Cuba: Una mirada al modelo cubano de bienestar
Alanthano - 2013-05-13 17:30:38
por Patricia Arés
En muchas oportunidades, he preguntado a mis estudiantes cuáles serían las principales razones para decir que en Cuba es bueno vivir
La mayoría de las veces sus respuestas están relacionadas con el acceso a la salud, la educación y la seguridad social y efectivamente, estos son los pilares de nuestro modelo socialista, pero para las personas jóvenes constituyen realidades tan asumidas desde la cotidianidad que se tornan demasiado habituales o quedan congeladas en un discurso que, a fuerza de repetición, se hace irrelevante..
Yo me atrevería a decir que existe un modelo cubano de bienestar que se ha incorporado con tanta familiaridad acrítica que ha quedado invisible a nuestros ojos o paradójicamente instalado en la voz de muchos de los que ya no están, luego de haberlo perdido, o de visitantes que viven otras realidades en sus países de origen. De la vida cotidiana en Cuba, por lo general se habla de las dificultades, sobre todo de índole económica, pero pocas veces se escucha hablar de nuestras bondades y fortalezas.
Algunas experiencias profesionales vividas me han hecho pensar mucho en nuestro socialismo, visto como cultura y civilización alternativa. Cuando los psicólogos y otros especialistas participamos en el proceso de lograr el retorno del niño Elián González, emergió con mucha fuerza este tema. Más recientemente en consulta, conversando con algunos ancianos repatriados, con niños que por decisión de sus padres deben irse a residir a otros países o con jóvenes que han retornado de España luego de vivir la experiencia de ser echados a la calle por no tener trabajo ni dinero para pagar la renta, me vuelve a resurgir, a partir de sus vivencias, la idea del modelo cubano de bienestar.
Recuerdo cuando Elián estaba en Estados Unidos que el abuelo Juanito le decía telefónicamente que le estaba haciendo una chivichana para su regreso y al otro día aparecía en la pantalla televisiva que le habían regalado un carro eléctrico de juguete que parecía de verdad, si los abuelos o el padre le decían que su perrito lo extrañaba, al otro día aparecía Elián con un cachorro de labrador que le habían regalado, si le decían que le habían comprado un librito de Elpidio Valdés, aparecía Elián vestido de Batman. Sin embargo, el cariño de su familia, el amor de cuantos lo esperaron, la solidaridad de sus amiguitos del aula, de sus maestras, pudieron más que todas las cosas materiales del mundo.
Conversando hace muy poco con un adulto mayor que tomó la decisión de no regresar a EE.UU. luego de haber vivido 19 años en ese país, me decía: Es real doctora, allí se vive muy cómodo, pero eso no lo es todo en la vida, allá “no eres nadie”, no existes para nadie. Me contaba que se pasaba largas horas solo en la casa, esperando que los hijos y nietos regresaran de trabajar y de la escuela, que se quedaba encerrado porque no podía salir ya que según ellos, estaba viejo y no lo dejaban manejar, y que por el día el barrio en que él vivía parecía una maqueta, no se veía persona alguna, ni nadie tenía tiempo de dedicarte un rato para conversar. En una visita que hizo a la otra hija que vive en Cuba, decidió no regresar. Me cuenta que está haciendo ejercicios en el parque, que juega dominó por las tardes, que les repasa al otro nieto y a dos amiguitos más, que ha recuperado unos cuantos amigos de la “vieja guardia” y que con el dinerito que le mandan de allá y la ayuda de su familia aquí, tiene de sobra para cubrir sus gastos. Usando sus palabras textuales me decía: Algunos conocidos me decían que iba a venir al infierno, pero en realidad doctora, me siento en el paraíso. Evidentemente, el modo de vida que ahora lleva no será el paraíso, pero le genera mayor bienestar.
Un día me llevaron a un niño hijo de dos diplomáticos, que vino de vacaciones y no quería regresar con los padres a la misión donde ellos estaban trabajando, estaba “alzado”, en plena “huelga”, decía que lo dejaran con la abuela, que él no quería irse de nuevo, que no le gustaba estar allá. Cuando pregunté a los padres qué sucedía con el niño, me contaban que allá tenía que vivir encerrado por razones de seguridad, no tenía apenas amiguitos con quien compartir después de la escuela, y no estaban los primos, a los cuales adoraba. Desde que llega aquí es como si le dieran la carta de libertad —me decían los padres—-, se va para el parque de la esquina con los amigos del barrio, sale a pasear con los primos, juega pelota y fútbol en plena calle, se pasa el día rodeado de los abuelos, de los tíos y de los vecinos. En la entrevista con el niño me contaba que los primos le decían que él era bobo porque quería quedarse en Cuba teniendo la oportunidad de estar en otro país y el niño me decía: Yo extraño mucho cuando estoy aquí la pizza de peperones, pero te cambio un millón de pizzas por quedarme viviendo ahora mismo en Cuba.
Un joven que vino de retorno de España, me contaba que se había quedado sin trabajo y por supuesto no tenía dinero para pagar la renta, que la dueña le dio tres meses de plazo y al no tenerlo lo echó a la calle, pero lo más triste del caso es que nadie, ni sus amigos, le tendieron una mano pues le decían que dada la crisis cada cual “debería arreglárselas como pudiera” y tuvo que regresar porque la opción que tenía era o dormir en el metro o virar para la casa de sus padres aquí en Cuba. Al final, me decía, quienes están prestos a acogerte son los tuyos.
Me he quedado pensando en estos testimonios que muy bien podrían servir para tantos jóvenes que no encuentran bienestar alguno de vivir en Cuba y que solo imaginan una vida “de progreso” en el exterior o sobrevaloran la vida afuera como una vida de éxito y oportunidades, pero yo me pregunto: ¿qué tenemos aquí que falta en otros lugares? ¿Qué descubrieron el niño, el adulto mayor y el joven que vino de España, a partir de sus experiencias allá, que nosotros no vemos aquí? ¿Realmente el modelo de vida que proponen las sociedades capitalistas contemporáneas constituye actualmente un modelo de bienestar, a pesar de estar vendido por los medios de comunicación como el “sueño del progreso prometido”? ¿Hablamos hoy de buena vida o del buen vivir, de vida llena o vida plena? ¿Necesariamente el desarrollo económico y tecnológico es lo único que garantiza el bienestar personal y social?
Voy a hacer un esfuerzo de síntesis a partir de estas experiencias profesionales en lo que considero radican algunas de las bases de nuestro modelo cubano de bienestar.
EN PRIMER LUGAR EL NO SENTIMIENTO DE EXCLUSIÓN, EL NO VIVIR “ANOMIA SOCIAL”
Este es un tema de profundas connotaciones espirituales y éticas. Cuando uno llega a un barrio en Cuba y pregunta por una persona, por lo general te dicen: “Vive en aquella casa”. Los cubanos todos tenemos un nombre y una biografía porque todos tenemos espacios de pertenencia (familia, escuela, comunidad, centro de trabajo) y de participación social, todos en nuestra vida hemos asumido responsabilidades, asistimos en el barrio a las reuniones, a nuestro consultorio del médico, votamos en la misma urna, compramos los productos normados en el mercado o tenemos el mismo mensajero. Seguro que en algún momento hemos dicho: “Las mismas caras todos los días”, pero justo ahí radica un escenario vital de grandes dimensiones humanistas y solidarias.
La anomia social o en palabras del abuelo que entrevisté el “Tú no existes”, resulta una experiencia contraria a la que vivimos en Cuba, es la experiencia de vivir sin tener un lugar, sin ser reconocido o advertido, y no se trata de un lugar físico, sino de un lugar simbólico, un lugar de pertenencia y participación, un lugar que da sentido a la vida. Vivir en el “no lugar” es sentirse aislado, en soledad existencial, es sentirse extraño y ese es uno de los problemas del mundo actual. Incluso los lugares donde hoy coexisten muchas personas, más que lugares de encuentro son especialmente “no lugares”. Resulta increíble que en un metro puedan ir diariamente cientos de personas que no intercambian palabra alguna y que muestran mayor contacto con los medios tecnológicos en una especie de autismo técnico, que de persona a persona. Otro “no lugar” son los aeropuertos y los moles (catedrales del consumo): mucha gente a tu alrededor y absolutamente ningún contacto. Si te caes nadie te recoge, porque además, existen tantas leyes de “derechos ciudadanos” que supuestamente protegen a las personas desde una visión individualista, que nadie te toca no vaya a ser que te acusen de acoso sexual. Están legislados el “no contacto” y la indiferencia.
Hoy en día la realidad social en otros países hace que cada vez estemos más excluidos que incluidos. Amén de la existencia de desigualdades sociales como consecuencia de las realidades económicas actuales en Cuba, nuestras políticas promueven la inclusión social conducente a borrar la distancia de género, color de la piel, capacidades físicas, orientación sexual. Cuba, como sistema social, a pesar de todas las dificultades y contradicciones, intenta construir un mundo donde todos quepamos, y donde la reciprocidad humana espontánea se da a partir de estas condiciones. En “la otra geografía”, en el mapa de la globalización neoliberal, dividida en clases, los nexos interpersonales están dañados por disímiles diferencias y los unos quedan alejados de los otros por fronteras invisibles, que laceran la integridad y la participación.
LOS DIVERSOS ESPACIOS DE SOCIALIZACIÓN
Los espacios de socialización son muy importantes en la vida, el entramado social es el recurso, el sostén para todo sujeto, pues está claro que ciertamente es en él que una persona puede desarrollarse en su potencial con plenitud. Las familias viven actualmente en aislamiento en muchas partes del mundo y mientras mayor es el nivel de vida, mayor es el modo de vida enclaustrado. Nadie conoce al vecino de al lado, nadie sabe quién es, dentro de las casas los miembros no tienen muchos espacios cara a cara, porque la invasión de la tecnología es tal que un padre puede estar chateando con un colega en Japón y no tiene la menor idea de lo que le sucede al hijo en el cuarto contiguo. En estudios que se han realizado en diferentes partes del mundo, el tiempo de conversación mirándose a los ojos, que un padre (especialmente el papá) dedica a sus hijos, no pasa de 15 minutos diarios.
Uno de los grandes impactos del modelo capitalista hegemónico actual es el poco tiempo para la familia u otros espacios comunitarios, los días entre semana la familia como grupo “no existe”, los horarios extensivos e intensivos de trabajo, el pluriempleo de los padres para poder solventar las cada vez mayores exigencias del consumo, hacen que aquellos viejos rituales y tradiciones familiares se hayan desterrado de la vida cotidiana. Los psicólogos y sociólogos de muchos países plantean que el mayor impacto de esta realidad son la soledad infantil y la ausencia de vínculos en el anciano. Muchos niños de la clase media o media alta llegan de la escuela sin que asome en el hogar un rostro adulto hasta horas avanzadas o permanecen con una nana que brinda comida, pero no puede suplir el afecto y la atención de los padres.
Los medios tecnológicos aparecen como el antídoto a la soledad, pero sin ninguna restricción de los adultos, lo que puede producir adicción a los videos juegos, incrementar la violencia e incentivar la erotización temprana. Es poco frecuente que los niños o adolescentes dispongan en el mundo de hoy de las plazas públicas, las calles y los parques al aire libre como lugares de encuentro porque no hay seguridad ciudadana para ello. Los universos espacio-temporales de la red urbana destinados a la juventud, son vistos por los adultos como lugares de amenaza y peligro más que de esparcimiento y construcción de lazos sociales. En Cuba los parques y las plazas siguen siendo lugares de socialización de diferentes generaciones.
La familia cubana está tejida en redes sociales de intercambio, con los vecinos, con las organizaciones, con la escuela, con los parientes, incluidos los emigrados. Lo característico del modo de vida de los cubanos son los espacios de socialización, el tejido social que no excluye y deja sin nombre a nadie. Yo diría que la célula básica de la sociedad en Cuba, además de la familia como hogar, la constituye la red de intercambio social familiar y vecinal, ese tejido social en redes, representa una de las fortalezas invisibles más grandes que tiene el modelo cubano de bienestar, es ahí donde radica el mayor logro de nuestro proceso social, la solidaridad social, la contención social, el intercambio social permanente. Ese capital es solo perceptible para el que lo pierde y comienza a vivir otra vida fuera del país.
A pesar de que tenemos dificultades económicas y problemas no resueltos, la familia en Cuba existe. La familia cubana comienza a vivir intensamente después que los niños salen de la escuela y los niños, jóvenes y adolescentes hacen vida familiar-comunitaria a partir de su salida de los centros escolares. La vida familiar en Cuba no se produce a puerta cerrada. La puerta de un hogar cubano puede ser tocada muchas veces por los agentes de fumigación, por los vecinos, por la enfermera, por los dirigentes de base, por los “puerta-propistas”. Hay que salir diariamente al mercado, ir a casa de los vecinos para recoger mandados, botar la basura, ir a la farmacia, buscar a los niños en la escuela. La vida familiar en Cuba es multigeneracional, donde todas las edades se mantienen interactuando, la mayoría de los adultos mayores no viven en asilos, su verdadero espacio por lo general es la comunidad.
LA SOLIDARIDAD SOCIAL A CONTRACORRIENTE DEL INDIVIDUALISMO
En el escenario internacional actual el bien individual es más importante que el bien social, el modelo de desarrollo económico pone a las personas ante el deseo de vivir “mejor” (a veces a costa de los demás) por encima del vivir todos bien. Hoy en día la gente dice “yo no le hago mal a nadie, que nadie se meta en mi vida, a mí me gusta, a mí me va bien, es mi cuerpo, es mi vida, es mi espacio”,eligen la actuación que maximice los beneficios y las ganancias. El “nosotros” se sustituye por el yo. La conducta egoísta en este mundo hegemónico actual es denominada y bien ponderada como “racionalidad instrumental” cuando en realidad esa racionalidad lo que esconde es una gran insensibilidad social.
En nuestro país existe la solidaridad social, aunque hoy vivimos una suerte de paralelismo entre nuestros comportamientos solidarios y la insensibilidad de algunas personas. La socialización del transporte o “botella”, por ejemplo, el hacer de tus vecinos, tu familia, la socialización vecinal de teléfonos particulares, el pasarse los uniformes escolares, algunas medicinas, el brindar tu casa particular como aula después de un ciclón que afectó la escuela, son ejemplos de nuestro intercambio solidario. Me contaba una joven que estudiaba en la escuela Lenin que en el grupo de sus amiguitas, además de ser una práctica generalizada de los grupos, se juntaba cada semana lo que traían de la casa para repartírselos equitativamente y así todas comían lo mismo, independientemente de que algunas podían traer más cosas y otras no traían casi nada. Para ellas lo más importante eran la amistad y la hermandad.
LA CREATIVIDAD E INTELIGENCIA COLECTIVA
En Cuba, además de que puedes conversar y tener múltiples intercambios sociales, puedes darte el lujo de una buena charla con muchas personas. Todos sabemos de algo, todos podemos dar una opinión o podemos tener buenas ideas, tenemos cultura política, cultura deportiva o algunos saben mucho de arte. Tenemos capital cultural acumulado y eso es parte de nuestro patrimonio social y del bienestar invisible. No somos para nada ignorantes, resultado de los niveles educacionales alcanzados. Los cubanos y las cubanas impresionamos por nuestra capacidad para conversar, para emitir ideas y criterios. Uno de los grandes problemas que tengo como psicóloga clínica, cuando atiendo a las personas, es que se me va el tiempo, porque estamos acostumbrados a conversar, algunos me traen una lista de cosas escritas para que no se les escape lo que desean decir. Estamos acostumbrados a regalarnos tiempo y eso es un lujo en los momentos actuales, cuando nadie tiene tiempo que ofrecer, donde en todas partes del mundo se vive el síndrome de la prisa.
En mis visitas a impartir docencia a países latinoamericanos, en los trabajos de estudios de familia que deben presentar en clases, los estudiantes presentan una realidad familiar-social que me deja perpleja, por la carga de problemas sociales acumulados, no solo en familias pobres, sino de cualquier clase social. Me doy cuenta por lo que escucho, que nosotros estamos a siglos de distancia, porque el tema no es económico, sino de ignorancia, de pobreza mental acumulada, de estigmas sociales, prejuicios de clase, de género, de raza, violencia contra la mujer, soluciones mágicas a los problemas sin fundamento científico, abuso sexual infantil, poligamia, taras genéticas por una sexualidad irresponsable o sexo entre parientes, todo ello son problemas cotidianos. Son los problemas asociados al desamparo social, a la ausencia de programas sociales de prevención. Para nosotros es excepción lo que para ellos es cotidiano.
Como profesora siento que nuestra población es culta y desarrollada, y lo vivimos sin apenas darnos cuenta y aunque lo cotidiano aparenta ser intrascendente, es el gran telón de fondo de la historia. Algunos jóvenes emigrados suelen darse cuenta de esta realidad social tan diferente con la que tienen que aprender a lidiar.
¿CÓMO POTENCIAR NUESTRO MODELO CUBANO DE BIENESTAR?
El nuevo modelo económico tiene, entre sus objetivos, incrementar la productividad. Con el nuevo modelo económico el gran desafío es fortalecer nuestra propuesta cubana de bienestar que representa una alternativa al anti-modelo dominante, una concepción que también comparten y reiteran prácticamente todos los pueblos indígenas del continente y del mundo y proviene de una larga tradición dentro de diversas manifestaciones religiosas. Todas estas visiones, incluida la cubana, es que el objetivo global del desarrollo, que no es tener cada vez más, sino ser más, no es atesorar más riqueza, sino más humanidad. Se expresa en su insistencia en vivir bien en vez de mejor, lo que implica solidaridad entre todos, prácticas de reciprocidad y el deseo de lograr o restaurar los equilibrios con el medio ambiente y a la vez mejorar las condiciones de vida de la población. Sin embargo, la mejora en las condiciones de vida no va a revertir sola los problemas de índole social que hemos acumulado. La dimensión económica no puede aislarse de las dimensiones sociales, culturales, históricas y políticas que otorgan al desarrollo un carácter integral e interdisciplinario, para recuperar como objeto fundamental el sentido del bienestar y del buen convivir.
No hay que ser un científico social para percatarnos de que, al margen de las condiciones de vida, en nuestro país existen muchas personas y familias que más que pobreza material ya tienen instalada la pobreza espiritual. Algunas familias tienen pobreza mental, expresada en sus estrategias de vida alejadas de los más elementales comportamientos decentes, en sus patrones de consumo distantes de la realidad de nuestro país, cercanos a la tenencia material superflua, en sus aspiraciones alejadas del bienestar común. Ahí radica la cultura de la banalidad y de la frivolidad propia del modelo hegemónico actual.
La acumulación de problemas materiales producto de la cruenta crisis económica de la década de los 90, ha deteriorado sustancialmente los valores a nivel social. Los valores no son solo principios, sino que deben ir acompañados de comportamientos, para que no pierdan su eficacia. Si desde las prácticas contradecimos los principios, pues estamos ante una crisis de valores.
Cuba no está ajena a las influencias hegemónicas del actual mundo unipolar y supuestamente global, hay que continuar tratando de construir un modelo de bienestar alternativo “a la intemperie”, bajo todas las influencias que genera la colonización de la subjetividad, incluyéndonos, a pesar del efecto modulador de nuestras políticas sociales. En el mercado no valen los ideales, sino la capacidad de consumo, los no consumidores se vuelven seres humanos “no reconocidos”, excluidos de todo tipo de reconocimiento social.
Existe hoy en el mundo una sobresaturación de información, algunas muy buenas, pero otras plagadas de mediocridad y superficialidad. Los medios de comunicación del actual modelo hegemónico fomentan la banalidad con tal de vender más. Somos atiborrados con entretenimientos, novelas, series y películas de violencia que tienen un poder de encantamiento increíble porque atrapan, pero se corre el riesgo de ser arrastrado al ocio y a la adicción (drogas, alcohol, sexo promiscuo, dinero fácil, juegos de azar, videojuegos).
Cuando Gandhi, Premio Nobel de la Paz, señaló los siete pecados capitales de la sociedad contemporánea se refirió precisamente al contexto global en el que nos encontramos inmersos: Riqueza sin trabajo, Placer sin conciencia, Conocimiento sin utilidad, Comercio sin moralidad, Ciencia sin humildad, Adoración sin sacrificio y Política sin principios.
Por lo general, la publicidad y el mercado asocian el bienestar al placer, al tener, al éxito, al estatus.
Es cierto que si no tenemos mucha cultura, la tendencia a pensar que en el tener está el bienestar y dejarnos atrapar por todas las propuestas de consumo crece como “hierba mala”, es someternos a la ignorancia. La ética del ser requiere de una formación moral, una preparación, una educación familiar, en general una educación de mayor envergadura, y a eso es lo que tenemos que apostar como sociedad.
FOMENTAR LA SOLIDARIDAD SOCIAL
Con el fortalecimiento del trabajo por cuenta propia, la comunidad constituye el espacio vital de muchas familias. Familia-comunidad-organizaciones-trabajo se fortalecen en sus vínculos. Sin embargo, los nuevos escenarios constituyen una magnífica oportunidad para fortalecer la vida comunitaria, además de potenciar el trabajo en beneficio del bienestar común. Cuba aporta la diferencia en el sentido de solidaridad y responsabilidad social que hemos incorporado.
Se hace necesario potenciar una cultura solidaria y una responsabilidad social que sirva de antídoto a la penetración de la cultura del mercado. Es importante que la gente mantenga su eticidad solidaria, que no se fragmente el proyecto colectivo. Aunque el nombre, y no la idea del trabajo por cuenta propia sugiera una cierta desconexión social, que no representa nuestra ética solidaria.
FORTALECER EL ESPACIO COMUNITARIO
La familia y la comunidad han ganado en importancia en Cuba como escenarios de la vida en los tiempos actuales. Cuando algún visitante observa nuestro modo de vida comunitario, en ocasiones refieren que antes en su país se vivía así, pero hace más de diez años que ya se vive a “puertas cerradas” y a “casas vacías durante gran parte del día” Esto se debe, en su mayor parte, al surgimiento de nuevas tecnologías, a horarios laborales cada vez más extensos, a la frecuencia con la que cambiamos de trabajo y casa, y a ciudades cada vez más grandes y pobladas. El crecimiento exacerbado del individualismo está haciendo cada vez más difícil encontrar una sensación de comunidad. La comunidad ha sido reducida al núcleo familiar mínimo, y en estas circunstancias es muy fácil caer en el aislamiento, que conlleva a la soledad y la depresión, creando un gran colapso social, con resultados tan drásticos como incrementos en violencia, abuso de drogas y enfermedades mentales.
Cuando las personas de todas las edades, grupos sociales y culturas sienten que pertenecen a una comunidad tienden a ser más felices y saludables, y crean una red social más fuerte, estable y solidaria. Una comunidad fuerte aporta muchos beneficios, tanto al individuo como al grupo en sí, ayudando a crear una mejor sociedad en general. Nuestro gran desafío es que nuestras puertas no se cierren, que no perdamos la sensibilidad por los otros, por nuestro barrio y entorno, que sigamos preocupándonos por el bien común.
Las diferentes formas de inserción a la economía no han deteriorado sensiblemente el tejido social existente, no somos una sociedad estratificada en clases sociales, sino tejida en redes familiares, vecinales y sociales, mantenemos una ética solidaria.
Una aspiración importante es que en la comunidad se encuentren soluciones novedosas a muchos de los problemas sociales que tenemos basado fundamentalmente en esa visión de la comunidad como espacio potenciado en la solución de los problemas. Para ello se necesitará una mayor dinamización de la comunidad en su capacidad para influir en las problemáticas locales.
Es importante mantener la implicación de los ciudadanos en la vida social, preservar el cuidado de nuestros espacios, el respeto a los ancianos, los niños, las mujeres, las personas con alguna discapacidad y sobre todo, mantener la responsabilidad social en la educación de las jóvenes generaciones.
Tomando en consideración todos estos elementos, considero que tenemos una gran responsabilidad social de no perder nuestro modelo cubano de bienestar, que nuestro país cuenta con condiciones sin precedentes para marcar la diferencia, que es preciso continuar resistiendo a la colonización de la cultura y la subjetividad, que el gran desafío es seguir proponiendo otros modelos de ser humano y de colectividad que realmente indiquen caminos de verdadera humanización.
http://cubanitoencuba.com/2013/05/12/cuba-una-mirada-al-modelo-cubano-de-bienestar/
En muchas oportunidades, he preguntado a mis estudiantes cuáles serían las principales razones para decir que en Cuba es bueno vivir
La mayoría de las veces sus respuestas están relacionadas con el acceso a la salud, la educación y la seguridad social y efectivamente, estos son los pilares de nuestro modelo socialista, pero para las personas jóvenes constituyen realidades tan asumidas desde la cotidianidad que se tornan demasiado habituales o quedan congeladas en un discurso que, a fuerza de repetición, se hace irrelevante..
Yo me atrevería a decir que existe un modelo cubano de bienestar que se ha incorporado con tanta familiaridad acrítica que ha quedado invisible a nuestros ojos o paradójicamente instalado en la voz de muchos de los que ya no están, luego de haberlo perdido, o de visitantes que viven otras realidades en sus países de origen. De la vida cotidiana en Cuba, por lo general se habla de las dificultades, sobre todo de índole económica, pero pocas veces se escucha hablar de nuestras bondades y fortalezas.
Algunas experiencias profesionales vividas me han hecho pensar mucho en nuestro socialismo, visto como cultura y civilización alternativa. Cuando los psicólogos y otros especialistas participamos en el proceso de lograr el retorno del niño Elián González, emergió con mucha fuerza este tema. Más recientemente en consulta, conversando con algunos ancianos repatriados, con niños que por decisión de sus padres deben irse a residir a otros países o con jóvenes que han retornado de España luego de vivir la experiencia de ser echados a la calle por no tener trabajo ni dinero para pagar la renta, me vuelve a resurgir, a partir de sus vivencias, la idea del modelo cubano de bienestar.
Recuerdo cuando Elián estaba en Estados Unidos que el abuelo Juanito le decía telefónicamente que le estaba haciendo una chivichana para su regreso y al otro día aparecía en la pantalla televisiva que le habían regalado un carro eléctrico de juguete que parecía de verdad, si los abuelos o el padre le decían que su perrito lo extrañaba, al otro día aparecía Elián con un cachorro de labrador que le habían regalado, si le decían que le habían comprado un librito de Elpidio Valdés, aparecía Elián vestido de Batman. Sin embargo, el cariño de su familia, el amor de cuantos lo esperaron, la solidaridad de sus amiguitos del aula, de sus maestras, pudieron más que todas las cosas materiales del mundo.
Conversando hace muy poco con un adulto mayor que tomó la decisión de no regresar a EE.UU. luego de haber vivido 19 años en ese país, me decía: Es real doctora, allí se vive muy cómodo, pero eso no lo es todo en la vida, allá “no eres nadie”, no existes para nadie. Me contaba que se pasaba largas horas solo en la casa, esperando que los hijos y nietos regresaran de trabajar y de la escuela, que se quedaba encerrado porque no podía salir ya que según ellos, estaba viejo y no lo dejaban manejar, y que por el día el barrio en que él vivía parecía una maqueta, no se veía persona alguna, ni nadie tenía tiempo de dedicarte un rato para conversar. En una visita que hizo a la otra hija que vive en Cuba, decidió no regresar. Me cuenta que está haciendo ejercicios en el parque, que juega dominó por las tardes, que les repasa al otro nieto y a dos amiguitos más, que ha recuperado unos cuantos amigos de la “vieja guardia” y que con el dinerito que le mandan de allá y la ayuda de su familia aquí, tiene de sobra para cubrir sus gastos. Usando sus palabras textuales me decía: Algunos conocidos me decían que iba a venir al infierno, pero en realidad doctora, me siento en el paraíso. Evidentemente, el modo de vida que ahora lleva no será el paraíso, pero le genera mayor bienestar.
Un día me llevaron a un niño hijo de dos diplomáticos, que vino de vacaciones y no quería regresar con los padres a la misión donde ellos estaban trabajando, estaba “alzado”, en plena “huelga”, decía que lo dejaran con la abuela, que él no quería irse de nuevo, que no le gustaba estar allá. Cuando pregunté a los padres qué sucedía con el niño, me contaban que allá tenía que vivir encerrado por razones de seguridad, no tenía apenas amiguitos con quien compartir después de la escuela, y no estaban los primos, a los cuales adoraba. Desde que llega aquí es como si le dieran la carta de libertad —me decían los padres—-, se va para el parque de la esquina con los amigos del barrio, sale a pasear con los primos, juega pelota y fútbol en plena calle, se pasa el día rodeado de los abuelos, de los tíos y de los vecinos. En la entrevista con el niño me contaba que los primos le decían que él era bobo porque quería quedarse en Cuba teniendo la oportunidad de estar en otro país y el niño me decía: Yo extraño mucho cuando estoy aquí la pizza de peperones, pero te cambio un millón de pizzas por quedarme viviendo ahora mismo en Cuba.
Un joven que vino de retorno de España, me contaba que se había quedado sin trabajo y por supuesto no tenía dinero para pagar la renta, que la dueña le dio tres meses de plazo y al no tenerlo lo echó a la calle, pero lo más triste del caso es que nadie, ni sus amigos, le tendieron una mano pues le decían que dada la crisis cada cual “debería arreglárselas como pudiera” y tuvo que regresar porque la opción que tenía era o dormir en el metro o virar para la casa de sus padres aquí en Cuba. Al final, me decía, quienes están prestos a acogerte son los tuyos.
Me he quedado pensando en estos testimonios que muy bien podrían servir para tantos jóvenes que no encuentran bienestar alguno de vivir en Cuba y que solo imaginan una vida “de progreso” en el exterior o sobrevaloran la vida afuera como una vida de éxito y oportunidades, pero yo me pregunto: ¿qué tenemos aquí que falta en otros lugares? ¿Qué descubrieron el niño, el adulto mayor y el joven que vino de España, a partir de sus experiencias allá, que nosotros no vemos aquí? ¿Realmente el modelo de vida que proponen las sociedades capitalistas contemporáneas constituye actualmente un modelo de bienestar, a pesar de estar vendido por los medios de comunicación como el “sueño del progreso prometido”? ¿Hablamos hoy de buena vida o del buen vivir, de vida llena o vida plena? ¿Necesariamente el desarrollo económico y tecnológico es lo único que garantiza el bienestar personal y social?
Voy a hacer un esfuerzo de síntesis a partir de estas experiencias profesionales en lo que considero radican algunas de las bases de nuestro modelo cubano de bienestar.
EN PRIMER LUGAR EL NO SENTIMIENTO DE EXCLUSIÓN, EL NO VIVIR “ANOMIA SOCIAL”
Este es un tema de profundas connotaciones espirituales y éticas. Cuando uno llega a un barrio en Cuba y pregunta por una persona, por lo general te dicen: “Vive en aquella casa”. Los cubanos todos tenemos un nombre y una biografía porque todos tenemos espacios de pertenencia (familia, escuela, comunidad, centro de trabajo) y de participación social, todos en nuestra vida hemos asumido responsabilidades, asistimos en el barrio a las reuniones, a nuestro consultorio del médico, votamos en la misma urna, compramos los productos normados en el mercado o tenemos el mismo mensajero. Seguro que en algún momento hemos dicho: “Las mismas caras todos los días”, pero justo ahí radica un escenario vital de grandes dimensiones humanistas y solidarias.
La anomia social o en palabras del abuelo que entrevisté el “Tú no existes”, resulta una experiencia contraria a la que vivimos en Cuba, es la experiencia de vivir sin tener un lugar, sin ser reconocido o advertido, y no se trata de un lugar físico, sino de un lugar simbólico, un lugar de pertenencia y participación, un lugar que da sentido a la vida. Vivir en el “no lugar” es sentirse aislado, en soledad existencial, es sentirse extraño y ese es uno de los problemas del mundo actual. Incluso los lugares donde hoy coexisten muchas personas, más que lugares de encuentro son especialmente “no lugares”. Resulta increíble que en un metro puedan ir diariamente cientos de personas que no intercambian palabra alguna y que muestran mayor contacto con los medios tecnológicos en una especie de autismo técnico, que de persona a persona. Otro “no lugar” son los aeropuertos y los moles (catedrales del consumo): mucha gente a tu alrededor y absolutamente ningún contacto. Si te caes nadie te recoge, porque además, existen tantas leyes de “derechos ciudadanos” que supuestamente protegen a las personas desde una visión individualista, que nadie te toca no vaya a ser que te acusen de acoso sexual. Están legislados el “no contacto” y la indiferencia.
Hoy en día la realidad social en otros países hace que cada vez estemos más excluidos que incluidos. Amén de la existencia de desigualdades sociales como consecuencia de las realidades económicas actuales en Cuba, nuestras políticas promueven la inclusión social conducente a borrar la distancia de género, color de la piel, capacidades físicas, orientación sexual. Cuba, como sistema social, a pesar de todas las dificultades y contradicciones, intenta construir un mundo donde todos quepamos, y donde la reciprocidad humana espontánea se da a partir de estas condiciones. En “la otra geografía”, en el mapa de la globalización neoliberal, dividida en clases, los nexos interpersonales están dañados por disímiles diferencias y los unos quedan alejados de los otros por fronteras invisibles, que laceran la integridad y la participación.
LOS DIVERSOS ESPACIOS DE SOCIALIZACIÓN
Los espacios de socialización son muy importantes en la vida, el entramado social es el recurso, el sostén para todo sujeto, pues está claro que ciertamente es en él que una persona puede desarrollarse en su potencial con plenitud. Las familias viven actualmente en aislamiento en muchas partes del mundo y mientras mayor es el nivel de vida, mayor es el modo de vida enclaustrado. Nadie conoce al vecino de al lado, nadie sabe quién es, dentro de las casas los miembros no tienen muchos espacios cara a cara, porque la invasión de la tecnología es tal que un padre puede estar chateando con un colega en Japón y no tiene la menor idea de lo que le sucede al hijo en el cuarto contiguo. En estudios que se han realizado en diferentes partes del mundo, el tiempo de conversación mirándose a los ojos, que un padre (especialmente el papá) dedica a sus hijos, no pasa de 15 minutos diarios.
Uno de los grandes impactos del modelo capitalista hegemónico actual es el poco tiempo para la familia u otros espacios comunitarios, los días entre semana la familia como grupo “no existe”, los horarios extensivos e intensivos de trabajo, el pluriempleo de los padres para poder solventar las cada vez mayores exigencias del consumo, hacen que aquellos viejos rituales y tradiciones familiares se hayan desterrado de la vida cotidiana. Los psicólogos y sociólogos de muchos países plantean que el mayor impacto de esta realidad son la soledad infantil y la ausencia de vínculos en el anciano. Muchos niños de la clase media o media alta llegan de la escuela sin que asome en el hogar un rostro adulto hasta horas avanzadas o permanecen con una nana que brinda comida, pero no puede suplir el afecto y la atención de los padres.
Los medios tecnológicos aparecen como el antídoto a la soledad, pero sin ninguna restricción de los adultos, lo que puede producir adicción a los videos juegos, incrementar la violencia e incentivar la erotización temprana. Es poco frecuente que los niños o adolescentes dispongan en el mundo de hoy de las plazas públicas, las calles y los parques al aire libre como lugares de encuentro porque no hay seguridad ciudadana para ello. Los universos espacio-temporales de la red urbana destinados a la juventud, son vistos por los adultos como lugares de amenaza y peligro más que de esparcimiento y construcción de lazos sociales. En Cuba los parques y las plazas siguen siendo lugares de socialización de diferentes generaciones.
La familia cubana está tejida en redes sociales de intercambio, con los vecinos, con las organizaciones, con la escuela, con los parientes, incluidos los emigrados. Lo característico del modo de vida de los cubanos son los espacios de socialización, el tejido social que no excluye y deja sin nombre a nadie. Yo diría que la célula básica de la sociedad en Cuba, además de la familia como hogar, la constituye la red de intercambio social familiar y vecinal, ese tejido social en redes, representa una de las fortalezas invisibles más grandes que tiene el modelo cubano de bienestar, es ahí donde radica el mayor logro de nuestro proceso social, la solidaridad social, la contención social, el intercambio social permanente. Ese capital es solo perceptible para el que lo pierde y comienza a vivir otra vida fuera del país.
A pesar de que tenemos dificultades económicas y problemas no resueltos, la familia en Cuba existe. La familia cubana comienza a vivir intensamente después que los niños salen de la escuela y los niños, jóvenes y adolescentes hacen vida familiar-comunitaria a partir de su salida de los centros escolares. La vida familiar en Cuba no se produce a puerta cerrada. La puerta de un hogar cubano puede ser tocada muchas veces por los agentes de fumigación, por los vecinos, por la enfermera, por los dirigentes de base, por los “puerta-propistas”. Hay que salir diariamente al mercado, ir a casa de los vecinos para recoger mandados, botar la basura, ir a la farmacia, buscar a los niños en la escuela. La vida familiar en Cuba es multigeneracional, donde todas las edades se mantienen interactuando, la mayoría de los adultos mayores no viven en asilos, su verdadero espacio por lo general es la comunidad.
LA SOLIDARIDAD SOCIAL A CONTRACORRIENTE DEL INDIVIDUALISMO
En el escenario internacional actual el bien individual es más importante que el bien social, el modelo de desarrollo económico pone a las personas ante el deseo de vivir “mejor” (a veces a costa de los demás) por encima del vivir todos bien. Hoy en día la gente dice “yo no le hago mal a nadie, que nadie se meta en mi vida, a mí me gusta, a mí me va bien, es mi cuerpo, es mi vida, es mi espacio”,eligen la actuación que maximice los beneficios y las ganancias. El “nosotros” se sustituye por el yo. La conducta egoísta en este mundo hegemónico actual es denominada y bien ponderada como “racionalidad instrumental” cuando en realidad esa racionalidad lo que esconde es una gran insensibilidad social.
En nuestro país existe la solidaridad social, aunque hoy vivimos una suerte de paralelismo entre nuestros comportamientos solidarios y la insensibilidad de algunas personas. La socialización del transporte o “botella”, por ejemplo, el hacer de tus vecinos, tu familia, la socialización vecinal de teléfonos particulares, el pasarse los uniformes escolares, algunas medicinas, el brindar tu casa particular como aula después de un ciclón que afectó la escuela, son ejemplos de nuestro intercambio solidario. Me contaba una joven que estudiaba en la escuela Lenin que en el grupo de sus amiguitas, además de ser una práctica generalizada de los grupos, se juntaba cada semana lo que traían de la casa para repartírselos equitativamente y así todas comían lo mismo, independientemente de que algunas podían traer más cosas y otras no traían casi nada. Para ellas lo más importante eran la amistad y la hermandad.
LA CREATIVIDAD E INTELIGENCIA COLECTIVA
En Cuba, además de que puedes conversar y tener múltiples intercambios sociales, puedes darte el lujo de una buena charla con muchas personas. Todos sabemos de algo, todos podemos dar una opinión o podemos tener buenas ideas, tenemos cultura política, cultura deportiva o algunos saben mucho de arte. Tenemos capital cultural acumulado y eso es parte de nuestro patrimonio social y del bienestar invisible. No somos para nada ignorantes, resultado de los niveles educacionales alcanzados. Los cubanos y las cubanas impresionamos por nuestra capacidad para conversar, para emitir ideas y criterios. Uno de los grandes problemas que tengo como psicóloga clínica, cuando atiendo a las personas, es que se me va el tiempo, porque estamos acostumbrados a conversar, algunos me traen una lista de cosas escritas para que no se les escape lo que desean decir. Estamos acostumbrados a regalarnos tiempo y eso es un lujo en los momentos actuales, cuando nadie tiene tiempo que ofrecer, donde en todas partes del mundo se vive el síndrome de la prisa.
En mis visitas a impartir docencia a países latinoamericanos, en los trabajos de estudios de familia que deben presentar en clases, los estudiantes presentan una realidad familiar-social que me deja perpleja, por la carga de problemas sociales acumulados, no solo en familias pobres, sino de cualquier clase social. Me doy cuenta por lo que escucho, que nosotros estamos a siglos de distancia, porque el tema no es económico, sino de ignorancia, de pobreza mental acumulada, de estigmas sociales, prejuicios de clase, de género, de raza, violencia contra la mujer, soluciones mágicas a los problemas sin fundamento científico, abuso sexual infantil, poligamia, taras genéticas por una sexualidad irresponsable o sexo entre parientes, todo ello son problemas cotidianos. Son los problemas asociados al desamparo social, a la ausencia de programas sociales de prevención. Para nosotros es excepción lo que para ellos es cotidiano.
Como profesora siento que nuestra población es culta y desarrollada, y lo vivimos sin apenas darnos cuenta y aunque lo cotidiano aparenta ser intrascendente, es el gran telón de fondo de la historia. Algunos jóvenes emigrados suelen darse cuenta de esta realidad social tan diferente con la que tienen que aprender a lidiar.
¿CÓMO POTENCIAR NUESTRO MODELO CUBANO DE BIENESTAR?
El nuevo modelo económico tiene, entre sus objetivos, incrementar la productividad. Con el nuevo modelo económico el gran desafío es fortalecer nuestra propuesta cubana de bienestar que representa una alternativa al anti-modelo dominante, una concepción que también comparten y reiteran prácticamente todos los pueblos indígenas del continente y del mundo y proviene de una larga tradición dentro de diversas manifestaciones religiosas. Todas estas visiones, incluida la cubana, es que el objetivo global del desarrollo, que no es tener cada vez más, sino ser más, no es atesorar más riqueza, sino más humanidad. Se expresa en su insistencia en vivir bien en vez de mejor, lo que implica solidaridad entre todos, prácticas de reciprocidad y el deseo de lograr o restaurar los equilibrios con el medio ambiente y a la vez mejorar las condiciones de vida de la población. Sin embargo, la mejora en las condiciones de vida no va a revertir sola los problemas de índole social que hemos acumulado. La dimensión económica no puede aislarse de las dimensiones sociales, culturales, históricas y políticas que otorgan al desarrollo un carácter integral e interdisciplinario, para recuperar como objeto fundamental el sentido del bienestar y del buen convivir.
No hay que ser un científico social para percatarnos de que, al margen de las condiciones de vida, en nuestro país existen muchas personas y familias que más que pobreza material ya tienen instalada la pobreza espiritual. Algunas familias tienen pobreza mental, expresada en sus estrategias de vida alejadas de los más elementales comportamientos decentes, en sus patrones de consumo distantes de la realidad de nuestro país, cercanos a la tenencia material superflua, en sus aspiraciones alejadas del bienestar común. Ahí radica la cultura de la banalidad y de la frivolidad propia del modelo hegemónico actual.
La acumulación de problemas materiales producto de la cruenta crisis económica de la década de los 90, ha deteriorado sustancialmente los valores a nivel social. Los valores no son solo principios, sino que deben ir acompañados de comportamientos, para que no pierdan su eficacia. Si desde las prácticas contradecimos los principios, pues estamos ante una crisis de valores.
Cuba no está ajena a las influencias hegemónicas del actual mundo unipolar y supuestamente global, hay que continuar tratando de construir un modelo de bienestar alternativo “a la intemperie”, bajo todas las influencias que genera la colonización de la subjetividad, incluyéndonos, a pesar del efecto modulador de nuestras políticas sociales. En el mercado no valen los ideales, sino la capacidad de consumo, los no consumidores se vuelven seres humanos “no reconocidos”, excluidos de todo tipo de reconocimiento social.
Existe hoy en el mundo una sobresaturación de información, algunas muy buenas, pero otras plagadas de mediocridad y superficialidad. Los medios de comunicación del actual modelo hegemónico fomentan la banalidad con tal de vender más. Somos atiborrados con entretenimientos, novelas, series y películas de violencia que tienen un poder de encantamiento increíble porque atrapan, pero se corre el riesgo de ser arrastrado al ocio y a la adicción (drogas, alcohol, sexo promiscuo, dinero fácil, juegos de azar, videojuegos).
Cuando Gandhi, Premio Nobel de la Paz, señaló los siete pecados capitales de la sociedad contemporánea se refirió precisamente al contexto global en el que nos encontramos inmersos: Riqueza sin trabajo, Placer sin conciencia, Conocimiento sin utilidad, Comercio sin moralidad, Ciencia sin humildad, Adoración sin sacrificio y Política sin principios.
Por lo general, la publicidad y el mercado asocian el bienestar al placer, al tener, al éxito, al estatus.
Es cierto que si no tenemos mucha cultura, la tendencia a pensar que en el tener está el bienestar y dejarnos atrapar por todas las propuestas de consumo crece como “hierba mala”, es someternos a la ignorancia. La ética del ser requiere de una formación moral, una preparación, una educación familiar, en general una educación de mayor envergadura, y a eso es lo que tenemos que apostar como sociedad.
FOMENTAR LA SOLIDARIDAD SOCIAL
Con el fortalecimiento del trabajo por cuenta propia, la comunidad constituye el espacio vital de muchas familias. Familia-comunidad-organizaciones-trabajo se fortalecen en sus vínculos. Sin embargo, los nuevos escenarios constituyen una magnífica oportunidad para fortalecer la vida comunitaria, además de potenciar el trabajo en beneficio del bienestar común. Cuba aporta la diferencia en el sentido de solidaridad y responsabilidad social que hemos incorporado.
Se hace necesario potenciar una cultura solidaria y una responsabilidad social que sirva de antídoto a la penetración de la cultura del mercado. Es importante que la gente mantenga su eticidad solidaria, que no se fragmente el proyecto colectivo. Aunque el nombre, y no la idea del trabajo por cuenta propia sugiera una cierta desconexión social, que no representa nuestra ética solidaria.
FORTALECER EL ESPACIO COMUNITARIO
La familia y la comunidad han ganado en importancia en Cuba como escenarios de la vida en los tiempos actuales. Cuando algún visitante observa nuestro modo de vida comunitario, en ocasiones refieren que antes en su país se vivía así, pero hace más de diez años que ya se vive a “puertas cerradas” y a “casas vacías durante gran parte del día” Esto se debe, en su mayor parte, al surgimiento de nuevas tecnologías, a horarios laborales cada vez más extensos, a la frecuencia con la que cambiamos de trabajo y casa, y a ciudades cada vez más grandes y pobladas. El crecimiento exacerbado del individualismo está haciendo cada vez más difícil encontrar una sensación de comunidad. La comunidad ha sido reducida al núcleo familiar mínimo, y en estas circunstancias es muy fácil caer en el aislamiento, que conlleva a la soledad y la depresión, creando un gran colapso social, con resultados tan drásticos como incrementos en violencia, abuso de drogas y enfermedades mentales.
Cuando las personas de todas las edades, grupos sociales y culturas sienten que pertenecen a una comunidad tienden a ser más felices y saludables, y crean una red social más fuerte, estable y solidaria. Una comunidad fuerte aporta muchos beneficios, tanto al individuo como al grupo en sí, ayudando a crear una mejor sociedad en general. Nuestro gran desafío es que nuestras puertas no se cierren, que no perdamos la sensibilidad por los otros, por nuestro barrio y entorno, que sigamos preocupándonos por el bien común.
Las diferentes formas de inserción a la economía no han deteriorado sensiblemente el tejido social existente, no somos una sociedad estratificada en clases sociales, sino tejida en redes familiares, vecinales y sociales, mantenemos una ética solidaria.
Una aspiración importante es que en la comunidad se encuentren soluciones novedosas a muchos de los problemas sociales que tenemos basado fundamentalmente en esa visión de la comunidad como espacio potenciado en la solución de los problemas. Para ello se necesitará una mayor dinamización de la comunidad en su capacidad para influir en las problemáticas locales.
Es importante mantener la implicación de los ciudadanos en la vida social, preservar el cuidado de nuestros espacios, el respeto a los ancianos, los niños, las mujeres, las personas con alguna discapacidad y sobre todo, mantener la responsabilidad social en la educación de las jóvenes generaciones.
Tomando en consideración todos estos elementos, considero que tenemos una gran responsabilidad social de no perder nuestro modelo cubano de bienestar, que nuestro país cuenta con condiciones sin precedentes para marcar la diferencia, que es preciso continuar resistiendo a la colonización de la cultura y la subjetividad, que el gran desafío es seguir proponiendo otros modelos de ser humano y de colectividad que realmente indiquen caminos de verdadera humanización.
http://cubanitoencuba.com/2013/05/12/cuba-una-mirada-al-modelo-cubano-de-bienestar/
#Ejecucion
Queequeg - 2013-04-12 21:12:48
Cortometraje en apoyo a la lucha ciudadana contra los desahucios, de la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) y en favor de la ILP (paremos los desahucios, dación en pago, alquiler social).
Protagonizado por Laura Dominguez y Carlos serrano. Producido colectivamente por Audiovisual Working Class ( técnicos de cine y TV, militantes del sindicato TACEE)
Protagonizado por Laura Dominguez y Carlos serrano. Producido colectivamente por Audiovisual Working Class ( técnicos de cine y TV, militantes del sindicato TACEE)
Muñoz Molina, el tibio
amira - 2012-09-26 14:28:52
Una entrevista con el escritor español Antonio Muñoz Molina a propósito de España, de la guerra civil y de su libro La noche de los tiempos.
He tenido la oportunidad de conocer personalmente a algunos escritores que admiro. Debo señalar que no siempre estos encuentros han sido felices. En algunos casos han resultado incluso decepcionantes. No porque yo espere que el autor sea un tipo simpático ni mucho menos. Lo único que espero es que se parezca a sus libros. La decepción viene cuando la persona real no coincide con la imagen que me he hecho de ella a través de su obra. Lo cual, por supuesto, no es culpa del escritor en cuestión. Pero en ningún caso eso ha influido en la opinión que me haya creado previamente sobre sus libros que me seguirán gustando si ese era el caso.
Lo que más me impresionó de Antonio Muñoz Molina -por estos días en la ciudad de Ámsterdam invitado a pasar seis semanas como ‘escritor residente’ por el Letterenfonds- es que es exactamente igual a como me lo había imaginado. Es decir, exactamente igual a como, a mi juicio, él se revela en sus libros. Casi al final de la entrevista que me concedió una mañana de septiembre, y a propósito de una frase suya en la novela La noche de los tiempos, me comentó con una sonrisa: “Ayer me dijo mi esposa una cosa que me gustó mucho. Me dijo, un escritor debe avergonzarse a veces un poco de lo que haya escrito. Avergonzarse en el sentido de que debería darle pudor haber sido demasiado franco en lo que ha escrito. Avergonzarse, no por haberlo escrito, sino por haber mostrado demasiado”.
Bueno, Muñoz Molina bien podría morir de vergüenza. Toda su obra es una revelación de sí mismo. Por fortuna, pues en eso radica buena parte de su fuerza y su atractivo. La fuerte carga autobiográfica de sus personajes y circunstancias es lo que hace fascinante la elaboración de uno de los temas más recurrentes de sus libros, España, la prodigiosa transformación de ese país en unas cuantas décadas. La franqueza desprejuiciada con la que el escritor describe la España rural de su niñez y su primera juventud, Úbeda, es la misma de Muñoz Molina cuando habla. Alguien a quien le gusta llamar al pan pan y al vino vino.
El jinete polaco (1991), otra de sus obras mayores, “trata de ese cambio de mi generación, un cambio con partes buenas y malas, que se hace rápidamente y desigualmente. Pero es un cambio. Antes de 1975 España era un país patriarcal y ahora es un país igualitario. Cuando una dictadura dura mucho las cosas tardan mucho en cambiar. Pero cambian. En España hay bastante mujeres con posiciones de responsabilidad en cargos, hay aceptación de la homosexualidad… ”. Muñoz Molina recuerda a un chico de su pueblo, un joven hijo de inmigrantes que regresaba de vacaciones al pueblo con una novia holandesa. “Dormían los dos en el mismo cuarto sin estar casados. Esto era motivo de escándalo, pero te permitía ver que hay otro mundo posible”.
Desmitificación de la guerra. “Los hunos y los hotros”
“Nunca había entrado directamente en materia en asuntos políticos … como en La noche de los tiempos. Dice Muñoz Molina a propósito de su última gran obra en la que se mete de lleno en un escenario de guerra, en el desorden sangriento que se apodera de Madrid el verano de 1936, en los comienzos de la guerra civil. “Las tragedias del pasado pueden determinar la vida de un país durante mucho tiempo”.
En la última década ha habido en España una gran producción de obras con el tema de la guerra civil. Muchos escritores e intelectuales se han puesto a reflexionar y a proponer interpretaciones sobre lo que pasó en la guerra. ¿A qué obedece este súbito interés por un tema que había quedado relegado en años anteriores? ¿Sigue siendo la guerra parte muy viva del imaginario público español? ¿Hay todavía mucho que decir, muchas cosas oscuras?
“En los años 2000, años de Zapatero, se puso de moda la guerra civil y se decía que nunca se habían tratado antes esos temas que ahora se estaban descubriendo. Muchos dijeron eso, que había habido en España un silencio, un silencio asustado”. Esto es algo que irrita a Muñoz Molina porque, “… no es verdad. Se habían escrito cientos de libros, lo que pasaba era que no les habían prestado atención”. No está de acuerdo con que se diga que solamente ahora comienzan los intelectuales españoles a cuestionarse la guerra. “Yo, en mi propio trabajo, desde mi primera novela he tratado ese tema, de cómo la memoria del pasado se integra en el presente y cómo el pasado actúa sobre nosotros… Cuando yo hice mi primera novela en 1986, recuerdo que recibí un reproche, ¡hombre, una novela con la guerra civil! No estaba de moda. En los años ochenta en España había que ser moderno, había que ser almodovariano”.
Hoy día la guerra es tema de actualidad e incluso bandera política. Algunos sectores de izquierda se han propuesto remover los escombros de la guerra, encontrar las fosas con los cuerpos para darles sepultura. ¿Dónde están los restos de García Lorca? Hace un par de años el Poder Judicial español suspendió al juez Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional por investigar los crímenes del franquismo. La derecha post franquista preferiría pasar la página pero protesta sin embargo por el retiro de las estatuas de Franco de las plazas públicas. ¿Serían estos dos sectores todavía los representantes de las llamadas “dos Españas”?
“Nunca ha habido dos Españas, eso es un invento”. Este punto de vista de Muñoz Molina queda claro en La noche de los tiempos, obra en la que el autor se propuso, con éxito, desmitificar una guerra que ha sido romantizada al máximo, que ha quedado en la memoria –no sólo de los españoles sino de todo el mundo- como un evento heroico en el que la barbarie se enfrentó a la democracia. Muñoz Molina piensa que una de las funciones de la literatura, al igual que la historia, es “mostrar que las cosas no son simples, que son complejas. Que la realidad es más compleja de lo que parece. Para simplificaciones están las ideologías y los catecismos”. Los que en la década pasada comenzaron a escribir sobre la guerra “tenían además un recuerdo terriblemente sectario y simplificador, poco sofisticado políticamente, un recuerdo de reivindicación del bando republicano en la guerra civil, como si la República y la guerra civil hubieran sido una cosa de buenos y malos, una cosa simplista”. Resalta también que en España se comenzó a ver la guerra no como una desgracia -lo que había sido- convirtiéndola en una especie de épica entre un bando de heroicos y un bando de malvados. “No había dos Españas, había muchas cosas diferentes. Tampoco la guerra era inevitable”.
En esta obra, Muñoz Molina nos deja ver las diferentes fuerzas que se expresaron durante la guerra civil. Lo interesante es que lo hace desde la perspectiva de un escéptico -un tibio, como llamaban entonces a gente como Ignacio Abel, el protagonista de la novela- un hombre que aunque tiene unas claras simpatías políticas, predomina en él su espíritu humanista, crítico, racional, despojado de prejuicios políticos, que condena los abusos que se cometen de lado y lado. Un hombre que no quiere tomar partido porque ha visto que la barbarie se expresa en todas las huestes. “Los hunos y los hotros”, expresión que José Bergamín le atribuye en el libro a un Miguel de Unamuno decepcionado por lo que estaba sucediendo en el país, y que Abel/Muñoz Molina no desaprobaría. Este es quizás el mayor mérito de la obra, la distancia con la que el personaje observa los acontecimientos a pesar de que él mismo, su familia, sus amigos, su amante, todos se hallan envueltos fatalmente en la historia.
“Una cosa que tenían en común todas las personas que conocí de niño que habían estado en la guerra, también mi propio abuelo, era que casi todos habían ido forzados. Eso es muy importante, es algo que no se dice en los libros de historia, ni siquiera en las novelas, que la gente va a la fuerza… Mi abuelo paterno se pasó los tres años en el centro. Decía que él nunca había apuntado para matar a nadie, que ellos no le habían hecho nada”. Esto es también parte de la visión desmitificadora del autor y de su personaje el arquitecto Abel, porque el caos, la destrucción y la sangre que generan las guerras no son en ningún caso una alternativa deseable.
El proceso de creación: la semilla
La noche de los tiempos no resulta fascinante solamente por su temática, sino también por la manera como está construida. A medida que se va avanzando en la lectura de sus casi mil páginas tenemos la impresión de que progresamos por las formas cilíndricas de una espiral, como andar por la arquitectura interior de un caracol. Es la manera como se mueve el narrador por la cabeza de Ignacio Abel. ¿Cómo se crea una novela como ésta?
“Este es un trabajo que no planeas, es algo en lo que te encuentras de pronto. La obra fue saliendo según avanzaba la escritura. Esta novela fue el resultado de una explosión inesperada. Estaba pensando hacer una cosa y de pronto surgió otra. Lo que pensaba hacer adquirió una dimensión involuntaria. Siempre lo que he escrito ha sido en parte resultado de una sorpresa, me lo he encontrado”.
Dice que por lo general sus obras parten de una semilla. Lo que caracteriza una semilla es que es algo muy pequeño pero con un gran potencial. “En este caso tenía una idea muy simple. Siempre me ha llamado la atención escribir sobre el desplazamiento de la gente, sobre los exilios, ya sean voluntarios o no. Esa idea me vino del tiempo que trabajé en una pequeña universidad en los Estados Unidos, un día viajando por la orilla del río Hudson. El tren salía de Nueva York. Iba solo. Me llevaron a una casa de invitados. Entonces empecé a pensar en un cuento que fuera la historia de alguien que viene de un mundo conflictivo y que llega a ese lugar. El profesor que me había invitado a esa universidad era un exiliado rumano. En esa universidad está enterrada Hannah Arendt. Me enseñaron unos pabellones muy interesantes construidos entre bosques con una arquitectura de los años treinta hechos por un arquitecto alemán que había venido de Europa. Entonces empecé a escribir una historia sobre un exiliado yugoeslavo que llega allí en los años después de la guerra. Ese escritor habla una lengua que sólo habla el profesor que lo ha invitado. Pero todo esto es visto desde el tren en que viaja… Después pensé que podía ser un profesor español en la época de la guerra civil, y pensé en la historia del poeta Pedro Salinas, que se había enamorado en Madrid de una estudiante americana que había ido a Madrid a hacer su tesis y a quien había dedicado sus poemas más importantes. Esto me llevó a la historia real de Salinas, a la historia de su familia, la de su esposa que cuando se entera intenta suicidarse tirándose a un río”.
Así empezó a crecer la obra. A partir de los dos personajes centrales, luego el tren, luego la esposa que empieza siendo una sombra y que va tomando presencia. “Adela, la esposa, inicialmente era un personaje secundario, pero el arte de la novela es ver la historia desde el punto de vista de cada persona, no hay personajes secundarios, todos son protagonistas”.
El otro personaje clave es el profesor Rossman, un judío alemán, que nos transporta constantemente al tema de la arbitrariedad e irracionalidad de la guerra. “Rossman está basado físicamente en un señor que yo conocí en Nueva York que había huido de Rumania a los doce años. Era un gran hispanista. A sus 79 años seguía soñando con la Gestapo. Eso me pareció terrible”. En el libro, Rossman, exiliado en Madrid huyendo del horror de los nazi, se ve ahora confrontado al horror de una guerra que lo percibe, en tanto que alemán, como alguien sospechoso. La víctima del nazismo termina por pura confusión siendo víctima de los republicanos españoles. “Mi editora americana es una señora de origen yugoeslavo, serbia que vivía en un pueblo de mayoría croata. Un día llegaron los vecinos y se llevaron a su padre y hermano y los mataron”. Para Muñoz Molina nada justifica la violencia. Y se pregunta, “¿hasta qué grado de parentesco estarías dispuesto a justificar la violencia, un sobrino, un hijo? ¿Dónde paramos?”.
Seis semanas ha estado Muñoz Molina en Ámsterdam en un mini exilio de su casa de Madrid. En una entrada de agosto en su blog habla sobre este viaje y la pena que en el fondo le causa dejar Madrid este verano, irse de casa, “dejar mi cuarto, mis papeles, mis libros y mi música”, a pesar del entusiasmo que le suscita también la novedad de un sitio por descubrir. Si nos guiamos por sus Cuadernos de Ámsterdam -las páginas breves de un diario que fue surgiendo a partir de imágenes concretas, una persona en la calle, un parque, una plaza- su entusiasmo sólo se acrecentó con el descubrimiento paulatino, día a día, de la ciudad. “Gracias a la bicicleta llego tan lejos algunas mañanas que se me acaba la ciudad”, dice en otra entrada.
Quién sabe qué cosas se le habrán pasado ahora por la mente a este hombre del sur recorriendo una ciudad del norte en un comienzo de otoño lluvioso. Qué paisajes urbanos, qué gentes vistos desde su deambular en bicicleta, qué fantasía recreada a partir de un Vermeer del Rijksmuseum son ya la semilla de una historia que comienza a germinar en su cabeza.
He tenido la oportunidad de conocer personalmente a algunos escritores que admiro. Debo señalar que no siempre estos encuentros han sido felices. En algunos casos han resultado incluso decepcionantes. No porque yo espere que el autor sea un tipo simpático ni mucho menos. Lo único que espero es que se parezca a sus libros. La decepción viene cuando la persona real no coincide con la imagen que me he hecho de ella a través de su obra. Lo cual, por supuesto, no es culpa del escritor en cuestión. Pero en ningún caso eso ha influido en la opinión que me haya creado previamente sobre sus libros que me seguirán gustando si ese era el caso.
Lo que más me impresionó de Antonio Muñoz Molina -por estos días en la ciudad de Ámsterdam invitado a pasar seis semanas como ‘escritor residente’ por el Letterenfonds- es que es exactamente igual a como me lo había imaginado. Es decir, exactamente igual a como, a mi juicio, él se revela en sus libros. Casi al final de la entrevista que me concedió una mañana de septiembre, y a propósito de una frase suya en la novela La noche de los tiempos, me comentó con una sonrisa: “Ayer me dijo mi esposa una cosa que me gustó mucho. Me dijo, un escritor debe avergonzarse a veces un poco de lo que haya escrito. Avergonzarse en el sentido de que debería darle pudor haber sido demasiado franco en lo que ha escrito. Avergonzarse, no por haberlo escrito, sino por haber mostrado demasiado”.
Bueno, Muñoz Molina bien podría morir de vergüenza. Toda su obra es una revelación de sí mismo. Por fortuna, pues en eso radica buena parte de su fuerza y su atractivo. La fuerte carga autobiográfica de sus personajes y circunstancias es lo que hace fascinante la elaboración de uno de los temas más recurrentes de sus libros, España, la prodigiosa transformación de ese país en unas cuantas décadas. La franqueza desprejuiciada con la que el escritor describe la España rural de su niñez y su primera juventud, Úbeda, es la misma de Muñoz Molina cuando habla. Alguien a quien le gusta llamar al pan pan y al vino vino.
El jinete polaco (1991), otra de sus obras mayores, “trata de ese cambio de mi generación, un cambio con partes buenas y malas, que se hace rápidamente y desigualmente. Pero es un cambio. Antes de 1975 España era un país patriarcal y ahora es un país igualitario. Cuando una dictadura dura mucho las cosas tardan mucho en cambiar. Pero cambian. En España hay bastante mujeres con posiciones de responsabilidad en cargos, hay aceptación de la homosexualidad… ”. Muñoz Molina recuerda a un chico de su pueblo, un joven hijo de inmigrantes que regresaba de vacaciones al pueblo con una novia holandesa. “Dormían los dos en el mismo cuarto sin estar casados. Esto era motivo de escándalo, pero te permitía ver que hay otro mundo posible”.
Desmitificación de la guerra. “Los hunos y los hotros”
“Nunca había entrado directamente en materia en asuntos políticos … como en La noche de los tiempos. Dice Muñoz Molina a propósito de su última gran obra en la que se mete de lleno en un escenario de guerra, en el desorden sangriento que se apodera de Madrid el verano de 1936, en los comienzos de la guerra civil. “Las tragedias del pasado pueden determinar la vida de un país durante mucho tiempo”.
En la última década ha habido en España una gran producción de obras con el tema de la guerra civil. Muchos escritores e intelectuales se han puesto a reflexionar y a proponer interpretaciones sobre lo que pasó en la guerra. ¿A qué obedece este súbito interés por un tema que había quedado relegado en años anteriores? ¿Sigue siendo la guerra parte muy viva del imaginario público español? ¿Hay todavía mucho que decir, muchas cosas oscuras?
“En los años 2000, años de Zapatero, se puso de moda la guerra civil y se decía que nunca se habían tratado antes esos temas que ahora se estaban descubriendo. Muchos dijeron eso, que había habido en España un silencio, un silencio asustado”. Esto es algo que irrita a Muñoz Molina porque, “… no es verdad. Se habían escrito cientos de libros, lo que pasaba era que no les habían prestado atención”. No está de acuerdo con que se diga que solamente ahora comienzan los intelectuales españoles a cuestionarse la guerra. “Yo, en mi propio trabajo, desde mi primera novela he tratado ese tema, de cómo la memoria del pasado se integra en el presente y cómo el pasado actúa sobre nosotros… Cuando yo hice mi primera novela en 1986, recuerdo que recibí un reproche, ¡hombre, una novela con la guerra civil! No estaba de moda. En los años ochenta en España había que ser moderno, había que ser almodovariano”.
Hoy día la guerra es tema de actualidad e incluso bandera política. Algunos sectores de izquierda se han propuesto remover los escombros de la guerra, encontrar las fosas con los cuerpos para darles sepultura. ¿Dónde están los restos de García Lorca? Hace un par de años el Poder Judicial español suspendió al juez Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional por investigar los crímenes del franquismo. La derecha post franquista preferiría pasar la página pero protesta sin embargo por el retiro de las estatuas de Franco de las plazas públicas. ¿Serían estos dos sectores todavía los representantes de las llamadas “dos Españas”?
“Nunca ha habido dos Españas, eso es un invento”. Este punto de vista de Muñoz Molina queda claro en La noche de los tiempos, obra en la que el autor se propuso, con éxito, desmitificar una guerra que ha sido romantizada al máximo, que ha quedado en la memoria –no sólo de los españoles sino de todo el mundo- como un evento heroico en el que la barbarie se enfrentó a la democracia. Muñoz Molina piensa que una de las funciones de la literatura, al igual que la historia, es “mostrar que las cosas no son simples, que son complejas. Que la realidad es más compleja de lo que parece. Para simplificaciones están las ideologías y los catecismos”. Los que en la década pasada comenzaron a escribir sobre la guerra “tenían además un recuerdo terriblemente sectario y simplificador, poco sofisticado políticamente, un recuerdo de reivindicación del bando republicano en la guerra civil, como si la República y la guerra civil hubieran sido una cosa de buenos y malos, una cosa simplista”. Resalta también que en España se comenzó a ver la guerra no como una desgracia -lo que había sido- convirtiéndola en una especie de épica entre un bando de heroicos y un bando de malvados. “No había dos Españas, había muchas cosas diferentes. Tampoco la guerra era inevitable”.
En esta obra, Muñoz Molina nos deja ver las diferentes fuerzas que se expresaron durante la guerra civil. Lo interesante es que lo hace desde la perspectiva de un escéptico -un tibio, como llamaban entonces a gente como Ignacio Abel, el protagonista de la novela- un hombre que aunque tiene unas claras simpatías políticas, predomina en él su espíritu humanista, crítico, racional, despojado de prejuicios políticos, que condena los abusos que se cometen de lado y lado. Un hombre que no quiere tomar partido porque ha visto que la barbarie se expresa en todas las huestes. “Los hunos y los hotros”, expresión que José Bergamín le atribuye en el libro a un Miguel de Unamuno decepcionado por lo que estaba sucediendo en el país, y que Abel/Muñoz Molina no desaprobaría. Este es quizás el mayor mérito de la obra, la distancia con la que el personaje observa los acontecimientos a pesar de que él mismo, su familia, sus amigos, su amante, todos se hallan envueltos fatalmente en la historia.
“Una cosa que tenían en común todas las personas que conocí de niño que habían estado en la guerra, también mi propio abuelo, era que casi todos habían ido forzados. Eso es muy importante, es algo que no se dice en los libros de historia, ni siquiera en las novelas, que la gente va a la fuerza… Mi abuelo paterno se pasó los tres años en el centro. Decía que él nunca había apuntado para matar a nadie, que ellos no le habían hecho nada”. Esto es también parte de la visión desmitificadora del autor y de su personaje el arquitecto Abel, porque el caos, la destrucción y la sangre que generan las guerras no son en ningún caso una alternativa deseable.
El proceso de creación: la semilla
La noche de los tiempos no resulta fascinante solamente por su temática, sino también por la manera como está construida. A medida que se va avanzando en la lectura de sus casi mil páginas tenemos la impresión de que progresamos por las formas cilíndricas de una espiral, como andar por la arquitectura interior de un caracol. Es la manera como se mueve el narrador por la cabeza de Ignacio Abel. ¿Cómo se crea una novela como ésta?
“Este es un trabajo que no planeas, es algo en lo que te encuentras de pronto. La obra fue saliendo según avanzaba la escritura. Esta novela fue el resultado de una explosión inesperada. Estaba pensando hacer una cosa y de pronto surgió otra. Lo que pensaba hacer adquirió una dimensión involuntaria. Siempre lo que he escrito ha sido en parte resultado de una sorpresa, me lo he encontrado”.
Dice que por lo general sus obras parten de una semilla. Lo que caracteriza una semilla es que es algo muy pequeño pero con un gran potencial. “En este caso tenía una idea muy simple. Siempre me ha llamado la atención escribir sobre el desplazamiento de la gente, sobre los exilios, ya sean voluntarios o no. Esa idea me vino del tiempo que trabajé en una pequeña universidad en los Estados Unidos, un día viajando por la orilla del río Hudson. El tren salía de Nueva York. Iba solo. Me llevaron a una casa de invitados. Entonces empecé a pensar en un cuento que fuera la historia de alguien que viene de un mundo conflictivo y que llega a ese lugar. El profesor que me había invitado a esa universidad era un exiliado rumano. En esa universidad está enterrada Hannah Arendt. Me enseñaron unos pabellones muy interesantes construidos entre bosques con una arquitectura de los años treinta hechos por un arquitecto alemán que había venido de Europa. Entonces empecé a escribir una historia sobre un exiliado yugoeslavo que llega allí en los años después de la guerra. Ese escritor habla una lengua que sólo habla el profesor que lo ha invitado. Pero todo esto es visto desde el tren en que viaja… Después pensé que podía ser un profesor español en la época de la guerra civil, y pensé en la historia del poeta Pedro Salinas, que se había enamorado en Madrid de una estudiante americana que había ido a Madrid a hacer su tesis y a quien había dedicado sus poemas más importantes. Esto me llevó a la historia real de Salinas, a la historia de su familia, la de su esposa que cuando se entera intenta suicidarse tirándose a un río”.
Así empezó a crecer la obra. A partir de los dos personajes centrales, luego el tren, luego la esposa que empieza siendo una sombra y que va tomando presencia. “Adela, la esposa, inicialmente era un personaje secundario, pero el arte de la novela es ver la historia desde el punto de vista de cada persona, no hay personajes secundarios, todos son protagonistas”.
El otro personaje clave es el profesor Rossman, un judío alemán, que nos transporta constantemente al tema de la arbitrariedad e irracionalidad de la guerra. “Rossman está basado físicamente en un señor que yo conocí en Nueva York que había huido de Rumania a los doce años. Era un gran hispanista. A sus 79 años seguía soñando con la Gestapo. Eso me pareció terrible”. En el libro, Rossman, exiliado en Madrid huyendo del horror de los nazi, se ve ahora confrontado al horror de una guerra que lo percibe, en tanto que alemán, como alguien sospechoso. La víctima del nazismo termina por pura confusión siendo víctima de los republicanos españoles. “Mi editora americana es una señora de origen yugoeslavo, serbia que vivía en un pueblo de mayoría croata. Un día llegaron los vecinos y se llevaron a su padre y hermano y los mataron”. Para Muñoz Molina nada justifica la violencia. Y se pregunta, “¿hasta qué grado de parentesco estarías dispuesto a justificar la violencia, un sobrino, un hijo? ¿Dónde paramos?”.
Seis semanas ha estado Muñoz Molina en Ámsterdam en un mini exilio de su casa de Madrid. En una entrada de agosto en su blog habla sobre este viaje y la pena que en el fondo le causa dejar Madrid este verano, irse de casa, “dejar mi cuarto, mis papeles, mis libros y mi música”, a pesar del entusiasmo que le suscita también la novedad de un sitio por descubrir. Si nos guiamos por sus Cuadernos de Ámsterdam -las páginas breves de un diario que fue surgiendo a partir de imágenes concretas, una persona en la calle, un parque, una plaza- su entusiasmo sólo se acrecentó con el descubrimiento paulatino, día a día, de la ciudad. “Gracias a la bicicleta llego tan lejos algunas mañanas que se me acaba la ciudad”, dice en otra entrada.
Quién sabe qué cosas se le habrán pasado ahora por la mente a este hombre del sur recorriendo una ciudad del norte en un comienzo de otoño lluvioso. Qué paisajes urbanos, qué gentes vistos desde su deambular en bicicleta, qué fantasía recreada a partir de un Vermeer del Rijksmuseum son ya la semilla de una historia que comienza a germinar en su cabeza.
La Educación Prohibida
Alanthano - 2012-08-13 19:58:28
www.educacionprohibida.com
Hoy, 13 de Agosto de 2012 finalmente estrenamos La Educación Prohibida en internet y 151 salas independientes.
Después de 3 años de trabajo, recorridos, muchos amigos y reflexiones llegamos al gran día. Un 8 de Agosto de 2009, sin poder dormir mirando el techo de mi habitación, tuve la idea de hacer una película que muestre otras formas de ver la educación. Sabía que había otro tipo de escuelas, algo había escuchado de “escuelas sin exámenes”, lo que ya me parecía una osadía. Ese mismo día envíe un correo electrónico y ahí comenzó el camino de La Educación Prohibida.
El equipo de trabajo a punto de estrenar La Educación Prohibida en nuestro sitio web. Cintia Paz, Verónica Guzzo, German Doin y Franco Iacomella.En el trayecto me apoyaron mis familiares y conocidos, tuve la oportunidad de conocer amigos que hoy son parte importante de mi vida, me hice preguntas que me llevaron a transformar mi mirada del mundo, y comencé a encontrar mi lugar. La Educación Prohibida se convirtió en algo inmenso para muchas personas, una película esperada por miles, y un proyecto que hoy abre sus alas. A pocas semanas de ser padre, estoy feliz de dejar volar esta película. Hoy cada cuadro al que un gran equipo le dió vida comienza a caminar por su cuenta.
Los invito a que acompañen a La Educación Prohibida en su recorrido como más de 150 personas que me acompañaron en el equipo de trabajo, entre actores, realizadores, técnicos y artistas. Espero que La Educación Prohibida encuentre amigos, como los 704 coproductores que hicieron que este proyecto sea una realidad, animándose a colaborar con un grupo de jóvenes con ideas revolucionarias. Me encantaría que La Educación Prohibida despierte preguntas como las que nos provocaron los más de 90 educadores que entrevistamos en estos 3 años. Imagino que La Educación Prohibida sea la puerta para que se conozcan centenares de experiencias educativas diferentes como las 45 que visitamos en la investigación. Sueño con que esta película sea el comienzo de una apertura de consciencia, un reflejo de esa necesidad latente, una pequeña chispa que encienda ese fuego que hay en cada niño, en cada ser humano, que nos mantiene buscando y aprendiendo.
Hoy se proyecta la película en 151 salas en 119 ciudades de 13 países, donde será vista por más de 18.000 personas gracias a proyecciones autogestionadas.
Hoy la película está disponible en nuestro sitio web para ver y descargar de forma libre y gratuita, demostrando que existe otra forma de compartir las ideas y proteger la cultura.
Hoy, en pocas horas, el equipo de La Educación Prohibida junto a amigos, coproductores, familiares e invitados especiales disfrutaremos del momento tan esperado en el estreno oficial en Buenos Aires (Sala Pablo Neruda – Paseo La Plaza).
Y ahora si, con ustedes, “La Educación Prohibida”:
Hoy, 13 de Agosto de 2012 finalmente estrenamos La Educación Prohibida en internet y 151 salas independientes.
Después de 3 años de trabajo, recorridos, muchos amigos y reflexiones llegamos al gran día. Un 8 de Agosto de 2009, sin poder dormir mirando el techo de mi habitación, tuve la idea de hacer una película que muestre otras formas de ver la educación. Sabía que había otro tipo de escuelas, algo había escuchado de “escuelas sin exámenes”, lo que ya me parecía una osadía. Ese mismo día envíe un correo electrónico y ahí comenzó el camino de La Educación Prohibida.
El equipo de trabajo a punto de estrenar La Educación Prohibida en nuestro sitio web. Cintia Paz, Verónica Guzzo, German Doin y Franco Iacomella.En el trayecto me apoyaron mis familiares y conocidos, tuve la oportunidad de conocer amigos que hoy son parte importante de mi vida, me hice preguntas que me llevaron a transformar mi mirada del mundo, y comencé a encontrar mi lugar. La Educación Prohibida se convirtió en algo inmenso para muchas personas, una película esperada por miles, y un proyecto que hoy abre sus alas. A pocas semanas de ser padre, estoy feliz de dejar volar esta película. Hoy cada cuadro al que un gran equipo le dió vida comienza a caminar por su cuenta.
Los invito a que acompañen a La Educación Prohibida en su recorrido como más de 150 personas que me acompañaron en el equipo de trabajo, entre actores, realizadores, técnicos y artistas. Espero que La Educación Prohibida encuentre amigos, como los 704 coproductores que hicieron que este proyecto sea una realidad, animándose a colaborar con un grupo de jóvenes con ideas revolucionarias. Me encantaría que La Educación Prohibida despierte preguntas como las que nos provocaron los más de 90 educadores que entrevistamos en estos 3 años. Imagino que La Educación Prohibida sea la puerta para que se conozcan centenares de experiencias educativas diferentes como las 45 que visitamos en la investigación. Sueño con que esta película sea el comienzo de una apertura de consciencia, un reflejo de esa necesidad latente, una pequeña chispa que encienda ese fuego que hay en cada niño, en cada ser humano, que nos mantiene buscando y aprendiendo.
Hoy se proyecta la película en 151 salas en 119 ciudades de 13 países, donde será vista por más de 18.000 personas gracias a proyecciones autogestionadas.
Hoy la película está disponible en nuestro sitio web para ver y descargar de forma libre y gratuita, demostrando que existe otra forma de compartir las ideas y proteger la cultura.
Hoy, en pocas horas, el equipo de La Educación Prohibida junto a amigos, coproductores, familiares e invitados especiales disfrutaremos del momento tan esperado en el estreno oficial en Buenos Aires (Sala Pablo Neruda – Paseo La Plaza).
Y ahora si, con ustedes, “La Educación Prohibida”:
Europeo
Manuko - 2012-05-27 03:51:42
Desde Instigado@Net/Bitácora:
Y qué si lo que yo quise es saber
mientras el mundo, a su manera
se presenta ante estos ojos atontados,
que observan, sobremanera,
hasta el más mínimo ápice
de todos los recovecos
en que se esconde cualquier verdad,
cualquier verdad,
la que sea.
Y qué si lo que yo quise saber
es, entretanto, síntoma
de mi realidad como capaz...
De imaginar, elucubrar
Pensar que puedo llegar
A ver el mundo en mi cabeza....
Gran locura, se esconde
Detrás de la ternura
Y sin embargo
Denota calma...
Vamos a contar hasta cien...
Un, dos, tres, cuatro...
Cinco, seis, siete, ocho...
Nueve, diez...
Once...
Doce...
Trece, catorce...
Quince...
Dieciseis
Diecisiete
Dieciocho, diecinueve...
Veintisiete.
Y qué si lo que yo quise es saber
mientras el mundo, a su manera
se presenta ante estos ojos atontados,
que observan, sobremanera,
hasta el más mínimo ápice
de todos los recovecos
en que se esconde cualquier verdad,
cualquier verdad,
la que sea.
Y qué si lo que yo quise saber
es, entretanto, síntoma
de mi realidad como capaz...
De imaginar, elucubrar
Pensar que puedo llegar
A ver el mundo en mi cabeza....
Gran locura, se esconde
Detrás de la ternura
Y sin embargo
Denota calma...
Vamos a contar hasta cien...
Un, dos, tres, cuatro...
Cinco, seis, siete, ocho...
Nueve, diez...
Once...
Doce...
Trece, catorce...
Quince...
Dieciseis
Diecisiete
Dieciocho, diecinueve...
Veintisiete.

