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Bitácora de Manuko en libreXpresion.org

El escalón más alto que puede alcanzar la especie humana es ser revolucionario (Ernesto Guevara)

Lo intuíamos. Intuíamos todo eso. Incluso sabíamos cosas. Sabíamos como iba a llegar esta situación. Intuíamos cuestiones que hoy día se airean.

Intuíamos que la infan-tonta era tonta. Que la infan-lista no era tan lista. Que sus maridos eran unos jetas cuyos títulos y medallas no les hacían honorables. Que nunca debieron estar ahí, chupando del bote. Que las cosas que hacía el Rey no eran para nada campechanas, aunque si bastante garrulas. Que el actual Presidente del Gobierno mentía y miente cada vez que abre la boca, y que le damos igual. Etcétera.

Que la crisis iba a llegar, eso lo sabíamos. Vimos crecer edificios alrededor, incluso a veces de una forma tan esperpéntica que saltaban lágrimas al ver el desfalco al medio ambiente y a la población en general. En donde vivía con mis padres, podía ver grandes campos prácticamente abandonados del borde de Madrid, donde ahora se encuentra el Ensanche de Vallecas, al cual vi crecer. Reconozco que la congoja no me afectó hasta llegado un momento dado al cruzar en tren desde Barcelona a Alicante hace unos años. Al pasar por Benidorm, viendo el panorama, se me calló el alma al suelo. Allí se quedó, en el tren, viajando de momento por el levante. Al menos hasta que cierren la linea y se quede quieta, esperando que destruyan aquel Talgo.

Al principio del boom nos decían que así bajaban los precios y se creaban puestos de trabajo. Recuerdo ir con mi hermano en su cochazo de lujo diciéndole cosas como "Esto se va a acabar. La burbuja va a estallar antes o después, y la hostia va a ser bien gorda. Durará años". Al final, hemos acabado como en uno de esos dramas que impone el poder del capital, uno de esos que podemos encontrar en obras tanto de Dostoievsky como de Steinbeck, por citar dos de los que más me impactaron en su momento. Es ver gente empobrecida, endeudada o desalojada, y a mi me vienen a la cabeza tanto decimonónicos profesores marginales rusos que terminan matando viejas, como locos bipolares que van de ricos, o granjas enteras vacías e invadidas por la vegetación salvaje en la Oklahoma de la gran depresión del siglo XX. Y aún, a veces todo parece mucho peor, pero el mensaje de la culpabilidad de uno mismo por regodearse en la miseria - algo así sugieren - son más o menos los mismos. Lo sabíamos, y no haberlo sabido es desconocer la propia historia de uno mismo.

Hace unos días me sorprendió la afirmación de Pablo Iglesias, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense, de que cobra 900€ al mes. Al rato, me encontré discutiendo por el sueldo de los cirujanos. El que me conoce sabe que me cuesta hacerme entender: me cuesta llegar a la formulación correcta de la conclusión lógica a la que haya llegado. Hasta que se disipa la rabia (sobretodo contra mi mismo) y me llega la epifanía. Lo solté: "Un cirujano no cobra mucho: somos el resto los que cobramos poco".

Los rebeldes que pensamos parecido terminamos desconfiando unos de otros, y peleándonos por pequeñas cosas. Al fin y al cabo, somos hijos de la sospecha. Y cuando sospechamos, sospechamos de todo. Esto nos permite una cosa: tener una conciencia crítica que hace nuestra visión del mundo mucho más amplia que la de aquellos que jamás sospecharon nada. A su vez, da pie a que no nos pongamos nunca de acuerdo. Siempre ha sido así. Y entre eso y que ya sabíamos lo que venía (aunque nunca cómo acabará lo que venía: el caos tiene sus cosas), ocurre que hoy libreXpresion está más callada que nunca. Ocurre lo mismo con el resto de medios alternativos en Internet: últimamente, encuentras casi la misma información en ellos que en los teletipos de las agencias. ¿Y qué podemos decir? Pues poco más que aquella afirmación interrogativa de Julio Anguita de hace no muchos años: ¿Y ahora qué, hijos de puta?

Quizá hay que redescubrir. Quizá hay que volver a leer. Y así es: me obligo a leer últimamente, después de un par de años en los que tan solo habré leido unos 5 o 6 libros, ante la evidencia de que estoy perdiendo facultades de concentración: de un tiempo hasta hace unas semanas, rara vez acababa de leer un artículo completo en la prensa. Dicen por ahí que es culpa de las redes sociales, del microblogging de ocurrencias estúpidas, y de la inmediatez de la información, o como yo digo, del ruido. Tanto que habiendo podido hace años leer un texto de 700 páginas en una sola noche, ahora leer 40 páginas del tirón hace que vuelva a sentirme orgulloso de mi mismo. No me extraña, si bien asusta, esta situación intelectual a nivel social: recuerdo haber leído, en el instituto, una carta de Nietzsche a no recuerdo qué amigo en la que comentaba como influyó en él mismo la primera máquina de escribir que tuvo, como su estilo narrativo se había alterado radicalmente. Nada nuevo bajo el sol, vaya: lógicamente, la inmediatez de la información y los textos de 200 caracteres idiotizan a la gente. Da pie a que todos opinen de todo sin saber bien de lo que hablan, y el despropósito en mensaje corto se convierte en el estilo narrativo más extendido. Asusta, pues nos convierte en más vulnerables que nunca.

Leí Las Uvas de la Ira hace unos cuantos años. En aquella época, solía alternar entre ensayo y novela: recuerdo que justo antes de empezar con Steinbeck, conseguí entender la necesidad de la fundamentación del materialismo dialéctico después de leer - todo sea dicho: dos veces seguidas - La Sagrada Familia de Marx y Engels. Desde entonces no he vuelto a leer nada de Steinbeck hasta ahora, que he empezado Al Este del Edén. Fue ayer, un día de esos que en un momento dado te viene un bajón al ser consciente de la miseria que nos invade y de lo incierto del futuro. Antes de empezar el libro, comenté algo así como "No sé si ponerme a leerlo: no sé si tengo ganas de leer un texto que habla de pobres más pobres que nosotros, pero aún con propiedades de tierra". Y fue empezar a leer y darme cuenta de que no podía tener más razón con mi sospecha: la familia Hamiltón llega a California y consigue, con su sola presencia, que les entreguen tierras. Pauperrimas tierras, pero tierras. Y cruzan automáticamente por mi cabeza pensamientos de indiferencia hacia las nuevas tecnologías: caigo en la cuenta de que hoy día me dan exactamente igual tabletas táctiles, teléfonos móviles, ordenadores, o cables, y que ansío el establecimiento de una nueva reforma agraria. ¡Lo que daría por diez acres de tierra, meras cuatro hectáreas, y poder aprender a labrarlas!

Ocurre que empiezo de nuevo con Steinbeck después de haber acabado de releer la interpretación en historieta gráfica del Genesis bíblico de Robert Crumb, una historia mitológica sobre los inicios de la ganadería y el fin del equilibrio entre matriarcado y patriarcado, cuando empiezan a establecerse las primeras sociedades militaristas (si, al parecer de eso va el Genesis bíblico: lo de la creación del mundo por un Dios y demás zarandajas no tiene mas que una explicación en base a la necesidad de todos los seres humanos de una cosmogonía). Viviendo en un pueblo de ovejas, como vivo hoy, ¡lo que daría por apacentar un ganado! (aclaro que lo digo literalmente, no con sugerencias eufemisticas sobre personas pastoreadas).

El mismo mensaje puede tener dos vertientes: la que lo cuenta en plan "a que mola" y a que lo cuenta en plan "puta mierda". Es muy duro labrar la tierra. Es muy duro apacentar un ganado. Y sin embargo, hablando hace semanas, de nuevo, con mi hermano, le decía "pretenden que seamos un puto diente de un engranaje de una gran máquina ideada para esclavizarnos". Al día siguiente escuchaba en televisión "todos somos importantes y necesarios en los engranajes que hacen funcionar la maquinaria de la que formamos parte". Motivate: somos importantes y necesarios... ¿A que mola? Pues para mi es una puta mierda. Y además mentira: obviamente, a esa maquinaria le sobra la gente. Si acaso, necesita pilas, y como en Matrix, nosotros somos las pilas. Si no, no estaríamos donde estamos.

Caemos entonces en la posibilidad de acabar como en una especie de conflicto entre La Peste y El Extranjero de Camus: sin entender la necesidad de la realidad misma, ni de la vida misma, y aceptando nuestra condena, pero con un impulso interno de querer sobrevivir y organizarse para deshacernos de los bubones y evitar que todos acabemos pustulentos. Mientras tanto, la epidemia - el paro, el hambre, la miseria - continúa y se extiende, la esperanza de la cura nunca deja de ser un alegre brindis al sol, y los afectados cada vez contamos menos.

Hay quien sigue repitiendo datos y hechos bajo la tesis de que los datos y los hechos siempre son objetivos. Olvidan que así es, son objetivos, pero solo hasta que alguien los cuenta. ¿Y entonces qué, hijos de puta?

Y encima Aznar...

Manuko - 2013-05-23 14:25:35
¿Estudias? ¿Trabajas? ¿Te compraste una casa, o alquilas? ¿Tienes un buen puesto de trabajo? ¿Un sueldo suficiente? ¿Es razonable el precio de la matricula que pagaste? ¿Te parece que tienes seguridad para el futuro?

¿Qué tal está eso de que al dar una beca de estudios (con fondos públicos) se valore igual conocer el Padre Nuestro que el Teorema de Arquímedes? ¿Conoces a alguien que no haya podido pagar su hipoteca y está en riesgo de que le echen de su casa? ¿Alguien que trabaja por objetivos arbitrarios y si no los cumple se quedará sin empleo inexorablemente? ¿Algún conocido que lleve mucho sin trabajo y sin recursos, o alguien que vaya a quedarse sin prestación por desempleo en los próximos meses?

¿Te ha llegado alguna factura desorbitada por un servicio básico? Más aún: ¿Te han hecho pagar facturas por servicios que jamás recibiste (piénsalo bien)?

¿Alguien que tuvo que abortar por medios institucionales, y por sus propios motivos, sería delincuente si se plantease hacerlo en el futuro? ¿No te ha pasado que algún familiar mayor ha visto como le bajan la pensión a base de subirle el precio de un medicamento sin el cual seguramente no podría vivir? ¿Has visto como tanto a esos como a ti os han bajado el sueldo subiendo dos veces el IVA en menos de 3 años? ¿Conoces a alguien a quien le haya bajado el sueldo neto y cobre ahora lo mismo, o menos, de lo que cobraba hace doce años?

¿Tienes algún problema para hacer frente a una economía tan insegura y poco planificada desde el punto de vista social como la que tenemos, en la que los ricos, cada vez menos personas y más empresas, son día a día más ricos, y los pobres, cada vez menos empresas y más personas, son más pobres?

¿Te escandaliza como, mientras las clases pobres se convierten en precarias, y las clases medias se convierten en pobres, aquellos que viven de engañar a los demás para vivir del trabajo de otros no solo dominan ideológicamente el panorama mediático, sino que además intentan enmarañar la información para adornar la estafa que hay en el origen de esos ingresos?

Pues no te lo pierdas: encima, Aznar, en pleno cumplimiento de lo que él entiende como sus responsabilidades hacia su partido y su país, se dedica a convertirse en tema de conversación en las cabeceras del periodismo "oficial" (el así entendido como "periodismo" por si mismo).

Se lo preguntan en internet, se lo preguntan en los periódicos de siempre, se lo preguntan en la televisión: ¿por qué ahora el señor Aznar hace eso? ¿Será que vuelve? ¿Será que quiere purgarse por nombrar tan nefasto sucesor? ¿Es acaso que pretende alzar la voz defendiendo a su familia? ¿Tan mal está el país que hasta este zote lo ve, o es simplemente un ególatra? ¿Se aburría en su casa? ¿O es que no le gusta que hablen del Madrid ahora que se va Mourinho y el Barça ha ganado la liga?

Yo es que siempre soy más de fijarme en lo que ocurre en el fondo. Estos días (los de esta semana) ya no hay desahucios, ni mareas verdes, blancas o rojas, ni quincemes, ni deficits, ni primas de riesgos, ni preferentes. De momento, por no haber, no hay ni mariasdecospedales diciendo gilipolleces, ni amnistías fiscales. Ahora hay, diez años después, aznaradas y su complemento de continuidad en el tiempo: las silenciosas barcenadas, que nos dicen, en conjunto, que para en el PP cualquier tiempo pasado fue mejor y que ahora se apañan con lo justo...

Rajoy puede, al fin, sonreír feliz cuando le pregunten por Aznar. Ya no tiene que esconderse de preguntas sobre la precaria situación social y económica de España, e incluso puede hacer chanza sobre la cantidad de veces que le preguntan por aquel que gobernó España cuando se finiquitó todo viso de ese país que una vez pudo crear riqueza mediante un sistema productivo real enfocado al mercado interno que ampliase las oportunidades para todos, pero prefirió darle coba al circo, la pandereta, la construcción exorbitada, los servicios que se pagan pero nunca se reciben, el sol, y la playa. Un país donde bien puede darse la paradoja del desempleado al que pretenden contratar para cobrar deudas en una empresa con la que él mismo tiene deudas: le pagarían por decirse a si mismo que tiene que pagar, y con lo que le pagaran, tendría para quitarse la deuda. La estupidez de tal simple planteamiento define, para mi con todo lujo de detalles (no va más lejos, no es más trascendental ni complicado), la realidad social, política y económica de este país.

Y encima, Aznar es la cizaña localizable, el enemigo público del PP. Y yo voy y me río (por no llorar...). De hecho me descojono (por no deshidratarme de pura rabia).

Pero no se preocupen: esto seguramente no acabe aquí. Antes o después, en lugar de hablar de lo que realmente preocupa, puede que incluso planteen que hay una gran crisis en el periodismo, o en la política institucional, y entonces el tema, en lugar de ser los problemas prioritarios de la sociedad, sean esos otros problemas que, en el fondo, no dejan de ser tan cruciales como secundarios.
Hace días - quizá semanas - que quería volver a abrirme al resto para hablar, en esta ocasión, del ruido. Pero no del ruido como algo molesto - que lo es -, o como algo que opaca o interfiere en comunicaciones - también lo es -, sino como resultado del caos resultante de la infinidad de información.

No me refiero a un análisis desde la ontología del ruido, sino tratado desde el punto de vista social. Lo cual no es fácil: precisamente tanto ruido hace difícil aclarar conceptos.

Y sin saber como tratarlo, me topo con Black Mirror, una impactante serie de televisión británica cuya primera temporada, sinceramente, me ha parecido sublime. Y pienso: "Ya está, ya lo tengo: voy a generar una gran cantidad de ruido con esa tesis del ruido, cruzándola con comentarios sobre la serie". He aquí el resultado...

Para quien no haya visto esta serie, evitaré lo más posible comentarios sobre las tramas (seguramente alguno dejaré escapar, y en ese extremo, intentaré que no sea mucho, pero sin cortarme del todo). Ineludible es, sin embargo, hacer alguna referencia hacia cuál es su planteamiento: cada capítulo tiene nada que ver con el resto, siendo cada cual una historia independiente en realidades alternativas. No obstante, comparten una motivación: la paranoia radical sobre los modos de socialización y conceptualización de la realidad en el mundo "moderno". Una tecno-paranoia similar a la planteada en algunos capítulos de aquella serie ochentera llamada "Más allá del límite". O, como planteaba Channel 4 resumiendo la emisión del primer capítulo, "una parábola retorcida en la era de Twitter" (tal y como aparece en Wikipedia).

Hace meses que me hablaron de ella, y por unas o por otras, el recomendador aprovechó que tenía un pendrive mio para encasquetarme los tres capítulos de la primera temporada. Ayer pude verlos. Y en el fondo mi impresión es similar a la que me sobreviene con otras obras televisivas o cinematográficas que hacen una reflexión paranoica radical sobre la realidad: esa realidad, la que vivimos, supera a la ficción.

Callo y callo, y no hay otra cosa que no sea ruido a mi alrededor. Formalizo ideas, categorizo conceptos, y al transmitirlos genero más ruido. Y nada cambia, nada adapto en mi entorno. Otros adaptan este mundo a su interés, y con el mundo, a mi mismo.

Decir todo ello no es otra cosa mas que generar ruido. Partimos de la tesis de lo necesario que es transmitir lo que pensamos. Tenemos que hablar, comunicarnos. Y respetar a otros. No juzgar, y así no ser juzgados. O juzgar y recibir el juicio de otros, dispuestos a ello, dejándonos impregnar. ¿O no? ¿O si? ¿O qué? Da igual. ¿Importa?

Creamos modelos de negocio basados en ese ruido. Y buscamos el apoyo de otros no en base a lo que pensamos, sino en base a lo que piensan esos otros. Buscamos su simpatía. Creamos la oferta para su demanda. Exactamente como hace Black Mirror: aprovechar el punto de tecnofobia que muchos tienen en alza, y tranquilizarnos, a la par, con la previsión de males peores, y la socialización del mal de muchos.

Estamos mal. Muy mal. Los exiguos beneficios de mis dos últimos empleos salían, exclusivamente, de valores crecientes en una pantalla de ordenador: actividades financieras de bancos corruptores, y plusvalías virtuales de propiedades intelectuales. ¿Tejido productivo? Cero. Y no porque no lo prefiera: es que por el tejido productivo presente, no hay beneficios suficientes como para pagar un alquiler. Solo lo hay en lo incierto. En lo no-real. En lo absurdo. En la eficacia y eficiencia mal entendidas de dinamizar lo subjetivo.

Leía hace unos días, perdido tontamente en el ruido, cosas como que la derecha en España está fatal, con un Dios tambaleante cuyo vicario se retira, una Patria tocada en su gobierno por cortinas de humo secesionistas, casos de corrupción que avergonzarían y harían retirarse a cualquier gobernante de otra parte, y el mayor déficit público de la historia reciente (14% del PIB, según resumía Ignacio Escolar hace no mucho), y un Rey con amante charlatana, ex-yerno politoxicómano, y un aún-yerno que está dejando a tiro de piedra de algún juez con agallas el aireo de los trapicheos monárquicos.

Y en esta situación de Dios, Patria y Rey tocados, no hay quien los hunda: la izquierda no tiene absolutamente ningún poder y solo puede aspirar a competir por los titulares con esas otras derechas que surgen, las atrapatodo. Ni con esas sirve de nada: la derecha sabe controlar los tiempos (los imponen ellos), y antes o después volverán con su propaganda a ganar simpatías, a ofrecerle al público lo que el público demanda. Quizá Rajoy se folle a un cerdo para ser TrendingTopic y ganar simpatías ante un falso secuestro de Leonor de Borbón y Ortiz.

Solo podemos aspirar a integrarnos en el mundo "moderno", el de la ficción, la irrealidad virtual, y el mundo controlado por un genio maligno de Descartes, o desaparecer. Es la tesis pesimista, claro.

La tesis optimista no es mejor: ya estamos desaparecidos. Hemos desaparecido en el ruido. Vivir, para un humano, es perderse en la multitud: desaparecer en el ruido. Y si vivir es bueno, desaparecer también. Y el ruido también.

Desaparecer o desaparecer. Esa es la tesis de Black Mirror. Esa es la realidad misma, y ante esa realidad, esa verdad incorruptible que solo asusta a los necios y les hace volverse pasivos, entusiastas, o agresivos.

He ahí la inutilidad, cobardía, absurdez e insignificancia del suicidio, que en estos tiempos está en boca de tantos para culpar a otros de lo hecho por uno mismo para si mismo. Es el espectáculo, el sentir que hace que nos sintamos sintientes, y por lo tanto que hay algo de eso que otros llaman "alma" dentro de nosotros.

Algunos verán en estas palabras una locura lúcida. Otros, una locura a secas. Quizá otros vean razón y lógica incorruptibles.

En el fondo es solo ruido.

Respeto el derecho al olvido, ya que el ruido favorece ese olvido. Y por otra parte, espero que jamás me den un programa de televisión para hablar de estas cosas: como en Network: Un mundo implacable, seguramente me integraría más que nunca en el sistema, y diría todo esto y más sosteniendo un cristal afilado en mi propio cuello, tranquilizando a las masas que buscasen este tipo de escapatoria: ese que confirma la sospecha que uno tiene y permite que todos puedan seguir ocupándose en la no-realidad cotidiana. Aunque no me matarían: la cuerda nunca se tensa tanto, y si pueden explotarte y meterte en una celda más grande, ¿para qué se van a deshacer de ti?
El titular lo dice todo: lo llaman destitución, acusan al presidente de la muerte de varias personas en un enfrentamiento entre paramilitares infiltrados en una manifestación de campesinos y las fuerzas de seguridad del Estado, y ponen en su lugar a Federico Franco, vicepresidente hasta la fecha, y que nunca fue elegido por las urnas para el cargo de Presidente - aunque si para vicepresidente -. Por cierto, curioso apellido para un dictador.

Fernando Lugo es un obispo católico inscrito de hecho en el difuso polo bolivariano de las Américas (también llamado en algunos casos Socialismo del siglo XXI), representado por las políticas estatistas de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, o Argentina. Podemos ver el testimonio, la paciencia, y el pacifismo de Fernando Lugo, sin ir más lejos, en la película Al Sur de la Frontera de Oliver Stone, en la que el director cinematográfico entrevista al obispo-presidente ahora destituido por golpe legislativo.

Las muertes de la que acusan a Lugo de ser responsable tuvieron lugar en una manifestación de campesinos, arrastrados por la patronal de terratenientes a la movilización, en la que parte de los manifestantes se enfrentaron con violencia extrema a la policía, provocando varias muertes entre los policías y otras tantas entre los campesinos. Ese enfrentamiento ha sido la excusa para que los dos grandes partidos del Senado decidieran realizar un juicio político exprés al presidente, y quitarselo de encima.

La situación es horrendamente viciada: un juicio político (impeachment en inglés) es un juicio en base a la Constitución, que se realiza a través de largas comisiones parlamentarias. El último impeachment que recuerdo fue a Bill Clinton, que duró más de un año, por el caso de Monica Lewinsky, que desdijo a Clinton, haciendo que el fiscal le acusara de abuso de poder, obstrucción a la justicia y perjurio. Más de un año, no 24 horas y mientras el Gobierno aún está recavando pruebas sobre la acusación contra el Presidente.

Contemos: Venezuela 2002 (destitución del Presidente por fuerzas militares, y restitución por voluntad popular en las calles), Bolivia 2008 (evitado golpe de Estado en preparación de atentados contra el Presidente en el Hotel Las Américas en Santa Cruz de La Sierra), Honduras 2009 (expulsión del Presidente e imposición de un gobierno dictatorial neoliberal), Ecuador 2010 (evitado Golpe de Estado después de retención del Presidente en un hospital policial/militar por parte de policías sublevados), y ahora Paraguay en 2012 (consumado de nuevo). Supongo que los capitalistas lo verán como 3-2.

Desde aquí, a mi me parece una desgracia y una injusticia.


AudioviSol (la comisión de audiovisual de Sol) presenta este reportaje del encierro de mineros en el Pozo Candín, en Langreo.

Está previsto que la explotación del yacimiento de Carbón se cierre a partir de 2013, dando por finalizada la obra de todos sus trabajadores, a los cuales no se les plantea ninguna alternativa de cara al futuro. Por eso, protestan.

El Pozo Candín ha sido la localización de varios de los disturbios ocurridos estos días con la Policía Nacional, que incluso pretendió invadir el pozo ilegalmente para expulsar a los mineros. No lo consiguieron.

Por cierto, en otro orden de cosas, ayer se presentó TomalaTele.tv.
 

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