Login

Remember me

New Users
ovidiu Hiltony Villa Dangond TorrellesBcn Matrix parker10
Connected Users
Anónimo
 

Cleavage económico: Capital vs. Trabajo

Manuko - 2009-04-02 16:16:55
Falso cleavage. Si ya al hablar del individuo se comentó el derecho a la pereza y a Paul Lafargue, debe recordarse de nuevo esta obra que, desde el marxismo, ataca lo más perpetuado por todas las ideologías presentes hoy: el derecho al trabajo. No era la primera vez: Lafargue ya atacó años antes, en un borrador previo, el Derecho al Trabajo. El borrador se llamo, ni más ni menos, "Refutación del derecho al trabajo". El primer Capitulo, "Un dogma desastroso", afirma en su comienzo:


Una extraña pasión invade a las clases obreras de los países en que reina la civilización capitalista; una pasión que en la sociedad moderna tiene por consecuencia las miserias individuales y sociales que desde hace dos siglos torturan a la triste Humanidad. Esa pasión es el amor al trabajo, el furibundo frenesí del trabajo, llevado hasta el agotamiento de las fuerzas vitales del individuo y su progenitura.


En vez de reaccionar contra esta aberración mental, los curas, los economistas y los moralistas han sacrosantificado el trabajo.


Hombres ciegos y de limitada inteligencia han querido ser más sabios que su Dios; hombres débiles y despreciables, han querido rehabilita lo que su Dios había maldecido.


Yo, que afirmo no ser cristiano, ni economista, ni moralista, apelo a lo que en su juicio hay de Dios; a los sermones de su moral religiosa, económica, librepensadora, a las espantosas consecuencias del trabajo en la sociedad capitalista.


En la sociedad capitalista, el trabajo es la causa de toda degeneración intelectual, de toda deformación orgánica."



En el capitulo 2, "Bendiciones del trabajo", añade:


Los filántropos llaman bienhechores de la Humanidad a los que, para enriquecerse sin trabajar, dan trabajo a los pobres. Más valdría sembrar la peste o envenenar las aguas que erigir una fábrica en medio de una población rural.


Introducid el trabajo fabril, y adiós alegrías, salud, libertad; adiós todo lo que hace bella la vida y digna de ser vivida.


Y los economistas no se cansan de repetir a los obreros: "¡Trabajad, trabajad para aumentar la fortuna social!" Es, sin embargo, un economista, Destut de Tracy, quien les contesta:


"Las naciones pobres son aquellas en que el pueblo vive con comodidad; las naciones ricas son aquellas en que, por lo regular, vive en la estrechez."


A lo que su discípulo Cherbuliez añade:


"Los trabajadores, al cooperar con la acumulación de capitales productivos, contribuyen por sí mismos al acontecimiento que, tarde o temprano, deberá privarles de una parte de sus salarios"


(...)


Trabajad, trabajad, proletarios, para aumentar la fortuna social y vuestras miserias individuales; trabajad, trabajad para que, haciéndoos cada vez más pobres, tengáis más razón de trabajar y de ser miserables. Tal es la ley inexorable de la producción capitalista.



En fin, ¿se puede añadir algo más? Si, se puede: en los días de crisis capitalista, cuando acontece uno de esos periodos en los que se habla de "recesión", mientras los dueños del capital llaman a la desregulación del despido para tener más seguridad a la hora de contratar personal, lo cual es absurdo, los trabajadores reivindican su derecho al trabajo... con huelgas. Los segundos acusan a los primeros de decir estupideces, y los primeros a los segundos de perezosos. ¿Perezosos? ¿Y qué?


El tercer capitulo de El Derecho a la Pereza, "Efectos del exceso de producción", nos dice:


Como la clase trabajadora, en su ingenuidad y buena fe, se ha dejado adoctrinar, y se ha arrojado ciegamente, con su impetuosidad nativa, al trabajo y a la abstinencia, la clase capitalista se ve contenada a la pereza y al goce forzado, a la improductividad y al sobreconsumo. Pero si el sobretrabajo del proletariado aniquila su carne y atenaza sus nervios, el exceso de consumo no es menos fecundo en sufrimientos para el burgués.


(...)


Para cumplir con su doble misión social de improductora y de sobreconsumidora, la burguesía no sólo tiene que violentar sus gustos modestos, perder sus costumbres laboriosas de hace dos siglos, y darse al lujo desenfrenado, a las indigestiones trufadas y a las disoluciones sifilíticas, sino que tiene que sustraer al trabajo productivo una masa enorme de hombres, para procurarse ayuda.


(...)


Precisamente entonces, sin tener en cuenta la desmoralización que, como un deber social, habíase impuesto la burguesía, los proletarios se pusieron en la cabeza la idea de imponer el trabajo a los capitalistas. ¡Ingenuos! Tomaron en serio la teoría de los economistas y los moralistas sobre el trabajo, y se obstinaron en llevarla a la práctica, imponiéndola a los capitalistas. El proletariado enarboló la divisa: El que no trabaje, que no coma; Lyon, en 1831, se rebeló al grito de Trabajo, o plomo; los sublevados de junio de 1848 reclamaron el Derecho al trabajo; los federados de marzo de 1871 declararon que su rebelión era la Revolución del trabajo.



Ciertamente, el capitalismo vive de burbujas. El trabajo en demasía provoca el consumo en demasía, lo cual provoca subida de precios cuando el trabajo disminuye. Cuando, por el contrario, el consumo llega a un punto crucial en el que la población no es capaz de asimilar toda su producción, es decir, no puede pagar el precio de los bienes que produce, sigue produciendo, pero no consume.


Comunmente hoy día se habla de distintas crisis de superproducción, pero, a no ser que sean perecederos, dicha crisis no significa necesariamente que la superproducción sea mala, sino que, en las ecuaciones de oferta y demanda, los precios se desploman y los capitalistas pierden. Así es como también se reflota el aumento del desempleo. Los pobres burgueses, en su opulencia, se ven obligados a asegurar su opulencia futura. Obviamente, si los capitalistas pierden, y el sistema económico se basa en el capitalismo, todos pierden. Añade Lafargue:


Y, sin embargo, a pesar de la sobreproducción de mercancías, no obstante las falsificaciones industriales, los obreros llenan el mercado en cantidades sin número, implorando ¡trabajo!, ¡trabajo!


(...)


Embrutecidos por su vicio, los obreros no han podido llegar a comprender que para que haya trabajo para todos es preciso dividirlo como el agua en un navío en peligro.



Y allí, en el siglo XIX, en el nacimiento de la lucha de clases, acallada en el XX con las grandes guerras nacionalistas, Lafargue hace una ferrea defensa de la tecnología, una ferrea defensa del progreso científico en aras de disminuir la necesidad de trabajo humano...


¡Oh idiotas! Precisamente porque trabajáis demasiado se desarrolla con lentitud el maquinismo industrial. (...) Para forzar a los capitalistas a perfeccionar sus máquinas de madera y de hierro, es preciso elevar los salarios y disminuir las horas de trabajo de las máquinas de carne y hueso.



En definitiva, no existe cleavage Capital vs. Trabajo. Al fin y al cabo, el capital tan solo capitaliza el trabajo, y el trabajo tan solo laboriza al capital... No hay conflicto, porque para el Capital es necesario el trabajo, y para el trabajo, tal como es entendido, es necesario el Capital. No hay mayor esclavo que el que quiere trabajar lo más posible para ganar lo más posible y acumular lo más posible. Esclavo del capital, del dinero, de la idiocia, y del tontismo. Esclavos todos.
Hits: 153

Blog Votes

MaraudeR2009-04-07 14:22:3210
Anonymous (90) - 14
Total karma: 24
 

© 2002-2010 libreXpresion.org