Nos movemos.

Si no me encuentras en un sitio, busca en otro, te estoy esperando, debajo de las suelas de tus zapatos. ¿Qué es lo que nos lleva a ir a otro sitio? Desde los seres más diminutos hasta las ballenas nos movemos buscando algo o escapando de algo, nos movemos quizá por movernos, adivinamos un fluir que nos es propio y luego lo seguimos.
El incremento de la movilidad en los humanos ha llegado a tal punto que cada vez es más fácil sentir la humanidad entera como un todo. Emigrantes e inmigrantes somos todos. El que se va y el que llega, el que se queda y el que estaba antes aquí, nos diversificamos para integrarnos mejor, somos todos inmigrantes espirituales.
En general las migraciones no son en sí mismas patológicas, en contra de lo que plantean algunos conservadores del todo como está, y de su creencia de que todo es susceptible de empeorar. Pueden ser un componente de una sociedad activa, sana y vital. Ante todo hay que verlas como un fenómeno que puede ayudar a la clase obrera a escapar de la camisa de fuerza del nacionalismo en la que siempre le trata de meter la burguesía intermitentemente cosmopolita.
Nos movemos en todas las escalas, desde los individuos, cuyas decisiones como emigrantes consiguen transferir mucho más dinero a los países pobres que toda la ayuda de los países más ricos, hasta las grandes empresas que saben de la bondad del moverse, sus ZPE (zonas de procesamiento de exportaciones) llamadas "golondrinas" por su tendencia a emigrar. En ellas reina el miedo. Los gobiernos temen perder sus fábricas extranjeras, las fábricas temen perder sus marcas clientes, y los obreros sus inseguros trabajos. Son fábricas que no están construidas sobre tierra sino en el aire. Los mensajes que transmiten nuestros mercados libres es que los buenos empleos son un mal negocio, que son malos para la "economía" y que es necesario evitarlos a cualquier precio: “Deben ustedes aceptar o nuestros productos o nuestra gente o nuestros precios”, si no, nos vamos. A países cuyos costes laborales hacen nuestra competencia internacional posible.
Largarnos es una forma de hacer la revolución, pero largarnos sin intención de volver, como Mahoma y sus seguidores que salieron (hégira, emigración), desde el imperio comercial de la Meca hasta el oasis llamado Medina que vino a significar ciudad, esto es, donde se vive conforme a un contrato.

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