escarbar

Nos preguntábamos por el momento del cenit del petróleo. Nos dijeron que ya había sido, que no nos habíamos enterado. Me vino a la memoria aquella burla: “El geranio acaba de morir en la ventana, y tú, maestro, has seguido como si tal cosa”. Seguimos cautivos de la imaginación en el fondo de nuestra caverna. En ella no vemos más que el espectáculo de la pared. Nuestro trabajo consiste esencialmente en escarbar, para hacernos con una “localidad” mejor, con un hueco menos incómodo, y a arrastrar piedras para sentarse encima y, si se presenta la ocasión, tirárselas a otro. Nuestra actividad como hozamierdas, lanzapiedras o comepalomitas es el precio de la entrada al show, la condena al papel de espectador. ¡Qualis artificex pereo! Dijo Nerón al morir. ¡Qualis spectator pereo! decimos nosotros, que no hemos necesitado quemar Roma alguna para vivir.


Las mentalidades proteicas esconden la creencia de que uno puede sufrir cambios fundamentales o es capaz de ello. Esto suele ser un truco para evitar compromisos a largo plazo y hace que nuestro comportamiento en momentos difíciles sea mucho peor de lo que uno hubiera podido pensar. Estas personas olvidamos como la vida política no es un proyecto de mejora del mundo en donde invertir esperanzas trascendentales. Que se trata de una tarea cotidiana de improvisación, de interrelación, mediante la que se busca un equilibrio entre los males necesarios de la vida humana y la perspectiva omnipresente del desastre es conjurada hasta el día siguiente.

Nietzsche hizo una vez la broma de suponer que los hombres somos mucho más violentos que los animales porque hemos aprendido a hablar. Algunos creen que el mal proviene de la falta de información, suponen que si fuéramos más partícipes en la vida colectiva las cosas irían mejor para todos. Dicen que la ciudadanía es mejor que la nacionalidad, que la nacionalidad refiere la condición de ser miembro de una comunidad nacional, mientras que la ciudadanía alude a la de ser partícipe de un Estado. Ponen el ejemplo de la reacción al 11 de Marzo, día primero del socialismo descafeinado en el poder, como de la bondad de la participación en la vida ciudadana. Ignorando como para asegurarse el conformismo político y social habría que empezar por convertir al país en un país de íntimos, profundos "partícipes". Un puesto como funcionario para todo ciudadano, ¿no es esto después de todo lo que pedimos los revolucionarios con lo de la Renta General Básica?.

Pasa con la libertad como con la salud o la compañía, no sólo no se echan de menos cuando faltan sino que además uno tiene tendencia a resignarse con la que le toca. Que sólo los procesos de liberación, curación o seducción las mantienen vivas. Que si uno no lucha por lo que quiere su destino es conformarse con lo que obtiene. Santa Teresa: Estando pensando si no tendrían razón los que les parecía mal que yo saliese a fundar, y que estaría yo mejor empleándome siempre en oración, entendí: "Mientras se vive no está la ganancia en procurar gozarme más, sino en hacer mi voluntad".

Ella no está dispuesta a padecer, la potencia de padecer nada expresa. En toda afección pasiva hay algo imaginario que le impide ser real. El agente actúa por lo que tiene y el paciente por lo que no tiene... Nuestra fuerza de padecer nada afirma, porque nada expresa en absoluto; "engloba" solamente nuestra impotencia, es decir, la limitación de nuestra potencia de actuar. Gorz fue testigo del momento en que en Europa izquierda o derecha se transformaron, como el geranio, sin que los maestros se dieran cuenta, en autonomía y heteronomía.

Cuando la libertad de agencia aumenta el bienestar disminuye. Al estar dónde y cuándo puedo evitar un crimen, por ejemplo. Tengo más libertad, pero voy a meterme en un lío. Lo que hemos hecho pudiendo optar pasa una factura peor que lo que hemos hecho porque no hemos tenido más remedio que hacer. Me temo que cuando lleguen las vacas flacas, cuando la tierra empiece a dar menos petróleo, va a aumentar nuestra capacidad política pero desde luego este bienestar embrutecedor lo vamos a echar de menos. Nos vamos a volver de protagonistas de nuestra vida, autónomos, de izquierdas, primeras personas, cuando la vida como espectáculo no baste. Y nada como la escasez para ello.

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