El asunto ha abandonado el campo de lo imaginario para entrar en lo real. La hora de cierre ha sonado en los jardines de occidente, la huelga de los transportistas es el acontecimiento precipicio, nunca volverán a ser las cosas las mismas. La crisis energética permite a gentes que viven del uso irracional del petróleo que todos propiciamos parar el país. El porcentaje en gasoil de alimentos y cosas, y la distancia a ellos ha sido capaz de parar hasta las artes de la pesca. Curiosamente un arte anterior a la agricultura y a la ganadería. Y muy anterior a la tecnología que permite llevar nuestra tontería hasta las mismas entrañas de la vida en la tierra.
No debimos olvidar que es la madre quién decide el destete. En algunas culturas tan tarde que es por los mordiscos del bebé. La neotenia que caracteriza a nuestra especie, fetos de monos como somos, nos lleva a querer seguir siendo siempre jóvenes, siempre niños, siempre mamones.
La madre naturaleza ha dicho basta incluso a los ricos como nosotros, ya basta, ya no hay más petróleo, hay que empezar a hacer como si no hubiera. Dicen que sobran 20.000 camiones en España ¿tantos? ¿quién cuenta estas cosas? La libertad de fluír de las mercancías y de deslizarse de las personas de un lugar a otro ha de convertirse en facilidad de acceso a buena información, a buenas ideas, a buenos rollos. Lo sabemos todos. Ha llegado la hora. Los niños lloran cuando nacen, y también cuando les destetan, hace frío fuera. Los camioneros en el calor de sus negociaciones recuerdan la llegada de aquel frío del que escribía Cela, un frío como para destetar hijos de puta.
De los tres déficits, el del conjunto de la nación, el de sus instituciones y el del Estado se puede ir pasando hasta cierto punto a base de renegociar los créditos, es en lo que todos estamos. Pero al déficit energético cuanto antes le hagamos frente mejor para todos. Que haya sido porque haya poca leche antes de porque haya demasiada mierda no deja de ser un cierto consuelo. Una invitación a aceptar un regreso, que “la vida empieza en lágrimas y caca,/ luego viene la mu, con mama y coco,/síguense las viruelas baba y moco/ y luego llega el trompo y la matraca...
Aceptar estos tiempos como tiempos en los que la buena madre naturaleza/tecnología ha dicho basta. La madre que no nos dice basta fomenta nuestras peores debilidades, nos condena a no poder madurar en el árbol, nos reduce al estado de víctimas no nos deja llegar a ser agentes, acaba minando nuestra propia dignidad. No hacemos ningún favor a la madre resistiéndonos al destete, nuestra madre no nos necesita así. Necesitamos seguir en contacto con ella, no vaya a ser que al perder el contacto con ella nos pase como a Anteo que sólo gracias a él mantenía su fuerza de gigante. Seguir en contacto pero hacia otra manera de vida. Como cuando nacimos.
La más temprana experiencia humana es la carencia. Carencia de oxígeno, que ciertamente activa el mecanismo respiratorio, pero no sin un sentimiento de asfixia. La segunda sumirse en el olvido: dormir por vez primera, como todas las venideras, es “regresión al estadío de mágica omnipotencia alucinatoria en el cuerpo de la madre”. Dormir es sucedáneo de prenatalidad. Cada uno se defiende con sus sueños de “nacer” a un mundo de deseos imposibles de cumplir: se defiende de despertar. La carencia de petróleo nos permite asistir al parto, al despertar a otra vida, de una nueva civilización.
Maternalizar la relación con todo el mundo, no suponer que a esos a los que la vida ha tratado mal tengan que haberse vuelto malas personas, creer que aun en los malos tiempos de desorden que se adivinan va a aflorar lo mejor de nosotros. Y que, como aquella protagonista puteada y aterida de las Uvas de la Ira, que acaba de dar a luz a un niño muerto, no veremos ningún problema en brindar nuestro pecho a un desconocido que se muere de hambre.
Comentarios recientes
hace 13 horas 45 min
hace 1 día 4 horas
hace 1 día 11 horas
hace 2 días 13 horas
hace 3 días 15 horas
hace 3 días 16 horas
hace 4 días 14 horas
hace 4 días 15 horas
hace 5 días 5 horas
hace 5 días 5 horas