no se embolsan millones de dólares ni pertenecen a ningún consejo de dirección de grandes empresas.
“Los aliados externos”, el gobierno americano, fundamentalmente, es consciente de que Siria es la pieza clave para tratar de resquebrajar el poder de otro fantasma para América, Irán, y, además, forma parte de la lista de países que han de “cambiar de régimen”, de acuerdo a la voluntad del tío Sam. Lo prueba el calendario de ataques que ha sufrido Siria durante años.
Occidente, América y sus aliados, sueña con destruir, y establecerse, colonizar, no solo Siria, sino Irán, en un planteamiento que desea conseguir la hegemonía global que se ha iniciado promoviendo y financiando guerras en África del Norte, siguiendo en Oriente Medio, Irán y, previsiblemente, también en Europa y Asia. El objetivo es crear un sistema mundial para expandir la hegemonía global, controlado por los amos de las finanzas angloamericanas y los poderosos tentáculos de su red de instituciones globales, llevados por su obsesión megalómana, y ayudados por sus políticas malthusianas, dirigidas a conseguir el control de la población, el control industrial y el monetario. Estos datos no se esconden, al contrario, es tal su prepotencia que estas directrices aparecen claramente expuestas ya en la AGENDA 21 y defendidas con pasión por técnicos que, peligrosamente, asesoran al actual gobierno de la Casa Blanca, como J. Holdren, quien se permitió expresar, en su libro de 1977 ECOSCIENCE, que el estado ha de marcar la cifra que delimita la “población óptima” y defender propuestas centradas en el aborto forzado, métodos diversos de esterilización inducida, conveniente para evitar la superpoblación y sus peligros en relación al imperialismo de los reyes del mundo, los americanos, propiciando el control del gobierno del ciclo vital de “sus ciudadanos-siervos”. No importa que hace unos meses este individuo, actual asesor de Obama, se escude diciendo que se trata de un libro que fue escrito hace décadas y que “no se ajusta a su ideología actual, ya más madura y consciente”. No importa, es una pista clara para “entender” los antiprincipios que rigen las guerras que están sucediendo, aparentemente por motivos que solo incumben a los países en los que se desarrollan.
Occidente se ha convertido en un experyo creador de paradigmas falsos, debates inducidos y conflictos escudo, que solo pretende, desatendiendo el número de víctimas, ocultar la verdadera naturaleza de sus intenciones. Sirva como ejemplo la creación, bajo la etiqueta de organización sin ánimo de lucro, de la National Endowment, financiada por la CIA para impulsar la Democracia e identificada por numerosos geoanalistas como elemento clave que facilitó la formación de los activistas que participaron en las "revoluciones árabes de primavera" en el Medio Oriente y África del Norte.
Si deseamos comenzar a entender qué hay detrás de conflictos inducidos, como la guerra actual en Siria, deberíamos empezar por leer un texto de 1991 del ex subsecretario de defensa P. Wolfowitz, también antiguo presidente del Banco Mundial, que comienza con una declaración, sobre la necesidad de "limpiar" los viejos regímenes clientes de la Unión Soviética (Siria, Irán e Irak). En él se esbozan los planes para el cambio de régimen sirio, que se remonta a 2002, así como el programa de capacitación del Departamento de Estado, iniciado en 2008 para capacitar a 5.000 activistas de Túnez, Egipto, Siria y el Líbano.
Y, para seguir, en esta fase inicial de intentar “comprender” el porqué de la guerra de Siria, deberíamos echar una ojeada a la imagen que aparece al final de este artículo, en la que aparecen las multinacionales con intereses económicos en que en Siria se produzca una masacre lo suficientemente sangriente como para que la entrada triunfal de los americanos sea aplaudida y vitoreada por el resto del mundo, engañados una vez más por las campañas mediáticas orquestadas por el imperialista eimplacable Tío Sam y aliados.
Enlace del artículo:http://lamoscaroja.wordpress.com/
RAJOY, RUBALCABA, RATO Y OTROS TRAFICANTES DE CIUDADANOS
lamoscaroja - 2012-07-17 18:50:35
Se han ido afirmando, poco a poco, con el paso cobarde de los cobardes.
Han ido tejiendo una urdimbre invisible en la que estamos, tú y yo atrapados, desde hace mucho. Tienen nombres, propios no porque designen a personas, incluso las cuestiones gramaticales se avergüenzan de ellos, sino porque les denominan, les identifican frente al resto: Rajoy, Rubalcaba, Rato... Son los tratantes de ciudadanos, cabezas de pandillas organizadas en organismos oficiales que trafican con hombres y mujeres, conmigo y contigo, sin piedad, abiertamente, micrófono en mano, escaño en el trasero, eslogan en ristre, pancarta enarbolada, conferencias de prensa y comunicados donde se evita, consciente y premeditadamente, comunicar.
Traficantes de ciudadanos. Goma de borrar para borrarnos, con corbata y trajes, más negros que los enviados ángeles negros que nos envían los cielos bondadosos que nos protegerán, como el Noé bíblico, del diluvio universal de la pobreza que los mismos traficantes de ciudadanos anuncian, tras haberla creado con su negra magia, capaz de sacar de la chistera de la abundancia una mentira que se extiende como una pandemia: el horror, el miedo, la desesperanza.
Nos dividen, somos una barata masa barata, en sectores cuadriculados sobre los que planifican sus disparos insolentemente eficaces, certeros, asesinos. Reflexionan y eligen el arma adecuada para cada uno de nuestros grupos, los que quedamos por debajo de sus pies enfundados en zapatos de tafilete, comprados con el dinero que nos han robado, con el trozo de vida y esfuerzo al que se prende cada euro que perdimos, ilusionados por sus espejismos de un estado de bienestar que, como en un tráiler motivador, emiten, mantra de mentiras, ante nuestras miradas.
A los mineros les tapan los ojos con la luz cegadora de negociaciones interminables, mentiras y promesas, y esperan, mientras se frotan las manos y fuman gruesos habanos con el presidente de la patronal de los mineros, que fallezca su esperanza, sus ánimos de lucha. Les tienden una mano falsa y esconden en la otra una verdad que les delataría: los tratantes de cuerpos y de almas, de nuestras vidas, pagarán, con nuestro dinero y no el suyo, más de sesenta mil millones de euros el rescate más falso del más falso secuestro, el de la putrefacta banca, pero ni uno de ellos sacara de su imaginario y mágico bolsillo sin fondo los 200 millones con los que las familias de los hombres que han dejado pulmones, años y cansancio en las minas al aire y las tristezas en pozos, los mineros, podrían parchear su lenta agonía. Tratantes de ciudadanos. Creadores de un tercer mundo en un mundo vendido como primero, como un escenario donde, mientras preparaban nuestra muerte, arreglaban un escenario de adosado con jardín, dos coches por familia, neveras no-frost, apartamentos en primera línea de playa, artificiales paraísos que caerían sepultados cuando ellos, los traficantes de ciudadanos, dieran la orden a la realidad sicaria. Traficantes.
A los funcionarios les colocan un espejo que desvirtúa su silueta y les deja sin rostro ante el resto de ciudadanos: arrojan basura sobre ellos, porcentajes de absentismo e ineficacia, calculados, aunque lo oculten, con la misma aritmética con la que no-predijeron la explosión de la burbuja inmobiliaria, con la que se equivocaron, ellos les llaman desvío o margen de error, al obtener el montante de ayuda necesaria para la salvación, la nuestra; la misma con la que empujaron al suicida griego a buscar el paraíso en la muerte con tal de abandonar el infierno de amanecer en un mundo sin horizonte; la misma con la que jugaban a maquillar y pintar con colorines, punto arriba, punto abajo, esa misteriosa veleta que parece regir nuestra existencia, el iva o el líbor, fichas de un parchís en el que juegan, ellos, quienes que trafican con nosotros, desde hace ya más de cuatro años. Con los funcionarios solo necesitan aplicar una estrategia en unos sencillos cuatro pasos: mostrar y difundir resultados pésimos de su trabajo, supuestamente hasta ahora “consentido”, legalizado y remunerado por ellos, por los tratantes ahora convertidos en salvadores y detectores de la basura, nosotros, que han de limpiar. Relacionar, después, el desastre del que los culpabilizan con cifras astronómicas (si son ciertas ¿cómo las han consentido hasta hoy?¿hacia dónde miraban ellos cuando esos funcionarios, malignos y extendidos como cucarachas infectas a quienes se ha de exterminar, de repente, ocupan sus puestos, según ellos, de no-trabajo?¿se atreven a permitir la insinuación de que han sido cómplices no solo de la mafia de la banca sino que, también, lo han sido de la mafia de sillón y almuerzos de una hora, según ellos, de los funcionarios que hoy desean aniquilar?. Recortar, su cuello, su bolsillo, su esperanza, tras haber creado en la opinión pública una imagen letal de quienes ellos nombraron, los funcionarios, para dividirnos, vencernos.
A los parados, leña, sin miedo, sin pensarlo, para eso son los enfermos crónicos de la pobreza y la desesperanza. A los parados, les dan un corredor de la muerte que culmina con la letra pequeña de las últimas medidas redactadas, y no dichas en público por los traficantes de ciudadanos, y les amenazan con acabar, lenta y sutilmente, con las pocas prestaciones que hasta hoy se prometieron, hasta que sus manos pobres se acercaron a las urnas para dejar caer, entre las rendijas de metacrilato, la golondrina carroñera del PP, el Poncio Pilates que se lava las manos sucias tras cada golpe de navaja que nos propicia.
Los traficantes de ciudadanos nos embrujaron, primero, con el abracadabra del falso estado del falso bienestar; nos asustaron, después, con la admonición de que habíamos superado la frontera permitida, de que habíamos vivido por encima “de nuestras posibilidades”, que eran las que ellos habían planificado; nos prometieron salvarnos si les dejábamos actuar (como si hubiésemos hecho algo distinto que dejarles actuar a su antojo); giran y giran, cada día, la media vuelta del garrote vil que nos sostiene en sus manos, mientras nos susurran que “este es el único camino”, “es por vuestro bien”, “lo lograremos sólo si..” y, entre ellos, siguen jugando su partida particular de dados ganadores. Seis doble: seleccionan un colectivo: pensionistas, enfermos, ancianos, funcionarios, mineros, a elegir y, por turnos, inventan y dictan medidas “racionales, adecuadas, calculadas, seleccionadas con miras a medio y largo plazo”, según su boca mentirosa, para aplicarlas a la casilla donde han caído. Parchís donde las fichas se comen, todas y una a una. Con un cinco doble, sacan ficha y anuncian las medidas. Medidas de un ataúd en el que ya casi no cabemos.
Traficantes de ciudadanos, cómplices de un magnicidio, muerte en masa de la pobre masa que no tiene un volvo ni veranea en chalets de lujo, de ciudadanos que, incluso para morir, se lo pensarán más de tres veces: morirse, después de septiembre, va a costarnos unos 450 euros más que ahora.
Traficantes legalizados de ciudadanos que ya nos damos, irremediablemente, por secuestrados, rescatados y muertos.
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Han ido tejiendo una urdimbre invisible en la que estamos, tú y yo atrapados, desde hace mucho. Tienen nombres, propios no porque designen a personas, incluso las cuestiones gramaticales se avergüenzan de ellos, sino porque les denominan, les identifican frente al resto: Rajoy, Rubalcaba, Rato... Son los tratantes de ciudadanos, cabezas de pandillas organizadas en organismos oficiales que trafican con hombres y mujeres, conmigo y contigo, sin piedad, abiertamente, micrófono en mano, escaño en el trasero, eslogan en ristre, pancarta enarbolada, conferencias de prensa y comunicados donde se evita, consciente y premeditadamente, comunicar.
Traficantes de ciudadanos. Goma de borrar para borrarnos, con corbata y trajes, más negros que los enviados ángeles negros que nos envían los cielos bondadosos que nos protegerán, como el Noé bíblico, del diluvio universal de la pobreza que los mismos traficantes de ciudadanos anuncian, tras haberla creado con su negra magia, capaz de sacar de la chistera de la abundancia una mentira que se extiende como una pandemia: el horror, el miedo, la desesperanza.
Nos dividen, somos una barata masa barata, en sectores cuadriculados sobre los que planifican sus disparos insolentemente eficaces, certeros, asesinos. Reflexionan y eligen el arma adecuada para cada uno de nuestros grupos, los que quedamos por debajo de sus pies enfundados en zapatos de tafilete, comprados con el dinero que nos han robado, con el trozo de vida y esfuerzo al que se prende cada euro que perdimos, ilusionados por sus espejismos de un estado de bienestar que, como en un tráiler motivador, emiten, mantra de mentiras, ante nuestras miradas.
A los mineros les tapan los ojos con la luz cegadora de negociaciones interminables, mentiras y promesas, y esperan, mientras se frotan las manos y fuman gruesos habanos con el presidente de la patronal de los mineros, que fallezca su esperanza, sus ánimos de lucha. Les tienden una mano falsa y esconden en la otra una verdad que les delataría: los tratantes de cuerpos y de almas, de nuestras vidas, pagarán, con nuestro dinero y no el suyo, más de sesenta mil millones de euros el rescate más falso del más falso secuestro, el de la putrefacta banca, pero ni uno de ellos sacara de su imaginario y mágico bolsillo sin fondo los 200 millones con los que las familias de los hombres que han dejado pulmones, años y cansancio en las minas al aire y las tristezas en pozos, los mineros, podrían parchear su lenta agonía. Tratantes de ciudadanos. Creadores de un tercer mundo en un mundo vendido como primero, como un escenario donde, mientras preparaban nuestra muerte, arreglaban un escenario de adosado con jardín, dos coches por familia, neveras no-frost, apartamentos en primera línea de playa, artificiales paraísos que caerían sepultados cuando ellos, los traficantes de ciudadanos, dieran la orden a la realidad sicaria. Traficantes.
A los funcionarios les colocan un espejo que desvirtúa su silueta y les deja sin rostro ante el resto de ciudadanos: arrojan basura sobre ellos, porcentajes de absentismo e ineficacia, calculados, aunque lo oculten, con la misma aritmética con la que no-predijeron la explosión de la burbuja inmobiliaria, con la que se equivocaron, ellos les llaman desvío o margen de error, al obtener el montante de ayuda necesaria para la salvación, la nuestra; la misma con la que empujaron al suicida griego a buscar el paraíso en la muerte con tal de abandonar el infierno de amanecer en un mundo sin horizonte; la misma con la que jugaban a maquillar y pintar con colorines, punto arriba, punto abajo, esa misteriosa veleta que parece regir nuestra existencia, el iva o el líbor, fichas de un parchís en el que juegan, ellos, quienes que trafican con nosotros, desde hace ya más de cuatro años. Con los funcionarios solo necesitan aplicar una estrategia en unos sencillos cuatro pasos: mostrar y difundir resultados pésimos de su trabajo, supuestamente hasta ahora “consentido”, legalizado y remunerado por ellos, por los tratantes ahora convertidos en salvadores y detectores de la basura, nosotros, que han de limpiar. Relacionar, después, el desastre del que los culpabilizan con cifras astronómicas (si son ciertas ¿cómo las han consentido hasta hoy?¿hacia dónde miraban ellos cuando esos funcionarios, malignos y extendidos como cucarachas infectas a quienes se ha de exterminar, de repente, ocupan sus puestos, según ellos, de no-trabajo?¿se atreven a permitir la insinuación de que han sido cómplices no solo de la mafia de la banca sino que, también, lo han sido de la mafia de sillón y almuerzos de una hora, según ellos, de los funcionarios que hoy desean aniquilar?. Recortar, su cuello, su bolsillo, su esperanza, tras haber creado en la opinión pública una imagen letal de quienes ellos nombraron, los funcionarios, para dividirnos, vencernos.
A los parados, leña, sin miedo, sin pensarlo, para eso son los enfermos crónicos de la pobreza y la desesperanza. A los parados, les dan un corredor de la muerte que culmina con la letra pequeña de las últimas medidas redactadas, y no dichas en público por los traficantes de ciudadanos, y les amenazan con acabar, lenta y sutilmente, con las pocas prestaciones que hasta hoy se prometieron, hasta que sus manos pobres se acercaron a las urnas para dejar caer, entre las rendijas de metacrilato, la golondrina carroñera del PP, el Poncio Pilates que se lava las manos sucias tras cada golpe de navaja que nos propicia.
Los traficantes de ciudadanos nos embrujaron, primero, con el abracadabra del falso estado del falso bienestar; nos asustaron, después, con la admonición de que habíamos superado la frontera permitida, de que habíamos vivido por encima “de nuestras posibilidades”, que eran las que ellos habían planificado; nos prometieron salvarnos si les dejábamos actuar (como si hubiésemos hecho algo distinto que dejarles actuar a su antojo); giran y giran, cada día, la media vuelta del garrote vil que nos sostiene en sus manos, mientras nos susurran que “este es el único camino”, “es por vuestro bien”, “lo lograremos sólo si..” y, entre ellos, siguen jugando su partida particular de dados ganadores. Seis doble: seleccionan un colectivo: pensionistas, enfermos, ancianos, funcionarios, mineros, a elegir y, por turnos, inventan y dictan medidas “racionales, adecuadas, calculadas, seleccionadas con miras a medio y largo plazo”, según su boca mentirosa, para aplicarlas a la casilla donde han caído. Parchís donde las fichas se comen, todas y una a una. Con un cinco doble, sacan ficha y anuncian las medidas. Medidas de un ataúd en el que ya casi no cabemos.
Traficantes de ciudadanos, cómplices de un magnicidio, muerte en masa de la pobre masa que no tiene un volvo ni veranea en chalets de lujo, de ciudadanos que, incluso para morir, se lo pensarán más de tres veces: morirse, después de septiembre, va a costarnos unos 450 euros más que ahora.
Traficantes legalizados de ciudadanos que ya nos damos, irremediablemente, por secuestrados, rescatados y muertos.
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Los verdaderos capos de la mafia del carbón
lamoscaroja - 2012-07-11 08:09:53
Las mafias tienen una jerarquía que también se reproduce en la organización mafiosa que se esconde tras el conflicto del carbón. Las familias sicilianas tenían un jefe, il Capo; un Capo di tutti capi, el jefe de todos los jefes; un jefe menor, el Sotto Capo; un Caporegime, un jefe de regimiento; el jefe de una decena de hombres, el Capodecine; soldati, soldados mayores; Picciotti, soldados menores; diversos amigos de honor o asociados, Giovane d’Honore; realizaban negocios, Cosa Nostra; utilizaban la Omerta, la ley del silencio; celebraban Cupuli, reuniones de diferentes familias y se dejaban asesorar por el Consigliere para organizar negocios limpios con los que obtener tapaderas legales, Cosa Nuova, que les permitían actuar. Nada se asemeja más a lo que ha estado sucediendo con la industria del carbón que esta estructura mafiosa, encabezada, no nos engañemos, por tres diferentes Capos:
1. El gobierno anterior, presidido por Zapatero, que inició unas negociaciones para obtener las ayudas europeas a la minería, sin realizar estudios ni intentos serios de mantenimiento del trabajo de los muchos trabajadores y familias que viven del carbón;
2. El gobierno actual, empeñado, a golpe de porra policiaca, en acallar la marcha negra y las reivindicaciones de un sector que, en el fondo, podría ser cualquiera de los sectores en los que cualquiera de nosotros trabajamos, excepto la banca, por supuesto. El PP también ha sido y es un capo consentidor de irregularidades, ilegalidades y favores realizados a ciertas empresas del sector del carbón que no afectan a los mineros, que siguen siendo los únicos explotados, sino que benefician a otros capos, con nombres y apellidos, entre ellos, y de manera especial, al presidente de la Patronal Minera, Victorino Alonso, llamado también el cazador o Il Padrino.
3. Los sindicatos, parte de ellos, organizaciones que en su día creyeron en la defensa de la minería y los mineros, pero que actualmente, cuando la asfixia atenaza a sus representados, no encuentran fácilmente salidas al conflicto, enarbolan la bandera de negociaciones interminables que no buscan evitar el paro de los mineros, su muerte lenta, sino asegurarse, cacareando, que la opinión pública cree su canción, y no se pregunta si no será que en estos momentos su función social no se justifica o ha de reinventarse. Hay sindicoladrones también. No se libran. Cargos sindicales, sindicalistas, liberados y puestos a dedo, a los que no les importa, al menos durante años lo han demostrado, qué va a suceder con una industria sobre la que se dice, sin explicar toda la verdad sobre su rentabilidad y su papel, que ha de desaparecer con un planteamiento de transición planificado según las directrices europeas. Europa, y sus directrices, interesan cuando interesan como escudo.
1. El gobierno anterior, presidido por Zapatero, que inició unas negociaciones para obtener las ayudas europeas a la minería, sin realizar estudios ni intentos serios de mantenimiento del trabajo de los muchos trabajadores y familias que viven del carbón;
2. El gobierno actual, empeñado, a golpe de porra policiaca, en acallar la marcha negra y las reivindicaciones de un sector que, en el fondo, podría ser cualquiera de los sectores en los que cualquiera de nosotros trabajamos, excepto la banca, por supuesto. El PP también ha sido y es un capo consentidor de irregularidades, ilegalidades y favores realizados a ciertas empresas del sector del carbón que no afectan a los mineros, que siguen siendo los únicos explotados, sino que benefician a otros capos, con nombres y apellidos, entre ellos, y de manera especial, al presidente de la Patronal Minera, Victorino Alonso, llamado también el cazador o Il Padrino.
3. Los sindicatos, parte de ellos, organizaciones que en su día creyeron en la defensa de la minería y los mineros, pero que actualmente, cuando la asfixia atenaza a sus representados, no encuentran fácilmente salidas al conflicto, enarbolan la bandera de negociaciones interminables que no buscan evitar el paro de los mineros, su muerte lenta, sino asegurarse, cacareando, que la opinión pública cree su canción, y no se pregunta si no será que en estos momentos su función social no se justifica o ha de reinventarse. Hay sindicoladrones también. No se libran. Cargos sindicales, sindicalistas, liberados y puestos a dedo, a los que no les importa, al menos durante años lo han demostrado, qué va a suceder con una industria sobre la que se dice, sin explicar toda la verdad sobre su rentabilidad y su papel, que ha de desaparecer con un planteamiento de transición planificado según las directrices europeas. Europa, y sus directrices, interesan cuando interesan como escudo.
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