Prior in tempore, potior in iure, dice el lema de la propiedad, así como el de las sillas musicales. Cuanto antes, mejor. El que llegue antes, se lo queda. El que rie primero, rie dos veces, rie mejor, y además entendió el chiste. Es posiblemente la mayor de las contradicciones a la ciencia de entre las presentes en la ley humana: nadie demuestra mejor las cosas que el que habla primero. Es la base del dogma contemporaneo: gana el que gana, y siempre gana el primero, porque el primero es mejor que los que vienen después. Puesto que gana solo por ser el primero, y que gana el que gana, no se contempla su derrota...
De no ser por ese motivo, la necesidad de un Dios no sería algo a tener en cuenta. Es precisamente la necesidad de humanizar lo primero lo que hace surgir un concepto tan banal. Pero lo primero es lo primero, y ya sea lo, el o la, es el principio de toda nueva historia. Hasta ahí llega su importancia.
Pero todo lo que tiene un principio, tiene una historia detrás. Es ahí donde tenemos en cuenta lo temporal, o aún mucho antes, al saber que detrás de un primero viene un segundo. Y es al segundo al que hay que cuestionar...
Tal, tan mal y pronto dicho, es el quid de la cuestión. Dicen que otras opciones son de otro tiempo. Que pasó tiempo atrás esa época en la que debía tenerse siquiera en cuenta sus definiciones últimas. Hablamos en este caso de un primero que prevalece, lo que había antes: un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre, que aquí se queda. Sirve, está bien, de acuerdo a lo que puede ser una sociedad, sin más definición en toda ley humana.
Somos lo que somos porque es lo primero que fuimos. Prior in tempore, potior in iure: ¡Viva la explotación del hombre por el hombre!
Comentarios recientes
hace 21 min 27 sec
hace 43 min 27 sec
hace 1 hora 33 min
hace 2 horas 50 min
hace 4 horas 12 min
hace 23 horas 4 min
hace 23 horas 41 min
hace 1 día 2 horas
hace 1 día 4 horas
hace 1 día 5 horas