Es la hora del equipo, de la red. Los que tanto valen para un roto como para un descosido, han ido quedándose en casa, en las novelas, viviendo tan ricamente en sus castillos en el aire. Fuera de onda, fuera de sitio. Esos mutilados al revés que tenían muy poco de todo y demasiado de una sola cosa han ido sustituyendo al hombre del renacimiento, que era ducho en todo; al griego, que era irrisión de sus coetáneos cuando de algo no sabía, el “toca la flauta, Sócrates” persiguió al filósofo desde que se especializó en hablar en la calle. El gusto por la moderación, por saber de todo, y al mismo tiempo no destacar en nada, para no provocar la envidia de los dioses, como ellos decían ladinamente, pertenecen a otros tiempos. Ahora eres una muchipersona como lo era Federico, al hacer muy bien una cosa, escribir en su caso, llenaba de luz todas las demás, hacía que fuera bueno en todo.
Recuerdo como Bertrand Russell, un enormísimo cronopio del siglo pasado, era un perfecto zote en algunas cosas; tanto que había llegado a pensar que si era tan corriente equivocarse pensando que si una persona era muy bueno tenía que ser bueno en todo, no podía por menos que pensar que no se podía destacar en algo sin que la naturaleza le convirtiera a uno en retrasado en alguna otra cosa. Somos animales sociales, maduramos y nos especializamos para morir, para diluírnos en la sociedad, para ver y entender a través de sus ojos; cuando nuestros especialistas limpian las puertas de la percepción, nos abren a otra escala de acontecimientos, para que todo pueda aparecer como es: infinito y santo.
La gente no especializada son como los hechos, algo impersonal. Para que un hecho ascienda a categoría de acontecimiento necesita de un sitio (singularizado en una situación histórica). La especie asegura la posibilidad de coexistencia de sus miembros especializándolos, convirtiéndoles en personajes rítmicos, haciéndoles formar parte de paisajes melódicos, que diría Deleuze.
Alrededor de nuestro día 15 de vida, aparece el mesodermo, nuestras células empiezan a especializarse, es decir ya no valen como células madre. Las células en cuanto se especializan se vuelven progresivamente incapaces de reproducirse sin defectos. La organización celular es regresiva desde le punto de vista biológico, pierde robustez. El individuo muere porque tiene células especializadas. La especie sobrevive porque sus individuos especializados son filtrados por la muerte.
Una cosa es la vida y otra son las facultades, las facultades producen Fachidioten, idiotas especializados, siempre advirtiendo que es difícil distinguir entre un idiota especializado y un generalista idiota. En ellas se persigue alargar el tiempo en que el hombre es capaz de aprender, de no cansarse de aprender, porque se trata de estar especializándose en adaptarse a los cambios mientras uno vive. ¿No? A la barbarie del especialismo oponemos la audacia de los aficionados. Con el amateurismo al no saber de qué va la cosa oponemos el no saber que vaya de cosa alguna. Y pensaremos que lo simple es falso y lo complejo inutilizable.
La educación trata de modelar al joven para esta vida de trabajo adulto que no es ni digna ni humana, y por ello se convierte ella misma en blanco de ataques. La rápida expansión de la educación superior que se registró desde el fin de la Segunda Guerra Mundial fue producto del cambio tecnológico en la industria. La industria automatizada y equipada con computadoras necesita más jóvenes de ambos sexos que conjuguen las aptitudes de los trabajadores intelectuales con la docilidad que se espera encontrar en los trabajadores manuales.
La meta de la multidiversidad educativa parece ser la obediencia especializada. Así la ceguera generalizada arropa dulcemente a la lucidez del especialista y estamos en la competencia tecnológica. En ella la especialización de la práctica cognoscitiva provoca cantidad de situaciones en las que deciden los especialistas, y cuanto más elevado es el grado de especialización mayor es el alcance, cantidad e incalculabilidad de las consecuencias secundarias de la acción científico-técnica. Y la elasticidad de la red y la capacidad de trabajar en equipo se convierten en una condición de supervivencia.
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