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Eduardo Galeano

Serch - 2011-05-25 11:35:21
Os dejo una entrevista a Eduardo Galeano en C33 (televisión pública catalana) donde opina entre otras cosas sobre al 15m. Como siempre es un gusto y una eyaculación intelectual escucharle.

http://www.tv3.cat/videos/3541530

Os recomiendo MUCHO este programa, se llama Singulars. Y lo podéis ver en la web de tv3. Para vuestra mala suerte no es en el idioma del imperio español, pero menos es nada.

Intentando comprender.

JuanL - 2011-05-22 15:07:17
Los adultos acaban de descubrir que la Era Digital ha dado paso a la Era de la Red Social, y andan como locos buscando el manual de instrucciones entre sus papelotes. Mientras tanto, niños y niñas de todo el planeta, que desde que nacieron y hasta hace nada sólo enredaban en Internet con pavadas de críos, han crecido rápidamente y ahora son jóvenes responsables de sus actos, y expertos en el uso de la herramienta que está cambiando el mundo. Y esta herramienta no es el fruto del trabajo y la inteligencia de un sabio, un científico o un ingeniero, como en los albores de pasadas Eras. No es la nueva imprenta, ni la nueva penicilina. No es la nueva máquina de vapor ni la nueva pólvora. Esta herramienta de transformación global es la obra COLECTIVA de una generación tan joven, tan descaradamente joven, que los adultos que ahora tratan de entenderla ya eran adultos cuando la vieron nacer.

Algunos siguen creyendo que el cambio de Era llegó con Internet, y que Internet no es algo nuevo ni es sólo cosa de jóvenes, y que hoy en día hasta un abuelo sabe navegar por la red y enviar un correo electrónico, o abrir un blog. Y en parte es cierto. Pero lo que la mayoría de adultos no alcanza a comprender porque su mente no está preparada para ello, es que hace menos de un año Internet sólo era una extensión de todo lo anteriormente conocido: no era más que un archivo muy grande, un quiosco de periódicos virtual, una televisión online, un juego de marcianos o un escaparate comercial más; y que la verdadera evolución no está ahí. La verdadera evolución es la globalidad de la Red Social que se ha tejido gracias a la conectividad que proporciona Internet. Una Red Social global que no existía antes. Esa es la novedad, y ese es el principio de esta Era.

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Los que sostienen el mundo

Alanthano - 2011-05-15 08:39:35
Santiago Alba Rico

El hombre es de barro y el mundo es una frágil torre de palillos. Para sobrevivir es necesario olvidarlo la mayor parte del tiempo, pero para sobrevivir es necesario recordarlo de tanto en tanto. Es a eso -a ese recuerdo- a lo que llamamos propiamente "filosofar" y cuando es un pueblo entero el que filosofa el producto se llama "mito". Y si filosofa con el cuerpo, en obra y no en espíritu, se llama “revolución”


En el mito cristiano del génesis, Dios crea el mundo de la nada mediante la enunciación de ciertas palabras: fiat lux, hágase la luz, y la luz se hizo. Así con la tierra y las plantas y los animales y las montañas. Sólo al hombre Dios tuvo que hacerlo con las manos, a partir de un material preexistente.

El hombre es por tanto una obra y no un milagro.

En las cosmogonías preislámicas, Dios crea el mundo con una mirada intensa y no con una palabra mágica, pero su obra, en realidad, tiene menos que ver con el soplo divino que con el trabajoso esfuerzo de la ingeniería. O, mejor dicho, del bricolaje. En el principio de los tiempos, los siete cielos y las siete tierras no se sostenían bien, de manera que Dios, como quien asegura la pata coja de una mesa, puso debajo un gran diamante para calzar el mundo. Pero los siete cielos y las siete tierras -ay- seguían siendo muy inestables. Dios ordenó entonces a uno de sus ángeles que cargase este peso inmenso sobre sus espaldas. El ángel se puso debajo del diamante -en el que se apoyaban tierras y cielos- y lo cargó sobre sus hombros. El frágil amontonamiento de criaturas mal encajadas, sin embargo, seguía inseguro, tembloroso, tambaleante. Así que Dios mandó un toro para que el ángel -en el que se apoyaba el diamante sobre el que reposaban cielos y tierras- afirmase sus pies. Tampoco fue suficiente: la torre se escoraba y vibraba y con ella la tierra, las montañas, las casas, los hombres que allí vivían. Finalmente Dios recurrió a Hut, la gran ballena, a quien encomendó sujetar todo el andamio con su enorme corpachón: toro, ángel, diamante, las siete tierras y los siete cielos. El mundo reposó al fin sobre sus cimientos.

Cuenta el mito -o así lo recuerdo yo- que un día el demonio, transformado en mula, se metió en la nariz de Hut, produciéndole un dolor tan intenso que la enorme ballena descargó un instintivo coletazo. Un gran movimiento sísmico, de arriba abajo, recorrió la frágil torre. Los árboles cayeron, las montañas se desplomaron, los hombres aullaron de terror. Dios tuvo que intervenir de nuevo, liberar a Hut de la causa de su sufrimiento y prometerle mayor atención y vigilancia. En todo caso Hut, abrumada por este doble peso, el del mundo y el de la responsabilidad, pidió también que le concediera unas vacaciones de vez en cuando. Desde entonces, un día cada mil años, Hut descansa y el mundo entero percibe con emoción y angustia que está frágilmente asentado en la cima de una chapucera construcción de pedestales irregulares y esfuerzos titánicos.

El hombre es de barro y el mundo es una frágil torre de palillos. Para sobrevivir es necesario olvidarlo la mayor parte del tiempo, pero para sobrevivir es necesario recordarlo de tanto en tanto. Es a eso -a ese recuerdo- a lo que llamamos propiamente "filosofar" y cuando es un pueblo entero el que filosofa el producto se llama "mito". Y si filosofa con el cuerpo, en obra y no en espíritu, se llama “revolución”.

Filosofar es volverse sobre uno mismo, como cuando se dobla una caña para hacer un arco. Debilita: nos da la medida de nuestra debilidad. ¿Es bueno eso? ¿Para qué sirve? Para comprender que necesitamos compañeros. Reflexionar es comprender que vivimos en una torre de palillos, cañas pensantes nosotros mismos, y que necesitamos por ello compañeros. Todo filosofar que no imponga un grito de socorro es pura palabrería: todo reflexionar que no busque una mano es puro sofisma. Todo reflexionar es, pues, un reflexionar -si se quiere- sobre la muerte. Vivimos en una torre de palillos sostenidos por una ballena expuesta a un resfriado. Pero algunos hombres viven más expuestos que otros al derrumbamiento. Entre los países pobres y los países ricos hay una diferencia de 30 años en la media de vida y en los propios EEUU la longevidad media ha descendido seis años en la última década.

Bajo el capitalismo todo está socialmente concebido y ordenado para que no pensemos nunca en la muerte y para que no tengamos compañeros. Sustraerse al abrazo de la muerte es imposible; pero luchar a favor de la vida -de la estabilidad de la torre chapucera- sólo es posible en compañía. Eso se llama política. La política no es más que una reflexión colectiva sobre las estrategias para sostener el mundo en pie a partir del principio de la recíproca dependencia entre los hombres. Los mitos sectoriales -de una clase o un estrato social- se llaman “ideología". El mito del capitalismo es el de la voluntad individual como fuente de toda riqueza y todo poder y se basa en dos principios simultáneos e indisociables: la confianza en uno mismo y la desconfianza en los demás. En un libro muy desigual, El contrato de desconfianza, la investigadora francesa Michela Marzano nos recuerda el proceso histórico en virtud del cual el "liberalismo"ha ido minando todos los vínculos fiduciarios que nos unían a los demás para convertir la autoconfianza del individuo aislado en él único e ilusorio sostén del mundo. Cada uno lo puede todo contra todos los demás. Tenemos que confiar en nosotros mismos; tenemos que desconfiar de los demás. Este principio rector se ejemplifica cotidianamente en la mansedumbre satisfecha con la que permitimos que se nos cachee, escanee y registre en los aeropuertos a condición de que los demás sufran la misma prueba, en una suspensión de hecho de la presunción de inocencia: nuestra autoconfianza -nuestra seguridad- depende del hecho de aceptar que todos desconfíen de mí tal y como yo desconfío de todos.

Reparemos en esta paradoja. El capitalismo no se ocupa de asegurar -calzar, apuntalar- la torre frágil del mundo sino de debilitarla con su delirante producción de mercancías; y derrocha tanto dinero y tanto esfuerzo en destruir la naturaleza como en impedirnos pensar en ello. Pero se ocupa de asegurar, en cambio, la autoconfianza aislada de los individuos. El gran negocio del capitalismo a principios del siglo XXI es el de la llamada "seguridad": alarmas, escáners, vídeocámaras, vigilancia privada, ejércitos mercenarios, etc. La sospecha generalizada, que nos ayuda a olvidar la fuente original de todas las amenazas y nos impide unirnos para pensar colectivamente, se ha convertido en el vehículo rector y reproductor del capitalismo y en la fricción permanente que debilita aún más la torre de palillos que nos sostiene.

Abajo no hay un toro y ningún dios vigila sus resfriados. Somos nosotros y estamos solos. Salvo que nos unamos a pensar colectivamente para iluminar nuestra debilidad y producir un orden de recíproca dependencia: un mito nuevo y una nueva revolución
Hoy han trascendido en Francia las primeras detenciones a mujeres por portar velo desde que se prohibiera este en el país Galo. De lo mucho que se puede decir en contra de esta prohibición quizá lo fundamental ya lo dice el Artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos:

    Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.


Así lo manifestó, por ejemplo, el presidente de la asociación Asturias Laica el 23 de Junio en el programa de RTPA "EntreDos":



Con esto entroncamos con la , quizá, más frecuente de las falacias de los prohibicionistas:

PRIMERA FALACIA: "La prohibición es un acto de laicismo."

    El laicismo es una corriente que propugna la independencia del Estado de cualquier confesión religiosa. Sin embargo esta ley se mete en la vida privada de los ciudadanos. Con lo cual no sólo no tiene nada que ver con el laicismo sino que incluso atenta contra el derecho a la libertad religiosa, tal y como viene recogido en el mentado artículo 18 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.


SEGUNDA FALACIA: "Es por el bien de las propias mujeres" en sus variantes "es una prenda machista", "lo llevan obligadas", "es humillante", etc.

    Este razonamiento es falaz por partida triple: primero, porque no juzga sino prejuzga las motivaciones de las mujeres que visten dichas prendas; segundo, porque establece una generalización totalmente gratuita de que la totalidad de las mujeres que visten así lo hacen "obligadas", cuando no existe ninguna evidencia de que así sea, ni siquiera de que sea el caso de la mayoría; y tercero, porque se arroga, de nuevo, el derecho del Estado a intervenir de manera paternalista en la esfera privada de ciudadanos adultos, para obligarles mediante la coerción a actuar en contra de su propia voluntad.


    En resumen: cada cual tiene el derecho a vestir como le salga de sus realísimos, y ninguna otra persona tiene derecho ni a cuestionar sus motivos, ni muchísimo menos a obligarle a actuar contra su voluntad "por su bien".


TERCERA FALACIA: "No se puede ir con el rostro oculto por la calle porque impide su identificación".

    Teniendo en cuenta que la prohibición se refiere específicamente al velo, este argumento queda totalmente fuera de lugar. Por otra parte, también es falso: miles de motoristas circulan todos los días con el rostro totalmente cubierto bajo su casco integral, y no sólo no los detienen por usarlo, sino que les pueden sancionar por no hacerlo.


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    Y no se como serán los inviernos en las regiones de aquellos que sostienen este argumento, pero en la mía lo habitual es llevar, como poco, un gorro de lana calado hasta las cejas y una bufanda o "braga" por encima de la nariz. Y todavía no he visto que detengan a nadie tampoco por este motivo...


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Aparte de lo dicho, también se ataca a los que se oponen a la prohibición con la falacia de que están a favor del derecho de las mujeres a llevar el velo porque quieren que lo lleven. ¿Merece la pena detenerse a comentar algo tan pueril?.
Enrique Ubieta Gómez en Rebelion.org:

Alegremente se preparan para matar. Matar, dicen, para evitar la muerte. Matar selectivamente, allí donde peligran los intereses de los que matan, de los que venden armas, de los que sostienen la corrupción y la muerte. Se instauran asesinos “buenos”, se deponen asesinos “malos”, ya inservibles. ¿Quiénes tienen ese poder? Los asesinos injuzgados, de frac y sonrisas, los que juzgan: Obama, el falso negro; Zapatero, el socialista farsante; Cameron, Sarkozy y Berlusconi, los fascistas posmodernos. O quizás, sea mejor mencionar a quienes se esconden tras las cortinas del teatro. Hay rebeliones que obtienen el silencio de los medios, y el rechazo discreto pero firme de los poderosos. Hay rebeliones que se zanjan rápidamente, a sangre y fuego, sin titulares de prensa. Hay expertos pirómanos que saben cómo incendiar la pradera conveniente, azuzar el fuego, para controlarlo según convenga.

¿En qué mundo vivimos? En el de los cínicos, hombres y mujeres convencidos de que no existe la verdad o la justicia, que mienten y matan sin cargos de conciencia; hombres y mujeres convencidos de que las palabras son frascos vacíos, y que pueden rellenarse de contenidos opuestos: masacre, por ejemplo, define el efecto de un misil “malo”; intervención humanitaria, el de un misil “bueno”; dictadura, es el epíteto de un gobierno “malo” que se elige y se reelige en las urnas o que concita el apoyo mayoritario de su pueblo; demócrata es el gobierno “bueno” que está dispuesto a vender su país, y a matar a los que se opongan, no importa si es un poder monárquico o simplemente fraudulento. La cúpula imperialista está eufórica, porque a diferencia de lo sucedido en Iraq, esta vez logró el consenso de los socios y la indiferencia cómplice de los que temen: la guerra ha sido bendecida. No es para liberar a los sauditas o a los marroquíes, a los palestinos o a los saharauíes: los muertos de esas naciones no concitan la solidaridad imperial; es, desde luego, para rescatar un territorio rico, para rellenar un frasco apresuradamente rotulado con el membrete de “democracia”, que sustituya al verdadero. La confusión, el desconocimiento en torno a las realidades del mundo árabe –complejas, es cierto, pero siempre enmascaradas por los medios trasnacionales, cómplices de la muerte--, han desarticulado la resistencia internacional. Incluso allí donde la rebeldía era genuina, no escuchamos la voz del pueblo --¿acaso podríamos escucharla siguiendo las “noticias” de las trasnacionales de la desinformación?--, sino la de los mercenarios que “piden” ser intervenidos.

¿Por qué la Revolución cubana no puede ser incendiada según la voluntad imperial? Tenemos, es cierto, a nuestros mercenarios, a nuestros sietemesinos, como calificara José Martí a los que “no les alcanza al árbol difícil el brazo canijo, el brazo de uñas pintadas y pulsera, el brazo de Madrid o de París, y dicen que no se puede alcanzar el árbol”: a los Hernández Busto, a las Yoani Sánchez, a las teatrales “Damas de Blanco”, a los Dagoberto Valdés, atentos a la voz del amo, como la vieja ilustración de la RCA Víctor, dispuestos a simular golpizas, expertos en el género de la ciencia ficción política, milimétricamente seguidos por la prensa trasnacional acreditada en Cuba, y por los agentes de la Oficina de Intereses del imperio en La Habana. Pero, ¿qué hacer con un pueblo que recibe como héroes –sin manipulaciones mediáticas o escenarios construidos--, a los agentes revelados de la Seguridad del Estado? Se supone, según las miles de páginas escritas y los millones de minutos filmados sobre sus similares del este de Europa –por supuesto, nunca sobre los cuerpos represivos del oeste, sobre la CIA, sobre la Red Gladio o la Operación Cóndor, sobre los programas de la USAID--, que los cubanos temamos a los agentes de la Seguridad del Estado. ¿Por qué la admiración, el cariño espontáneo, el orgullo de vecinos, de viejos compañeros y familiares? Es el agujero negro en el que se pierden los analistas del imperio. Los mercenarios cubanos trasmiten las “noticias” pactadas, las agencias trasnacionales las difunden, pero el pueblo cubano actúa según sus propias convicciones. Yerran al decir que es por falta de información, porque no pueden acceder a otras fuentes. Éste, probablemente, a pesar de las limitaciones tecnológicas a las que nos someten, es el más informado de los pueblos. En un mundo descreído, los cubanos respetan el heroísmo, no el de los super-héroes del imperio, inimitables reformistas, sino el de los sencillos combatientes que los medios silencian, el de los cinco presos políticos que permanecen en cárceles norteamericanas. Convóquense a los cubanos para combatir en defensa de los pueblos árabes ahora mismo, y se enrolarán millones. Porque Cuba es el mundo, el mundo es Cuba. Por eso –¡qué definición más abstracta para los analistas de la CIA!--, la Revolución cubana no puede ser socavada con estrategias incendiarias, a pesar de que existan mercenarios dispuestos a mentir por dinero y a pedir la intervención extranjera. Por eso, hoy me siento tan agredido e indignado, tan antiimperialista, como cualquier libio, como cualquier árabe, como cualquier revolucionario, sea de la nacionalidad que sea.

¡Solidaridad con el pueblo libio, con los pueblos árabes!
 

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