Queriendo hablar sobre el ruido y topandome con Black Mirror
Manuko - 2013-02-28 17:53:49
Hace días - quizá semanas - que quería volver a abrirme al resto para hablar, en esta ocasión, del ruido. Pero no del ruido como algo molesto - que lo es -, o como algo que opaca o interfiere en comunicaciones - también lo es -, sino como resultado del caos resultante de la infinidad de información.
No me refiero a un análisis desde la ontología del ruido, sino tratado desde el punto de vista social. Lo cual no es fácil: precisamente tanto ruido hace difícil aclarar conceptos.
Y sin saber como tratarlo, me topo con Black Mirror, una impactante serie de televisión británica cuya primera temporada, sinceramente, me ha parecido sublime. Y pienso: "Ya está, ya lo tengo: voy a generar una gran cantidad de ruido con esa tesis del ruido, cruzándola con comentarios sobre la serie". He aquí el resultado...
Para quien no haya visto esta serie, evitaré lo más posible comentarios sobre las tramas (seguramente alguno dejaré escapar, y en ese extremo, intentaré que no sea mucho, pero sin cortarme del todo). Ineludible es, sin embargo, hacer alguna referencia hacia cuál es su planteamiento: cada capítulo tiene nada que ver con el resto, siendo cada cual una historia independiente en realidades alternativas. No obstante, comparten una motivación: la paranoia radical sobre los modos de socialización y conceptualización de la realidad en el mundo "moderno". Una tecno-paranoia similar a la planteada en algunos capítulos de aquella serie ochentera llamada "Más allá del límite". O, como planteaba Channel 4 resumiendo la emisión del primer capítulo, "una parábola retorcida en la era de Twitter" (tal y como aparece en Wikipedia).
Hace meses que me hablaron de ella, y por unas o por otras, el recomendador aprovechó que tenía un pendrive mio para encasquetarme los tres capítulos de la primera temporada. Ayer pude verlos. Y en el fondo mi impresión es similar a la que me sobreviene con otras obras televisivas o cinematográficas que hacen una reflexión paranoica radical sobre la realidad: esa realidad, la que vivimos, supera a la ficción.
Callo y callo, y no hay otra cosa que no sea ruido a mi alrededor. Formalizo ideas, categorizo conceptos, y al transmitirlos genero más ruido. Y nada cambia, nada adapto en mi entorno. Otros adaptan este mundo a su interés, y con el mundo, a mi mismo.
Decir todo ello no es otra cosa mas que generar ruido. Partimos de la tesis de lo necesario que es transmitir lo que pensamos. Tenemos que hablar, comunicarnos. Y respetar a otros. No juzgar, y así no ser juzgados. O juzgar y recibir el juicio de otros, dispuestos a ello, dejándonos impregnar. ¿O no? ¿O si? ¿O qué? Da igual. ¿Importa?
Creamos modelos de negocio basados en ese ruido. Y buscamos el apoyo de otros no en base a lo que pensamos, sino en base a lo que piensan esos otros. Buscamos su simpatía. Creamos la oferta para su demanda. Exactamente como hace Black Mirror: aprovechar el punto de tecnofobia que muchos tienen en alza, y tranquilizarnos, a la par, con la previsión de males peores, y la socialización del mal de muchos.
Estamos mal. Muy mal. Los exiguos beneficios de mis dos últimos empleos salían, exclusivamente, de valores crecientes en una pantalla de ordenador: actividades financieras de bancos corruptores, y plusvalías virtuales de propiedades intelectuales. ¿Tejido productivo? Cero. Y no porque no lo prefiera: es que por el tejido productivo presente, no hay beneficios suficientes como para pagar un alquiler. Solo lo hay en lo incierto. En lo no-real. En lo absurdo. En la eficacia y eficiencia mal entendidas de dinamizar lo subjetivo.
Leía hace unos días, perdido tontamente en el ruido, cosas como que la derecha en España está fatal, con un Dios tambaleante cuyo vicario se retira, una Patria tocada en su gobierno por cortinas de humo secesionistas, casos de corrupción que avergonzarían y harían retirarse a cualquier gobernante de otra parte, y el mayor déficit público de la historia reciente (14% del PIB, según resumía Ignacio Escolar hace no mucho), y un Rey con amante charlatana, ex-yerno politoxicómano, y un aún-yerno que está dejando a tiro de piedra de algún juez con agallas el aireo de los trapicheos monárquicos.
Y en esta situación de Dios, Patria y Rey tocados, no hay quien los hunda: la izquierda no tiene absolutamente ningún poder y solo puede aspirar a competir por los titulares con esas otras derechas que surgen, las atrapatodo. Ni con esas sirve de nada: la derecha sabe controlar los tiempos (los imponen ellos), y antes o después volverán con su propaganda a ganar simpatías, a ofrecerle al público lo que el público demanda. Quizá Rajoy se folle a un cerdo para ser TrendingTopic y ganar simpatías ante un falso secuestro de Leonor de Borbón y Ortiz.
Solo podemos aspirar a integrarnos en el mundo "moderno", el de la ficción, la irrealidad virtual, y el mundo controlado por un genio maligno de Descartes, o desaparecer. Es la tesis pesimista, claro.
La tesis optimista no es mejor: ya estamos desaparecidos. Hemos desaparecido en el ruido. Vivir, para un humano, es perderse en la multitud: desaparecer en el ruido. Y si vivir es bueno, desaparecer también. Y el ruido también.
Desaparecer o desaparecer. Esa es la tesis de Black Mirror. Esa es la realidad misma, y ante esa realidad, esa verdad incorruptible que solo asusta a los necios y les hace volverse pasivos, entusiastas, o agresivos.
He ahí la inutilidad, cobardía, absurdez e insignificancia del suicidio, que en estos tiempos está en boca de tantos para culpar a otros de lo hecho por uno mismo para si mismo. Es el espectáculo, el sentir que hace que nos sintamos sintientes, y por lo tanto que hay algo de eso que otros llaman "alma" dentro de nosotros.
Algunos verán en estas palabras una locura lúcida. Otros, una locura a secas. Quizá otros vean razón y lógica incorruptibles.
En el fondo es solo ruido.
Respeto el derecho al olvido, ya que el ruido favorece ese olvido. Y por otra parte, espero que jamás me den un programa de televisión para hablar de estas cosas: como en Network: Un mundo implacable, seguramente me integraría más que nunca en el sistema, y diría todo esto y más sosteniendo un cristal afilado en mi propio cuello, tranquilizando a las masas que buscasen este tipo de escapatoria: ese que confirma la sospecha que uno tiene y permite que todos puedan seguir ocupándose en la no-realidad cotidiana. Aunque no me matarían: la cuerda nunca se tensa tanto, y si pueden explotarte y meterte en una celda más grande, ¿para qué se van a deshacer de ti?
No me refiero a un análisis desde la ontología del ruido, sino tratado desde el punto de vista social. Lo cual no es fácil: precisamente tanto ruido hace difícil aclarar conceptos.
Y sin saber como tratarlo, me topo con Black Mirror, una impactante serie de televisión británica cuya primera temporada, sinceramente, me ha parecido sublime. Y pienso: "Ya está, ya lo tengo: voy a generar una gran cantidad de ruido con esa tesis del ruido, cruzándola con comentarios sobre la serie". He aquí el resultado...
Para quien no haya visto esta serie, evitaré lo más posible comentarios sobre las tramas (seguramente alguno dejaré escapar, y en ese extremo, intentaré que no sea mucho, pero sin cortarme del todo). Ineludible es, sin embargo, hacer alguna referencia hacia cuál es su planteamiento: cada capítulo tiene nada que ver con el resto, siendo cada cual una historia independiente en realidades alternativas. No obstante, comparten una motivación: la paranoia radical sobre los modos de socialización y conceptualización de la realidad en el mundo "moderno". Una tecno-paranoia similar a la planteada en algunos capítulos de aquella serie ochentera llamada "Más allá del límite". O, como planteaba Channel 4 resumiendo la emisión del primer capítulo, "una parábola retorcida en la era de Twitter" (tal y como aparece en Wikipedia).
Hace meses que me hablaron de ella, y por unas o por otras, el recomendador aprovechó que tenía un pendrive mio para encasquetarme los tres capítulos de la primera temporada. Ayer pude verlos. Y en el fondo mi impresión es similar a la que me sobreviene con otras obras televisivas o cinematográficas que hacen una reflexión paranoica radical sobre la realidad: esa realidad, la que vivimos, supera a la ficción.
Callo y callo, y no hay otra cosa que no sea ruido a mi alrededor. Formalizo ideas, categorizo conceptos, y al transmitirlos genero más ruido. Y nada cambia, nada adapto en mi entorno. Otros adaptan este mundo a su interés, y con el mundo, a mi mismo.
Decir todo ello no es otra cosa mas que generar ruido. Partimos de la tesis de lo necesario que es transmitir lo que pensamos. Tenemos que hablar, comunicarnos. Y respetar a otros. No juzgar, y así no ser juzgados. O juzgar y recibir el juicio de otros, dispuestos a ello, dejándonos impregnar. ¿O no? ¿O si? ¿O qué? Da igual. ¿Importa?
Creamos modelos de negocio basados en ese ruido. Y buscamos el apoyo de otros no en base a lo que pensamos, sino en base a lo que piensan esos otros. Buscamos su simpatía. Creamos la oferta para su demanda. Exactamente como hace Black Mirror: aprovechar el punto de tecnofobia que muchos tienen en alza, y tranquilizarnos, a la par, con la previsión de males peores, y la socialización del mal de muchos.
Estamos mal. Muy mal. Los exiguos beneficios de mis dos últimos empleos salían, exclusivamente, de valores crecientes en una pantalla de ordenador: actividades financieras de bancos corruptores, y plusvalías virtuales de propiedades intelectuales. ¿Tejido productivo? Cero. Y no porque no lo prefiera: es que por el tejido productivo presente, no hay beneficios suficientes como para pagar un alquiler. Solo lo hay en lo incierto. En lo no-real. En lo absurdo. En la eficacia y eficiencia mal entendidas de dinamizar lo subjetivo.
Leía hace unos días, perdido tontamente en el ruido, cosas como que la derecha en España está fatal, con un Dios tambaleante cuyo vicario se retira, una Patria tocada en su gobierno por cortinas de humo secesionistas, casos de corrupción que avergonzarían y harían retirarse a cualquier gobernante de otra parte, y el mayor déficit público de la historia reciente (14% del PIB, según resumía Ignacio Escolar hace no mucho), y un Rey con amante charlatana, ex-yerno politoxicómano, y un aún-yerno que está dejando a tiro de piedra de algún juez con agallas el aireo de los trapicheos monárquicos.
Y en esta situación de Dios, Patria y Rey tocados, no hay quien los hunda: la izquierda no tiene absolutamente ningún poder y solo puede aspirar a competir por los titulares con esas otras derechas que surgen, las atrapatodo. Ni con esas sirve de nada: la derecha sabe controlar los tiempos (los imponen ellos), y antes o después volverán con su propaganda a ganar simpatías, a ofrecerle al público lo que el público demanda. Quizá Rajoy se folle a un cerdo para ser TrendingTopic y ganar simpatías ante un falso secuestro de Leonor de Borbón y Ortiz.
Solo podemos aspirar a integrarnos en el mundo "moderno", el de la ficción, la irrealidad virtual, y el mundo controlado por un genio maligno de Descartes, o desaparecer. Es la tesis pesimista, claro.
La tesis optimista no es mejor: ya estamos desaparecidos. Hemos desaparecido en el ruido. Vivir, para un humano, es perderse en la multitud: desaparecer en el ruido. Y si vivir es bueno, desaparecer también. Y el ruido también.
Desaparecer o desaparecer. Esa es la tesis de Black Mirror. Esa es la realidad misma, y ante esa realidad, esa verdad incorruptible que solo asusta a los necios y les hace volverse pasivos, entusiastas, o agresivos.
He ahí la inutilidad, cobardía, absurdez e insignificancia del suicidio, que en estos tiempos está en boca de tantos para culpar a otros de lo hecho por uno mismo para si mismo. Es el espectáculo, el sentir que hace que nos sintamos sintientes, y por lo tanto que hay algo de eso que otros llaman "alma" dentro de nosotros.
Algunos verán en estas palabras una locura lúcida. Otros, una locura a secas. Quizá otros vean razón y lógica incorruptibles.
En el fondo es solo ruido.
Respeto el derecho al olvido, ya que el ruido favorece ese olvido. Y por otra parte, espero que jamás me den un programa de televisión para hablar de estas cosas: como en Network: Un mundo implacable, seguramente me integraría más que nunca en el sistema, y diría todo esto y más sosteniendo un cristal afilado en mi propio cuello, tranquilizando a las masas que buscasen este tipo de escapatoria: ese que confirma la sospecha que uno tiene y permite que todos puedan seguir ocupándose en la no-realidad cotidiana. Aunque no me matarían: la cuerda nunca se tensa tanto, y si pueden explotarte y meterte en una celda más grande, ¿para qué se van a deshacer de ti?
Me voy a abrir una cuenta en Triodos Bank
MaraudeR - 2012-07-13 17:39:13
Llevo tiempo dándole vueltas al tema, pero por pura pereza no he hecho el esfuerzo de cambiarme.
Hoy, después de que La Caixa me haya clavado una comisión de 15 euros nada menos por recibir una transferencia internacional de 150 euros, que viene siendo la gota que ha colmado el vaso de mi paciencia ante un servicio cada vez más deficiente, y dado el continuo latrocinio a base de comisiones al que nos han venido sometiendo desde el principio, he decidido cambiar.
Y sopesando las diferentes opciones disponibles, he decidido hacerlo con Bankia.
Es broma... voy a abrir una cuenta corriente en Triodos Bank. La única duda que tengo es sobre la tarjeta de crédito, ya que te dan sólo una de débito a priori, y no sirve para algunas transacciones -por ejemplo, al alquilar un coche para un viaje, o incluso en muchos sitios de Internet para comprar-.
Bueno, pues ná. Una reflexión personal por si alguno quiere compartir su experiencia con Triodos al hilo.
Hoy, después de que La Caixa me haya clavado una comisión de 15 euros nada menos por recibir una transferencia internacional de 150 euros, que viene siendo la gota que ha colmado el vaso de mi paciencia ante un servicio cada vez más deficiente, y dado el continuo latrocinio a base de comisiones al que nos han venido sometiendo desde el principio, he decidido cambiar.
Y sopesando las diferentes opciones disponibles, he decidido hacerlo con Bankia.
Es broma... voy a abrir una cuenta corriente en Triodos Bank. La única duda que tengo es sobre la tarjeta de crédito, ya que te dan sólo una de débito a priori, y no sirve para algunas transacciones -por ejemplo, al alquilar un coche para un viaje, o incluso en muchos sitios de Internet para comprar-.
Bueno, pues ná. Una reflexión personal por si alguno quiere compartir su experiencia con Triodos al hilo.
¿Qué me pongo?
Alanthano - 2012-06-09 11:47:40
Tengo una reunión familiar obligada y estoy buscando en el armario mi disfraz favorito y un repelente contra idiotas. Esta vez no quiero que me hagan daño... ná, necesitaba decirlo, sólo es un desahogo. Gracias por estar ahí, a quien quiera que esté.
Europeo
Manuko - 2012-05-27 03:51:42
Desde Instigado@Net/Bitácora:
Y qué si lo que yo quise es saber
mientras el mundo, a su manera
se presenta ante estos ojos atontados,
que observan, sobremanera,
hasta el más mínimo ápice
de todos los recovecos
en que se esconde cualquier verdad,
cualquier verdad,
la que sea.
Y qué si lo que yo quise saber
es, entretanto, síntoma
de mi realidad como capaz...
De imaginar, elucubrar
Pensar que puedo llegar
A ver el mundo en mi cabeza....
Gran locura, se esconde
Detrás de la ternura
Y sin embargo
Denota calma...
Vamos a contar hasta cien...
Un, dos, tres, cuatro...
Cinco, seis, siete, ocho...
Nueve, diez...
Once...
Doce...
Trece, catorce...
Quince...
Dieciseis
Diecisiete
Dieciocho, diecinueve...
Veintisiete.
Y qué si lo que yo quise es saber
mientras el mundo, a su manera
se presenta ante estos ojos atontados,
que observan, sobremanera,
hasta el más mínimo ápice
de todos los recovecos
en que se esconde cualquier verdad,
cualquier verdad,
la que sea.
Y qué si lo que yo quise saber
es, entretanto, síntoma
de mi realidad como capaz...
De imaginar, elucubrar
Pensar que puedo llegar
A ver el mundo en mi cabeza....
Gran locura, se esconde
Detrás de la ternura
Y sin embargo
Denota calma...
Vamos a contar hasta cien...
Un, dos, tres, cuatro...
Cinco, seis, siete, ocho...
Nueve, diez...
Once...
Doce...
Trece, catorce...
Quince...
Dieciseis
Diecisiete
Dieciocho, diecinueve...
Veintisiete.
[12-15M] Este sitio ya no es lo que era
Manuko - 2012-05-11 03:51:25
Este sitio ya no es lo que era, pero sigue siendo lo que es.
Por mi parte, ya no soy el que era, y sin embargo sigo siendo yo.
El mundo ya no es el que era, y resulta que sigue siendo el mundo.
El pasado ha quedado atrás, y otras tantas paparruchas más...
Resultan malos tiempos para la lírica. Todos esperamos, más bien, historias épicas de confrontación y lucha, de sufrimiento y entrega, y derrota o triunfo. Se escriben tan fácilmente...
Que menos, claro, con los tiempos que corren. Yo, sin ir más lejos, tardé lo menos posible en tener mi entrada para ver el partido de fútbol Rayo Vallecano vs. Granada de este domingo.
Y, sin embargo, obviamente, en ninguna salvación espero la nuestra, o más bien la de otros. La de nadie, en el fondo. Porque, en el fondo, para nadie de mi clase habrá salvación, entendida esta como salida del círculo vicioso de explotación del hombre por el hombre, por estos derroteros...
Los poderes públicos se desquician, es decir, son sacados del quicio por el que deben entrar: se obesan. Se agasajan. Se invaden a si mismos de una potestad decisoria que repercute para mal en el común de la sociedad. Y lo peor no es eso: lo peor es que su decisión es seguidista. Y en ese seguidismo, es idealista. Responde a un ideal concreto: el de la rica fortaleza amurallada rodeada de pobreza mundana, el afan del la lujuria, la animosidad invasiva, el desayuno con diamantes, el Rey León y de cualquier aspirante a cortesía.
Y ante ello, la nada ideológica. Ninguna oposición fehaciente para el mundo moderno, cuentan los medios. Y ante ello, la repulsa ideológica. Y ante ello, la alternativa ideológica. Y en ello, nosotros. Los demás.
La salvación no está en permanecer en la miseria. Es lo mismo, exactamente, para el Rayo Vallecano.
Del 12 al 15, ni a las 10 en casa ni hostias...
Por mi parte, ya no soy el que era, y sin embargo sigo siendo yo.
El mundo ya no es el que era, y resulta que sigue siendo el mundo.
El pasado ha quedado atrás, y otras tantas paparruchas más...
Resultan malos tiempos para la lírica. Todos esperamos, más bien, historias épicas de confrontación y lucha, de sufrimiento y entrega, y derrota o triunfo. Se escriben tan fácilmente...
Que menos, claro, con los tiempos que corren. Yo, sin ir más lejos, tardé lo menos posible en tener mi entrada para ver el partido de fútbol Rayo Vallecano vs. Granada de este domingo.
Y, sin embargo, obviamente, en ninguna salvación espero la nuestra, o más bien la de otros. La de nadie, en el fondo. Porque, en el fondo, para nadie de mi clase habrá salvación, entendida esta como salida del círculo vicioso de explotación del hombre por el hombre, por estos derroteros...
Los poderes públicos se desquician, es decir, son sacados del quicio por el que deben entrar: se obesan. Se agasajan. Se invaden a si mismos de una potestad decisoria que repercute para mal en el común de la sociedad. Y lo peor no es eso: lo peor es que su decisión es seguidista. Y en ese seguidismo, es idealista. Responde a un ideal concreto: el de la rica fortaleza amurallada rodeada de pobreza mundana, el afan del la lujuria, la animosidad invasiva, el desayuno con diamantes, el Rey León y de cualquier aspirante a cortesía.
Y ante ello, la nada ideológica. Ninguna oposición fehaciente para el mundo moderno, cuentan los medios. Y ante ello, la repulsa ideológica. Y ante ello, la alternativa ideológica. Y en ello, nosotros. Los demás.
La salvación no está en permanecer en la miseria. Es lo mismo, exactamente, para el Rayo Vallecano.
Del 12 al 15, ni a las 10 en casa ni hostias...

