A pesar de la gran cantidad de propaganda y todos los intentos de controlar el pensamiento y fabricar el consenso hay signos entre la población, de que se está adquiriendo una capacidad y buena disposición para pensar las cosas con tiempo y atención. La cultura disidente existe, ha crecido y ha ejercido un gran efecto civilizador sobre las tendencias predominantes en la opinión pública. Ha crecido el escepticismo respecto al poder. Han cambiado muchas actitudes entorno a numerosos temas.
Aunque los movimientos sociales son más bien informales y sin carácter militante, basados en una disposición en favor de las interacciones personales, sus efectos sociales han sido evidentes. Y éste es el peligro de la democracia: si pueden crearse organizaciones, si la gente no permanece simplemente enganchada a la televisión, pueden aparecer ideas extravagantes, com el rechazo al uso de la fuerza militar o lo que Norman Podhoretz llamaba "inhibiciones enfermizas respecto al uso de la fuerza militar". Deben vencerse estas tentaciones, pero aún no ha sido posible.
Añadido al libro colaborativo Modelos de democracia y medios de comunicación.
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