Demonios de Maxwell.



Si estuviéramos en guerra con la realidad y a eso le llamáramos trabajo, si según qué condiciones y salarios laborales hablan más de una situación de violencia que de concordia, entonces cabría preguntar como en todas las guerras que empiezan a durar demasiado: ¿Por qué estamos luchando? Esta variante del ¿qué hacer? es vieja. Ya en la Guerra de Troya hay una referencia a que empezaron luchando por Helena para acabar luchando sólo por fastidiar al otro. El olvido de las intenciones es una tontería que se comete con mucha frecuencia y en muchas escalas.

Parece que aprendemos ante todo imitando, y parece que llevamos la imitación tan lejos que terminamos imitando el deseo. Venimos así a desear lo que se desea, lo que es “normal” desear. Nuestra espontaneidad es una patria ocupada, hay que moverse en ella creando una verdadera resistencia. Volver a replantearse siempre para qué estamos trabajando, si siguen teniendo aquellos objetivos de ayer vigencia, vigor, para resistir sin desfallecer. Para saber a qué atenernos acerca de quién se están riendo nuestras victorias.

Los dirigentes europeos nos dicen que ya basta de inmigrantes, y que hay que empezar a trabajar como inmigrantes. Sus modelos son los tigres asiáticos, no el ocio con dignidad mediterráneo. Permitirme pensar un poco a la griega: ¡Cómo se deben estar riendo los dioses de nosotros! Ateos, esclavizados por las deudas, uncidos al yugo del coche embrutecedor, la televisión embrutecedora y el éxito embrutecedor. Pero eso sí, perfectamente in-formados.

Algunos judíos dan la guerra por inevitable. Quiero decir la guerra, guerra, no la guerra de todos los días. Dan por hecho que el fumigar todo lo que huela a nuclear o terrorista desde el aire o incluso desde el cielo, es la única guerra que cabe ganar de momento, y pretenden enviar aviones a Irán antes de que a los otros les alcance a hacer lo mismo. Lucky Luke: “Disparé para evitar que disparara pensando que yo iba a disparar primero”.

Que algo hay que hacer para reoxigenar el capitalismo que se tambalea. Volver a fortalecer las fronteras por ejemplo, que las buenas fronteras hacen buenos vecinos. Perfeccionar en ellas los demonios de Maxwell del tránsito de personas y mercancías para poder seguir manteniendo las fronteras de los privilegios donde están. Y una nueva sacudida para volver a recordar que todavía no estamos maduros para que la Ley emanada de un Contrato Social Justo sea el único déspota válido. Maxwell imaginó que una de las maneras de obtener energía era crear una membrana en cuyos poros hubieran unos pequeños demonios que dejaran pasar las moléculas de mucha movilidad e impidieran el paso de las más quietas.

Recuerdo uno de esos demonios en un viaje en el 74. Llegamos a la frontera Francia-Suiza en tren. Mi mochila era roja, azul la de mi compañero. Bajamos al andén. Todo el mundo hace cola, nos vamos a poner a la cola pero vemos una segunda ventanilla vacía, vamos hacia ella. Nos recibe un funcionario que con gesto desabrido nos muestra la otra y nos dice que en todo caso si no tenemos contrato de trabajo en orden ni esa. Le decimos que no tenemos contrato de trabajo, que somos turistas. Sí, dice él todos son turistas, a ver: pasaporte. En el pasaporte, a sugerencia de un buen amigo, nos habían incluido un sello que dejaba claro que habíamos cambiado pesetas en francos suizos, no era gran cosa, pero pensábamos aguantar un mes de febrero haciendo excursiones por los Alpes. Cambio de cara, encienden toda un ala de la aduana para que esperemos un poco y luego pasemos. Viene una azafata a darnos la bienvenida. Éramos los únicos que iban a dejar dinero, capacidad de movimiento, adelante, por favor.

Para que esas fronteras con esos demonios selectivos sigan funcionando hace falta una guerra de vez en cuando y mantener el estado de guerra todos los días. Eso lo sabe el capitalista. El conseguir que caigan pretende el revolucionario. Sin violencia por favor, añaden las personas de buena voluntad, levantando su cara al cielo, como si supieran que están pidiendo un milagro, como si no supieran que el cielo está ocupado albergando otras amenazas.

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