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Intervención de Julio Anguita en la presentación del libro "Razones para la Rebeldía" de Guillermo Toledo con la colaboración de Pascual Serrano.



Intervención de Julio Anguita en el IES Góngora de Córdoba en la presentación del libro "Razones para la Rebeldía" de Willy Toledo.

Julio Anguita interviene en este acto ya que es autor del prologo del libro donde además colabora Pascual Serrano.


Aquí tenéis también la intervención de Willy Toledo en le mismo acto, que no la había visto antes:

Pascual Serrano

Intervención en el Debate del Pueblo sobre el Estado de la Nación

En los regímenes dictatoriales, los déspotas, con su ejército, sus policías y sus jueces silencian a las colectivos sociales díscolos, relegan al silencio a los intelectuales honestos que les critican y no permiten que tomen la palabra los miles de ciudadanos que se enfrentan al poder. Por su parte, desde el poder dictatorial no dejan de afirmar que quienes le critican son una minoría, que recurren a la violencia y quieren subvertir el orden. Es curioso, pero precisamente todo eso, en nuestros regímenes supuestamente democráticos es la función de los grandes medios de comunicación.


Algún día se pensó que los medios iban a ser el cuarto poder, es decir, ese poder ciudadano que vigilaría a los otros tres, ejecutivo, legislativo y judicial. Hemos comprobado que en este sistema que ellos llaman democracia estos tres poderes ni nos representan ni son legítimos porque sus decisiones no tienen ninguna relación ni con las promesas con las que se auparon ni con los deseos de los ciudadanos. Pero peor todavía es lo del cuarto poder que los iba a vigilar. Si los tres primeros se han puesto al servicio de los mercados, el cuarto directamente es mercado. El vigilante se ha convertido en la fuerza de choque del mercado, en los fundamentalistas del régimen que está estrangulando la democracia. Y se han convertido en eso porque no son ni siquiera empresarios de la comunicación, sus dueños son emporios empresariales con acciones e intereses en todos los sectores, desde multinacionales de las telecomunicaciones que controlan las vías de difusión de la información hasta grupos bancarios imprescindibles para la financiación. Y su viabilidad depende de grandes anunciantes del tipo de empresas de hidrocarburos, automovilísticas, grandes almacenes. Estos medios no son ningún cuarto poder, son el poder del dinero.


A ellos no les interesa la verdad, ni la democracia. Al contrario, defenderán a esos bancos que desahucian a quienes no pagan sus hipotecas, a las grandes empresas que aplican despidos para mejorar sus ganancias, a las corporaciones que destruyen el planeta con tal de que sigan contratando publicidad, a los hospitales y universidades privadas los que seguro insertarán más anuncios que los servicios públicos y además serán de los mismos dueños que los bancos que les financian.


Y por supuesto, esos medios apoyaran a todos los políticos que propongan más poder para el mercado y menos para los ciudadanos. Los periódicos, las televisiones y las radios, con sus columnistas, sus editoriales, sus reportajes por encargo y sus informaciones manipuladas se lanzarán como hienas contra cualquiera que ose atentar contra los privilegios del mercado porque ellos están creados para defenderlo.


Y todo eso sucederá desde unos medios de comunicación que nadie los ha elegido. Porque no los elegimos nosotros cuando vamos al quiosco o encendemos el televisor, ellos viven de y para sus bancos y anunciantes. Medios que nadie puede controlar, pueden mentir con impunidad y no existe ningún contrapoder que los equilibre.


El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece el derecho “a recibir informaciones y opiniones”. Pero para que los ciudadanos disfruten el derecho de recibir informaciones y opiniones se debe garantizar a otros el derecho de emitir informaciones y opiniones. Y ese derecho, todos los sabemos, lo conceden un oligopolio de unas pocas empresas de comunicación. Porque los medios no ejercen el derecho a la libertad de expresión, ejercen el derecho a la censura puesto que deciden qué es lo que se publica y difunde, y qué es lo que no. Después tenemos la Constitución española, la primera constitución de una país europeo que recoge el derecho ciudadano a recibir información “veraz”. Pero no existe ninguna legislación que lo desarrolle, en la anterior legislatura Izquierda Unida elaboró el Estatuto del Periodista para que se aprobase en este Parlamento. En él se establecían sistemas de control y participación pública que garantizasen la independencia del periodista respecto a su empresa y la veracidad de las informaciones. El Estatuto se aprobó en comisión y los dos grandes partidos se encargaron de no llevarlo nunca al Pleno por lo que quedó en el olvido. El resultado es la perdida de credibilidad de los medios.


El pasado 8 de junio, el programa más visto de todas nuestras televisiones fue el Tiempo 1, de TVE1, que arrasó con un 20'8 % de share. Con treinta canales de televisión, y los ciudadanos llegan a la conclusión de que lo más interesante era el informativo metereológico. Hace años era objeto de burla el parte del tiempo porque decíamos que nunca acertaba, ahora no hemos dado cuenta de que es lo único fiable que emiten por televisión.


También nos hablan de códigos éticos y deontológicos de los periodistas. Pero en las empresas de comunicación sólo vale un código, y es el mismo que el de todas las empresas. Si lo que haces no le gusta a tu jefe te vas. Ese es el único código que funciona cuando no está garantizada la estabilidad en los empleos.


No debemos ser ingenuos, unos medios bajo el imperio del mercado nunca podrá satisfacer las necesidades de información veraz de los ciudadanos. Ellos necesitan ser rentables, para ello deben ganar audiencias a toda costa mediante la frivolidad, el espectáculo o el morbo. No pueden enfrentarse a grandes accionistas que son los protagonistas y beneficiarios de un modelo neoliberal incompatible con la democracia. No pueden tratar mal a quienes les benefician con publicidad, los grandes medios no viven de nosotros, un periódico cuesta el doble de lo que pagamos por él (la otra mitad la paga la publicidad) y en el caso de las televisiones y las radios son gratis porque su dinero viene por otras vías, y ya sabemos que quien paga manda.


Ahora viene la gran pregunta ¿qué hacer? Mis respuesta es: democratizarlos. También aquí es necesaria una Democracia real ya. Igual que debemos arrebatarle al mercado su poder sobre las decisiones de los gobiernos, debemos arrebatarle el control de los medios de comunicación. Sólo un banco público podrá servir a los intereses ciudadanos y no a los de sus accionistas, sólo un colegio público atenderá a un niño inmigrante sin recursos, sólo un hospital público asistirá a un anciano sin recursos cuando enferme. Y solo un medio público, colectivo, podrá representar la pluralidad y le podremos exigir veracidad. Público controlado por la ciudadanía, con consejos editoriales donde estén representados los colectivos sociales, con una financiación que no dependa de los bancos, donde se atienda el derecho ciudadano a informar y estar informado.


Porque los medios o son nuestros o están contra nosotros, contra los ciudadanos.


http://www.pascualserrano.net/noticias/la-democracia-real-ya-tambien-tiene-que-llegar-a-los-medios-de-comunicacion

15-M, el necesario paso adelante

Alanthano - 2011-05-24 09:38:28
Www.pascualserrano.net


El domingo 22 de mayo, los movilizados a lo largo del territorio español que exigen una democracia real vivieron -o vivimos- la primera cura de humildad. Mientras se celebraban asambleas, se levantaba la mano para intervenir, se escribían frases originales en papeles que colgaban procurando que no apareciese ningún membrete de organización, los que sí estaban organizados ganaban las elecciones y tomaban el poder. En realidad no tomaron nada que ya no tuvieran. Es verdad que todos sabíamos que esas concentraciones no iban a afectar de modo importante al resultado electoral, pero caer en la cuenta de que mientras nos movilizábamos otros formalizaban el protocolo del relevo de gobierno para que no cambie nada, debe hacernos pensar en cómo avanzar más allá de lo que se está haciendo. Por ello es importante superar la fase de entusiasmo y autocomplacencia para iniciar la estrategia y operatividad.

Observando los documentos y propuestas aprobadas en las asamblea de indignados se comprueba que, efectivamente, son radicales, sin embargo deberá definirse cuál es el nivel de mínimos que se va exigir al poder y qué medidas de presión y durante cuánto tiempo se está dispuesto a luchar. Si entre los puntos aprobados aparece la nacionalización de la banca pero no se concreta a quién se le exige, si se está dispuesto a aceptar una propuesta intermedia y con qué medidas se presionará, es evidente que ningún poder se va a tomar en serio esa demanda. Otras peticiones ya están reflejadas en la legislación, enumerarlas sin concretar cómo se debe garantizar es lo que ya existe, no supone ningún avance. También las hay contradictorias, se plantea el derecho a una vivienda pero, a continuación, se pide que la entrega de la vivienda ante el impago de la hipoteca cancele la deuda. O sea, que se asume que las familias se queden en la calle.

El movimiento ha vivido una luna de miel mediática e incluso en sus relaciones con el poder. Fueron tan sorpresivos que lograron la atención de la prensa, el momento preelectoral y un ministro de Interior como posible candidato a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales del próximo año garantizaban la no intervención de las fuerzas del orden. Por otro lado, el poder político y económico no se ha sentido amenazado lo más mínimo -por ahora-, incluso se han permitido el cinismo de decir que ellos también compartían el sentimiento de los concentrados y se sentían igualmente indignados, lo que confirma que no se han marcado suficientemente los bandos en liza.

En cuanto al ideario de los manifestantes, según se comprueba en intervenciones en las asambleas y en los eslóganes de sus pancartas y escritos, es verdad que aparecen contundentes expresiones con posiciones políticas precisas, pero también existen demasiados casos de apoliticismo y desideologización que recuerdan más al populismo y al fascismo. Expresiones como que no somos de izquierda ni de derecha o que todos los políticos son iguales no ayudan mucho a definir la lucha. Es verdad que en política económica no existe apenas diferencia entre PSOE y PP, pero la mayoría de las propuestas aprobadas en las asambleas hace años, e incluso décadas, que se encuentran en partidos políticos de izquierda que no reciben ni han recibido el apoyo de esos manifestantes. Y no nos referimos a apoyo electoral -que también-, tampoco a actos o movilizaciones que esos grupos políticos y sus militantes, con sus errores y defectos, han intentado poner en marcha desde hace años. No tendría sentido pedir el cambio de la ley electoral si se está diciendo que todos los políticos son iguales. No es lo mismo el presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, que el alcalde de Marinaleda, José Manuel Sánchez Gordillo, o los candidatos de Bildu en Euskadi.

Por otro lado, si durante la campaña electoral se consideró saludable que no apareciesen siglas de partidos ni de organizaciones en las concentraciones, una vez pasadas las elecciones, en mi opinión, no veo razón para que estén proscritos partidos -en su mayoría extraparlamentarios- que mantuvieron en sus programas las propuestas que ahora piden los concentrados u organizaciones ecologistas, feministas, antifascistas, alterglobalización que llevan años movilizadas. Yo al menos no me siento cómodo en una concentración que dice que todos los políticos son iguales y prohíben una bandera republicana, una con una hoz y un martillo, una anarquista o una imagen del Che. Los indignados no quieren irrumpir en el panorama político, se sitúan inmaculados, se creen por encima de ideologías, se limitan a protestar y pedir que les resuelvan los problemas. ¿Quién los va a resolver? ¿quién va a elaborar las leyes que garanticen los derechos que están exigiendo? ¿quién va a garantizar los que ya están en las leyes pero no se aplican? ¿quién va a poner coto a los bancos? ¿quién va a exigirles que devuelvan el dinero público que se les ha dado? ¿quién y cómo se va a exigir a los medios de comunicación que informen con honestidad y veracidad? No esperarán que lo hagan los diputados del PSOE y del PP que tienen la mayoría en el Congreso, menos todavía si no se logra enfrentar a la derecha que no para de rentabilizar las tropelías del PSOE y cuya corrupción no se castiga en las urnas.

En mi opinión, desde el poder se apuesta a que, con el paso de los días, caiga la movilización, se agote por no concretar acciones, se aburran ante asambleas inoperativas o surjan conflictos entre los movilizados. El caso argentino durante la crisis del año 2001 nos debería servir de ejemplo. Toda la ciudadanía movilizada, indignada, reuniéndose por las medidas económicas de su gobierno, bajo el lema de “que se vayan todos” no condujo a nada. No fueron capaces de crear una organización operativa, de desarrollar estructuras representativas, se ahogaron en su discurso de la antipolítica y su fobia a los partidos y los líderes. Finalmente, el discurso de “que se vayan todos”, se quedó en que no se fue ninguno. Por otro lado, con el paso de los días, la atención mediática a los concentrados a buen seguro caerá, las cámaras de televisión desaparecerán de las plazas, las primeras páginas de los periódicos olvidarán las movilizaciones, es por tanto necesario avanzar un propuestas concretas. En Túnez o en Egipto se mantuvieron movilizados porque había una demanda a corto plazo bien definida: la dimisión del presidente del país. En España, ninguna de las demandas de los indignados es viable de aprobación con un Parlamento dominado por PP y PSOE, de modo que habrá que buscar otra opción.

La explosión de indignación que ha tomado las calles de las ciudades españolas ha supuesto una ruptura con el nivel de resignación que ha dominado en la sociedad española en los últimos años. Ha mostrado que muchos de los métodos tradicionales de movilización han quedado obsoletos, que muchas organizaciones que se creían vanguardia no tenían capacidad alguna de acción. Sin duda existe un tremendo potencial en un movimiento que ha sacado a la calle de las principales ciudades españolas a una generación que las organizaciones tradicionales no habían logrado ilusionar, unas organizaciones que tienen la obligación de incorporarse con humildad pero aportando su experiencia y elaboración de alternativas. Ha despertado también en muchos de nosotros una euforia y una esperanza en la ciudadanía y los jóvenes que nunca olvidaremos, pero no debemos dejar que esa borrachera nos paralice y nos despertemos solamente con la resaca y la frustración de que todo sigue igual.


Fuente original del artículo: http://www.pascualserrano.net/noticias/wikileaks-la-distancia-entre-los-cables-y-la-informacion-difundida



Así, podemos ver cómo se convierte en hecho indiscutible un comentario de un diplomático estadounidense filtrado por wikileaks a El País. La filtración es de 2007 y procede de la embajada estadounidense en La Paz. Según se puede leer en el cable (difundido censurado mediante partes señaladas xxxx por el diario), el diplomático insinúa que “supuestamente” parte del dinero con el que el gobierno boliviano pagó a su ejército procedía de Venezuela, pero reconoce que “no está confirmado”.


Con ello, el 3 de diciembre El País ya puede titular: "Chávez compra lealtades en el seno del Ejército de Bolivia". Dos días después, el 5 de diciembre, ya en el texto de otra noticia se hace referencia a que “EL PAÍS publicó informes secretos según los cuales Venezuela compraba lealtades en el Ejército boliviano”.



De modo que ya tenemos un comentario de un miembro de la embajada de Estados Unidos que comparte con sus superiores una suposición, convertida en hecho confirmado mediante un informe secreto al que ha tenido acceso El País.


También hay que destacar las ausencias de algunos cables en las informaciones difundidas por los medios. Por ejemplo, El País no ha elaborado como noticia un cable que recoge una reunión del ex presidente y golpista ecuatoriano Lucio Gutiérrez con el embajador de Estados Unidos en Bogotá en 2005. En el documento, Gutiérrez expresó a Estados Unidos, en caso de lograr la presidencia de Ecuador, su disposición a ayudarles a luchar contra Chávez. El pasado 30 de septiembre de 2010, Lucio Gutiérrez estuvo frente al intento de golpe de Estado y magnicidio contra el Presidente Correa en Ecuador.


Como ha señalado Iroel Sánchez en su blog, el diario El País tampoco ha considerado noticia otro cable enviado desde la embajada en Madrid en 2008 en el que se revela que Juan Luis Cebrián, el consejero delegado de Prisa, la empresa propietaria del periódico, fue invitado por el Encargado de Negocios de EE.UU en Madrid, Hugo Llorens a una comida de expertos (Expert´s Lunch) en su residencia oficial. Junto a Cebrián se encontraban Roman Escolano, del grupo financiero BBVA; Jaime Malet, presidente de la Cámara de Comercio Américana en España; Alberto Carnero, de la fundación FAES del ex presidente Aznar; Asís Martin de Cabiedes, presidente de Europa Press; Eduardo San Martin, director adjunto del diario ABC, y Javier Sandomingo, Director General para Iberoamérica del Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Según el cable, los temas abordados en el almuerzo fueron Cuba, Venezuela, México, Colombia y Argentina.



América Latina no ha sido la única región donde los periódicos han manipulado los cables revelados por wikileaks. Los periodistas Gareth Porter y Jim Lobe denunciaron en un artículo en la agencia IPS que cuando medios como The New York Times, El País o Washington Post afirmaron que los documentos diplomáticos revelaban el apoyo de países árabes a una invasión a Irán estaban  distorsionando y descontextualizando el contenido de los cables.


Según NYT, el rey Abdullah de Arabia Saudí urgió a Washington a "cortar la cabeza de la serpiente", en referencia a Irán. "Los cables revelan cómo el ascenso de Irán unifica a Israel con muchos de sus adversario árabes, en especial los saudíes, detrás de una causa común", señalaba el diario. Los cables divulgados por WikiLeaks "muestran que los gobernantes del Golfo Pérsico presionaron para atacar las instalaciones nucleares" iraníes, aseguró por su parte The Washington Post. El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, no dudó en afirmar que estas informaciones confirmaban lo que el Estado judío venía diciendo.



Sin embargo, según Gareth Porter y Jim Lobe, de la lectura de los documentos confidenciales no se desprende la información difundida por los medios. Al contrario, se aprecia que hubo una profunda distorsión de su contenido. En el caso concreto de Arabia Saudí, se omitió por completo el contexto de la declaración del rey. En opinión de los periodistas, los cables muestran que los regímenes árabes del Golfo, incluida la propia Arabia Saudí, han estado muy preocupados por las consecuencias de atacar a Irán por su propia seguridad, en total contradicción con la posición de Israel.

 

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