Hoy se cumplen 50 años de reconocimiento al bloqueo estadounidense sobre Cuba
Alanthano - 2012-02-04 10:01:44
Andes.info
Buenos Aires, 03. feb. (Télam).- La proclama 3447 con la que el entonces presidente de Estados Unidos, John Kennedy, formalizó el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, cumple este viernes 50 años, lejos de su objetivo de frustrar la gestión de la Revolución isleña y con un unánime repudio de la comunidad internacional.
El 3 de febrero de 1962 Kennedy decretó la Proclama 3447, que de alguna manera hizo más visible una política de hostigamiento que EEUU ya venía llevando a la práctica desde el triunfo mismo de la Revolución, el 1 de enero de 1959.
La excusa inicial fue replicar las expropiaciones que las flamantes autoridades isleñas dispusieron sobre bienes y empresas estadounidenses.
Nueve administraciones, republicanas y demócratas, mantuvieron y hasta agudizaron la medida, que Washington se empeña en llamar “embargo” y limitar a una cuestión bilateral.
Desde la ruptura unilateral de las relaciones, el 3 enero de 1961, la política de enfrentamiento de las autoridades estadounidenses había tenido su punto más alto en abril de ese mismo año, con el frustrado intento de invasión con el desembarco en Playa Girón.
El bloqueo generó ya un daño económico que las autoridades de la isla estiman en 975 mil millones de dólares, si se tiene en cuenta la depreciación del dólar frente al oro.
Entre Playa Girón y la oficialización del bloqueo, Washington logró con presiones y chantajes, el 31 de enero de 1962, la exclusión de Cuba de la OEA, durante la 8va. Reunión de Consulta del organismo, realizada en la uruguaya Punta del Este.
Esa exclusión buscó ser reparada en el 2009 en San Pedro Sula, Honduras, donde se dejó sin efecto la resolución de 1962 con la idea de “reparar una injusticia histórica” y propiciar “una reivindicación al pueblo de Cuba y a los pueblos de América”.
La Habana, con todo, comunicó que no volvería al organismo, a la que consideró “una organización con un papel y una trayectoria que repudia”. Pero esta historia es demasiado reciente.
En 1962, apenas un día después de dispuesto el bloqueo, el 4 de febrero, más de un millón de personas -la mayor concurrencia pública efectuada en la isla hasta ese momento-, vitoreó y aplaudió el célebre documento titulado Segunda Declaración de La Habana.
La Declaración denunciaba no solo la maniobra agresiva contra Cuba y el grado de dependencia de otros países latinoamericanos, sino también “la esencia de la dominación estadounidense y la explotación y miseria de millones de hijos de Nuestra América”.
La proclama 3447 formalizaba una decisión que, en los hechos, regía ya al menos desde el 4 de septiembre de 1961, cuando el Congreso autorizó el cese de todo comercio con la isla.
Varios años después de establecido el embargo y pese a las sucesivas votaciones en la ONU en contra de la medida, Estados Unidos endureció las cosas con la llamada Ley Torricelli -promulgada en 1992 por George Bush-, que cercenó el comercio de medicinas y alimentos cubanos con las subsidiarias de compañías estadounidenses con base en terceros países.
Unos años después, en 1996, la presidencia de William Clinton agudizó el embargo al poner en vigor la Ley Helms-Burton, que establecía que empresas no estadounidenses podían ser sometidas a represalias legales y sus representantes impedido de entrar a EEUU si comerciaban con Cuba.
Desde hace 20 años, la Asamblea General de la ONU vota en forma consecutiva una condena al embargo. De aquella primera votación en 1992, que terminó con 59 votos a favor de la condena, 3 en contra y 71 abstenciones, se llegó a la del año pasado, cuando los números fueron, respectivamente, 186, 2 y 3.
Los dos votos en contra fueron los de Estados Unidos e Israel y las abstenciones de Islas Marshall, Micronesia y Palau, lo que, parece claro, habla del repudio que genera en el mundo la sanción de estas características más extensa en la historia moderna.
Buenos Aires, 03. feb. (Télam).- La proclama 3447 con la que el entonces presidente de Estados Unidos, John Kennedy, formalizó el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, cumple este viernes 50 años, lejos de su objetivo de frustrar la gestión de la Revolución isleña y con un unánime repudio de la comunidad internacional.
El 3 de febrero de 1962 Kennedy decretó la Proclama 3447, que de alguna manera hizo más visible una política de hostigamiento que EEUU ya venía llevando a la práctica desde el triunfo mismo de la Revolución, el 1 de enero de 1959.
La excusa inicial fue replicar las expropiaciones que las flamantes autoridades isleñas dispusieron sobre bienes y empresas estadounidenses.
Nueve administraciones, republicanas y demócratas, mantuvieron y hasta agudizaron la medida, que Washington se empeña en llamar “embargo” y limitar a una cuestión bilateral.
Desde la ruptura unilateral de las relaciones, el 3 enero de 1961, la política de enfrentamiento de las autoridades estadounidenses había tenido su punto más alto en abril de ese mismo año, con el frustrado intento de invasión con el desembarco en Playa Girón.
El bloqueo generó ya un daño económico que las autoridades de la isla estiman en 975 mil millones de dólares, si se tiene en cuenta la depreciación del dólar frente al oro.
Entre Playa Girón y la oficialización del bloqueo, Washington logró con presiones y chantajes, el 31 de enero de 1962, la exclusión de Cuba de la OEA, durante la 8va. Reunión de Consulta del organismo, realizada en la uruguaya Punta del Este.
Esa exclusión buscó ser reparada en el 2009 en San Pedro Sula, Honduras, donde se dejó sin efecto la resolución de 1962 con la idea de “reparar una injusticia histórica” y propiciar “una reivindicación al pueblo de Cuba y a los pueblos de América”.
La Habana, con todo, comunicó que no volvería al organismo, a la que consideró “una organización con un papel y una trayectoria que repudia”. Pero esta historia es demasiado reciente.
En 1962, apenas un día después de dispuesto el bloqueo, el 4 de febrero, más de un millón de personas -la mayor concurrencia pública efectuada en la isla hasta ese momento-, vitoreó y aplaudió el célebre documento titulado Segunda Declaración de La Habana.
La Declaración denunciaba no solo la maniobra agresiva contra Cuba y el grado de dependencia de otros países latinoamericanos, sino también “la esencia de la dominación estadounidense y la explotación y miseria de millones de hijos de Nuestra América”.
La proclama 3447 formalizaba una decisión que, en los hechos, regía ya al menos desde el 4 de septiembre de 1961, cuando el Congreso autorizó el cese de todo comercio con la isla.
Varios años después de establecido el embargo y pese a las sucesivas votaciones en la ONU en contra de la medida, Estados Unidos endureció las cosas con la llamada Ley Torricelli -promulgada en 1992 por George Bush-, que cercenó el comercio de medicinas y alimentos cubanos con las subsidiarias de compañías estadounidenses con base en terceros países.
Unos años después, en 1996, la presidencia de William Clinton agudizó el embargo al poner en vigor la Ley Helms-Burton, que establecía que empresas no estadounidenses podían ser sometidas a represalias legales y sus representantes impedido de entrar a EEUU si comerciaban con Cuba.
Desde hace 20 años, la Asamblea General de la ONU vota en forma consecutiva una condena al embargo. De aquella primera votación en 1992, que terminó con 59 votos a favor de la condena, 3 en contra y 71 abstenciones, se llegó a la del año pasado, cuando los números fueron, respectivamente, 186, 2 y 3.
Los dos votos en contra fueron los de Estados Unidos e Israel y las abstenciones de Islas Marshall, Micronesia y Palau, lo que, parece claro, habla del repudio que genera en el mundo la sanción de estas características más extensa en la historia moderna.
Disidente Cubano muerto en huelga de hambre
MaraudeR - 2012-01-21 14:40:50
Vuelven los titulares del drama "Disidente Cubano muerto en huelga de hambre". Que no fuera disidente, ni estuviera en huelga de hambre, no debe ser óbice para informar de lo contrario.
En este caso, como en otros precedentes, parece que se trata de nuevo de un preso común, maltratador de mujeres para más señas, "convertido" a la disidencia con el único afán de obtener beneficios penitenciarios que, además, murió de una neumonía que no parece que fuera provocada por una huelga de hambre sostenida de cuya existencia sólo hemos sabido tras su fallecimiento.
Ya resultaba bastante inverosímil que un disidente cubano se hubiera puesto en huelga de hambre hace casi dos meses, y no nos hubiéramos enterado del hecho hasta su fallecimiento, habida cuenta de la obsesión de la mafia mediática con Cuba.
Por cierto que el pasado Julio murió en España un preso que sí estaba en huelga de hambre, hecho noticioso que, como de costumbre, apenas sí tuvo repercusión en los medios de comunicación nacionales, ni que decir internacionales.
Inocente hasta la muerte: fallece Tohuami Hamdaoui, su empeño por demostrar que era inocente le ha costado la vida
En este caso, como en otros precedentes, parece que se trata de nuevo de un preso común, maltratador de mujeres para más señas, "convertido" a la disidencia con el único afán de obtener beneficios penitenciarios que, además, murió de una neumonía que no parece que fuera provocada por una huelga de hambre sostenida de cuya existencia sólo hemos sabido tras su fallecimiento.
Ya resultaba bastante inverosímil que un disidente cubano se hubiera puesto en huelga de hambre hace casi dos meses, y no nos hubiéramos enterado del hecho hasta su fallecimiento, habida cuenta de la obsesión de la mafia mediática con Cuba.
Por cierto que el pasado Julio murió en España un preso que sí estaba en huelga de hambre, hecho noticioso que, como de costumbre, apenas sí tuvo repercusión en los medios de comunicación nacionales, ni que decir internacionales.
Inocente hasta la muerte: fallece Tohuami Hamdaoui, su empeño por demostrar que era inocente le ha costado la vida
Los porqués de la guerra mediática contra Cuba
Alanthano - 2011-10-25 22:34:46
Nueva manipulación mediática contra Cuba
MaraudeR - 2011-05-10 16:36:40
Otra mentira de la oposición, inventada por Guillermo Fariñas, y repetida por todos los medios de comunicación al unísono sin ningún intento de contrastar la información.
http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/05/09/%C2%BFbuitres-del-capitalismo-sui-generis-imponen-agenda-de-corresponsales-en-cuba/
http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=21791&Itemid=86
http://www.youtube.com/watch?v=cWMozU9mSuU
http://lapupilainsomne.wordpress.com/2011/05/09/%C2%BFbuitres-del-capitalismo-sui-generis-imponen-agenda-de-corresponsales-en-cuba/
“Muere un disidente cubano tras recibir una paliza de la policía“, titulaba el diario El País un despacho de su corresponsal en La Habana, mientras su asociado en Miami, El Nuevo Herald, encabezaba su sección dedicada a Cuba con un cable de AFP: “Muere disidente cubano tras golpiza policial”, y así, todos los grandes medios -uno tras otro- reprodujeron la misma historia sin contrastar con médicos ni familiares del fallecido.
Desde la noche del 7 de mayo la noticia del fallecimiento de Wilfredo Soto García era lanzada a Internet como supuesta consecuencia de una “paliza policial” ocurrida dos días antes en el céntrico Parque Vidal de la Ciudad de Santa Clara. Ninguno de los corresponsales extranjeros en Cuba se preguntó por qué la “golpiza”, que debió ser tan fuerte como para provocar la muerte de una persona, y aperentemente sucedió en el lugar más concurrido de una de las ciudades más importantes del país, no fue noticia cuando ocurrió, a pesar de que como reconoce un despacho de la agencia AP “las golpizas no son usuales en la Isla”.
Bastó a los corresponsales el testimonio de Guillermo Fariñas, una persona que en otras ocasiones ha difundido falsas informaciones desde la misma ciudad de Santa Clara y prueba él mismo de la paciencia de las autoridades de esa urbe que, a pesar de sus constantes provocaciones, nunca han ejercido la violencia contra él y le han proporcionado cada vez que lo ha necesitado atención médica calificada.
En varios de los despachos de prensa se cita el Hospital Arnaldo Milián Castro como el lugar donde falleció Soto García, pero a ninguno de los grandes medios se le ocurrió contactar con los médicos que lo atendieron, cosa que sí hizo la periodista cubana residente en la ciudad de Santa Clara Norelys Morales. A Morales el doctor Rubén Aneiro Medina, de la Sala de Terapia Intermedia del Hospital Arnaldo Milián, le informó de la no existencia de signos de violencia física en el fallecido y le aseguró que su muerte se produjo a consecuencia de una pancreatitis aguda e insuficiencia renal. La periodista informa que Soto García estaba aquejado además de diabetes, hipertensión y una miocardiopatía dilatada.
Es comprensible que como esas aves que se alimentan con restos de muerte ajena, la “ciberdisidencia” cubana necesita mártires para vender su cau$a y como no los tiene los inventa, pero que tras ella vayan en masa los medios extranjeros acreditados en Cuba, sin la más elemental verificación, es más preocupante. Ellos saben muy bien por qué las golpizas no son usuales en la Isla y es que, a diferencia de los países para los que escriben, la brutalidad policial está excluida del panorama social cubano de tal modo que los mismos ciudadanos no lo permitirían.
Seguramente, en el curso de los próximos días la verdad saldrá a la luz, pero no sabemos si los grandes medios tendrán entonces espacio para difundirla, o, si como casi siempre sucede, se quedarán con la versión que le suministraron los buitres de la Red, esos mismos que añoran una noche de cuchillos largos en Cuba pero ahora twitean cínicamente que “De la camilla de policlínico se pasará a cunetas de provincias. De calumnia …se pasara a lista de los desaparecidos”. Sólo hay una manera de que eso ocurra y es que a la Isla se le imponga a sangre y fuego el “capitalismo sui géneris” que ellos y los grandes medios añoran para Cuba.
http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=21791&Itemid=86
http://www.youtube.com/watch?v=cWMozU9mSuU
Los revolucionarios cubanos SI están dispuestos a pelear y morir por los pueblos árabes
Manuko - 2011-03-22 18:26:22
Enrique Ubieta Gómez en Rebelion.org:
Alegremente se preparan para matar. Matar, dicen, para evitar la muerte. Matar selectivamente, allí donde peligran los intereses de los que matan, de los que venden armas, de los que sostienen la corrupción y la muerte. Se instauran asesinos “buenos”, se deponen asesinos “malos”, ya inservibles. ¿Quiénes tienen ese poder? Los asesinos injuzgados, de frac y sonrisas, los que juzgan: Obama, el falso negro; Zapatero, el socialista farsante; Cameron, Sarkozy y Berlusconi, los fascistas posmodernos. O quizás, sea mejor mencionar a quienes se esconden tras las cortinas del teatro. Hay rebeliones que obtienen el silencio de los medios, y el rechazo discreto pero firme de los poderosos. Hay rebeliones que se zanjan rápidamente, a sangre y fuego, sin titulares de prensa. Hay expertos pirómanos que saben cómo incendiar la pradera conveniente, azuzar el fuego, para controlarlo según convenga.
¿En qué mundo vivimos? En el de los cínicos, hombres y mujeres convencidos de que no existe la verdad o la justicia, que mienten y matan sin cargos de conciencia; hombres y mujeres convencidos de que las palabras son frascos vacíos, y que pueden rellenarse de contenidos opuestos: masacre, por ejemplo, define el efecto de un misil “malo”; intervención humanitaria, el de un misil “bueno”; dictadura, es el epíteto de un gobierno “malo” que se elige y se reelige en las urnas o que concita el apoyo mayoritario de su pueblo; demócrata es el gobierno “bueno” que está dispuesto a vender su país, y a matar a los que se opongan, no importa si es un poder monárquico o simplemente fraudulento. La cúpula imperialista está eufórica, porque a diferencia de lo sucedido en Iraq, esta vez logró el consenso de los socios y la indiferencia cómplice de los que temen: la guerra ha sido bendecida. No es para liberar a los sauditas o a los marroquíes, a los palestinos o a los saharauíes: los muertos de esas naciones no concitan la solidaridad imperial; es, desde luego, para rescatar un territorio rico, para rellenar un frasco apresuradamente rotulado con el membrete de “democracia”, que sustituya al verdadero. La confusión, el desconocimiento en torno a las realidades del mundo árabe –complejas, es cierto, pero siempre enmascaradas por los medios trasnacionales, cómplices de la muerte--, han desarticulado la resistencia internacional. Incluso allí donde la rebeldía era genuina, no escuchamos la voz del pueblo --¿acaso podríamos escucharla siguiendo las “noticias” de las trasnacionales de la desinformación?--, sino la de los mercenarios que “piden” ser intervenidos.
¿Por qué la Revolución cubana no puede ser incendiada según la voluntad imperial? Tenemos, es cierto, a nuestros mercenarios, a nuestros sietemesinos, como calificara José Martí a los que “no les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol”: a los Hernández Busto, a las Yoani Sánchez, a las teatrales “Damas de Blanco”, a los Dagoberto Valdés, atentos a la voz del amo, como la vieja ilustración de la RCA Víctor, dispuestos a simular golpizas, expertos en el género de la ciencia ficción política, milimétricamente seguidos por la prensa trasnacional acreditada en Cuba, y por los agentes de la Oficina de Intereses del imperio en La Habana. Pero, ¿qué hacer con un pueblo que recibe como héroes –sin manipulaciones mediáticas o escenarios construidos--, a los agentes revelados de la Seguridad del Estado? Se supone, según las miles de páginas escritas y los millones de minutos filmados sobre sus similares del este de Europa –por supuesto, nunca sobre los cuerpos represivos del oeste, sobre la CIA, sobre la Red Gladio o la Operación Cóndor, sobre los programas de la USAID--, que los cubanos temamos a los agentes de la Seguridad del Estado. ¿Por qué la admiración, el cariño espontáneo, el orgullo de vecinos, de viejos compañeros y familiares? Es el agujero negro en el que se pierden los analistas del imperio. Los mercenarios cubanos trasmiten las “noticias” pactadas, las agencias trasnacionales las difunden, pero el pueblo cubano actúa según sus propias convicciones. Yerran al decir que es por falta de información, porque no pueden acceder a otras fuentes. Éste, probablemente, a pesar de las limitaciones tecnológicas a las que nos someten, es el más informado de los pueblos. En un mundo descreído, los cubanos respetan el heroísmo, no el de los super-héroes del imperio, inimitables reformistas, sino el de los sencillos combatientes que los medios silencian, el de los cinco presos políticos que permanecen en cárceles norteamericanas. Convóquense a los cubanos para combatir en defensa de los pueblos árabes ahora mismo, y se enrolarán millones. Porque Cuba es el mundo, el mundo es Cuba. Por eso –¡qué definición más abstracta para los analistas de la CIA!--, la Revolución cubana no puede ser socavada con estrategias incendiarias, a pesar de que existan mercenarios dispuestos a mentir por dinero y a pedir la intervención extranjera. Por eso, hoy me siento tan agredido e indignado, tan antiimperialista, como cualquier libio, como cualquier árabe, como cualquier revolucionario, sea de la nacionalidad que sea.
¡Solidaridad con el pueblo libio, con los pueblos árabes!
Alegremente se preparan para matar. Matar, dicen, para evitar la muerte. Matar selectivamente, allí donde peligran los intereses de los que matan, de los que venden armas, de los que sostienen la corrupción y la muerte. Se instauran asesinos “buenos”, se deponen asesinos “malos”, ya inservibles. ¿Quiénes tienen ese poder? Los asesinos injuzgados, de frac y sonrisas, los que juzgan: Obama, el falso negro; Zapatero, el socialista farsante; Cameron, Sarkozy y Berlusconi, los fascistas posmodernos. O quizás, sea mejor mencionar a quienes se esconden tras las cortinas del teatro. Hay rebeliones que obtienen el silencio de los medios, y el rechazo discreto pero firme de los poderosos. Hay rebeliones que se zanjan rápidamente, a sangre y fuego, sin titulares de prensa. Hay expertos pirómanos que saben cómo incendiar la pradera conveniente, azuzar el fuego, para controlarlo según convenga.
¿En qué mundo vivimos? En el de los cínicos, hombres y mujeres convencidos de que no existe la verdad o la justicia, que mienten y matan sin cargos de conciencia; hombres y mujeres convencidos de que las palabras son frascos vacíos, y que pueden rellenarse de contenidos opuestos: masacre, por ejemplo, define el efecto de un misil “malo”; intervención humanitaria, el de un misil “bueno”; dictadura, es el epíteto de un gobierno “malo” que se elige y se reelige en las urnas o que concita el apoyo mayoritario de su pueblo; demócrata es el gobierno “bueno” que está dispuesto a vender su país, y a matar a los que se opongan, no importa si es un poder monárquico o simplemente fraudulento. La cúpula imperialista está eufórica, porque a diferencia de lo sucedido en Iraq, esta vez logró el consenso de los socios y la indiferencia cómplice de los que temen: la guerra ha sido bendecida. No es para liberar a los sauditas o a los marroquíes, a los palestinos o a los saharauíes: los muertos de esas naciones no concitan la solidaridad imperial; es, desde luego, para rescatar un territorio rico, para rellenar un frasco apresuradamente rotulado con el membrete de “democracia”, que sustituya al verdadero. La confusión, el desconocimiento en torno a las realidades del mundo árabe –complejas, es cierto, pero siempre enmascaradas por los medios trasnacionales, cómplices de la muerte--, han desarticulado la resistencia internacional. Incluso allí donde la rebeldía era genuina, no escuchamos la voz del pueblo --¿acaso podríamos escucharla siguiendo las “noticias” de las trasnacionales de la desinformación?--, sino la de los mercenarios que “piden” ser intervenidos.
¿Por qué la Revolución cubana no puede ser incendiada según la voluntad imperial? Tenemos, es cierto, a nuestros mercenarios, a nuestros sietemesinos, como calificara José Martí a los que “no les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol”: a los Hernández Busto, a las Yoani Sánchez, a las teatrales “Damas de Blanco”, a los Dagoberto Valdés, atentos a la voz del amo, como la vieja ilustración de la RCA Víctor, dispuestos a simular golpizas, expertos en el género de la ciencia ficción política, milimétricamente seguidos por la prensa trasnacional acreditada en Cuba, y por los agentes de la Oficina de Intereses del imperio en La Habana. Pero, ¿qué hacer con un pueblo que recibe como héroes –sin manipulaciones mediáticas o escenarios construidos--, a los agentes revelados de la Seguridad del Estado? Se supone, según las miles de páginas escritas y los millones de minutos filmados sobre sus similares del este de Europa –por supuesto, nunca sobre los cuerpos represivos del oeste, sobre la CIA, sobre la Red Gladio o la Operación Cóndor, sobre los programas de la USAID--, que los cubanos temamos a los agentes de la Seguridad del Estado. ¿Por qué la admiración, el cariño espontáneo, el orgullo de vecinos, de viejos compañeros y familiares? Es el agujero negro en el que se pierden los analistas del imperio. Los mercenarios cubanos trasmiten las “noticias” pactadas, las agencias trasnacionales las difunden, pero el pueblo cubano actúa según sus propias convicciones. Yerran al decir que es por falta de información, porque no pueden acceder a otras fuentes. Éste, probablemente, a pesar de las limitaciones tecnológicas a las que nos someten, es el más informado de los pueblos. En un mundo descreído, los cubanos respetan el heroísmo, no el de los super-héroes del imperio, inimitables reformistas, sino el de los sencillos combatientes que los medios silencian, el de los cinco presos políticos que permanecen en cárceles norteamericanas. Convóquense a los cubanos para combatir en defensa de los pueblos árabes ahora mismo, y se enrolarán millones. Porque Cuba es el mundo, el mundo es Cuba. Por eso –¡qué definición más abstracta para los analistas de la CIA!--, la Revolución cubana no puede ser socavada con estrategias incendiarias, a pesar de que existan mercenarios dispuestos a mentir por dinero y a pedir la intervención extranjera. Por eso, hoy me siento tan agredido e indignado, tan antiimperialista, como cualquier libio, como cualquier árabe, como cualquier revolucionario, sea de la nacionalidad que sea.
¡Solidaridad con el pueblo libio, con los pueblos árabes!

