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Algo muy grave esta pasando

Alanthano - 2013-02-05 23:38:43
Carlos MartínezATTAC Andalucía

Advierto, los movimientos en la prensa de Madrid y las esferas del poder central de estos últimos días aún habiendo conseguido algo muy positivo como es la reacción de muchísimas personas, bien de forma activa echándose a la calle de numerosas ciudades del estado español exigiendo la dimisión de este Gobierno corrupto o firmando escritos de dimisión, e incluso manifestando su malestar en encuestas, demoledoras para con Rajoy y sus amigos, tienen en su origen una carta guardada en la bocamanga. Es muy bueno que salgamos a la calle diciendo que chorizos fuera y que esta crisis es una estafa, pero también que sepamos que se cuece en las esferas gatopardianas del poder real. De los que más allá de partidos manejan el estado. Debemos intuirlo, para actuar en consecuencia.

Los papeles Barcenas, los sacan al alimón “El Mundo” y “El País” es decir un sector del PP y un sector muy poderoso del PSOE. Puede parecer evidente que tras estos medios hay poderosos intereses tanto económicos como políticos y que medios empresariales tan influyentes, deben tener serios indicios para arriesgarse a sacar a la luz estas noticias. No son jueces, pero están muy informados y eso es evidente y palmario.

Algo hay detrás. En una Asociación de izquierdas, muy seria y respetada en esta opción ideológica, hace algunos meses ya, recibimos información muy solvente, acerca de una golpe de salón que se preparaba contra Rajoy, sí, contra Rajoy, pues un sector muy importante del poder entendía que le faltaba fuerza y liderazgo para acometer una crisis que compromete seriamente los intereses de las oligarquías, del establishment madrileño que acumula el poder. Los oligarcas desean más contundencia, más “reformas” y una concentración mayor de poder.

Se sabe además que el régimen ha perdido toda la confianza popular y los partidos del sistema ya no solo no son de fiar sino que están bajo mínimos La monarquía su otro bastión de poder, ha perdido confianza y las personas comienzan a percibir su inutilidad, así como sus claros síntomas de “debilidades económicas”. Cuando todo se derrumba urgen soluciones rápidas y no siempre ortodoxas.

El poder financiero hace tiempo que exige un gobierno de concentración y/o una gran coalición PP-PSOE- Derechas Nacionalistas, que salvaguarde los intereses de la oligarquía que nos domina. También del entramado político-económico del régimen del 78 incluidos los beneficios adicionales que este produce. El hundimiento en las encuestas del PP y del PSOE, indican que unas elecciones generales anticipadas tampoco pueden ser la solución, luego mucho ojo y atentos. Pues a pesar del recambio UPyD de la derecha, las cosas no están claras. Si a esto le sumamos el problema catalán y el vasco que ya se vuelve a otear, todo esta servido. Pero lo que más les asusta es la reacción social, el imprescindible por nuestro bien, -el de paradas y parados, pensionistas, jóvenes y clases trabajadoras- estallido social, que también, no solo ya se intuye, sino que cada vez de forma inexorable se aproxima más. Luego un golpe de timón conservador, un golpe neoliberal, están en el horizonte.

La reacción popular y las manifestaciones, no solo son la respuesta lógica, sino hay que incrementarlas y seguir con ellas y con las huelgas obreras en la limpieza, servicios públicos y los transportes. Pero necesitamos con urgencia un Frente Amplio del pueblo trabajador, apoyado por la Cumbre Social que se enfrente con éxito a esta operación que todo parece indicar que se está fraguando.

No hay tiempo. No es momento de echarse nada en cara, ni de ajustar cuentas. Es eso sí, un tiempo en el que hay que actuar a la vez con responsabilidad y valentía y conformar sin pérdida de tiempo una Coalición Social y de las izquierdas y los y las antineoliberales.

Llevo tiempo diciéndolo y machacándolo. Tanto Socialismo21 como Construyendo la Izquierda, entre otras fuerzas lo están exigiendo y poniendo encima de la mesa a todas y todos los que nos quieran escuchar. También hace tiempo se lo propongo directa o indirectamente a Attac España y otros movimientos sociales y la verdad me gustaría estar equivocado, pero…

IU no puede pensar que un 15% si es que se diera efectivamente, en un panorama de elecciones anticipadas es la panacea. La intención de voto total, es de un 53% según la encuesta de Metroscopia del 3/2/013, es decir que muchas personas tanto hartas como manipuladas se van a quedar en casa. La derecha solo desea que la izquierda sociológica y social se quede en casa para volver a mandar y a la postre ya saldrá UDyD para hacerles el apaño. Eso o hacerle el avío al PSOE. Por eso es tan necesario el frente amplio de las izquierdas y la indignación. Los socialistas, que no socioliberales o simples liberales emboscados en el PSOE, sabremos como actuar. Sabremos cual es nuestro lugar.

Hoy domingo 3 de febrero, Rubalcaba ha pedido la dimisión de Rajoy, para nombrar a “otro presidente” que pueda pilotar este barco a la deriva, pero no ha pedido elecciones anticipadas -era lo lógico tras pedir la dimisión del líder del PP- ni ha anunciado por ahora una moción de censura. A mi me ha chirriado, no se si a ustedes también.

No hay tiempo ya. La respuesta antineoliberal no puede tardar. Rajoy, debe dimitir, claro. Pero no solo por hacer algo que ya sabíamos que se hacía entre la derecha y otros liberales y era moneda común el partido de las derechas, sino por estar empobreciendo las clases populares del Estado, para enriquecer a ricos y poderosos y vender nuestra dignidad y la independencia del estado español.

Politólogo. Presidente de Attac Andalucía y miembro de Socialismo21

Hacer la revolución no es ofrecer un banquete

Alanthano - 2012-12-02 16:48:23
Kaosenlared.net"
por Manuel Navarrete


"Hacer la revolución no es ofrecer un banquete, ni escribir una obra, ni pintar un cuadro o hacer un bordado; no puede ser tan elegante, tan pausada y fina, tan apacible, amable, cortés, moderada y magnánima. Una revolución es un acto de violencia mediante el cual una clase derroca a otra." (Mao)


Una pistola en la cabeza de los ancianos

El viernes por la mañana el gobierno cogió una pistola y se la puso en la cabeza a millones de ancianos. Entonces, les obligó a darles algunos miles de millones de euros. Los metió en una bolsa y, más tarde, entregó el botín a unos banqueros multimillonarios alemanes. Pero lo más significativo es que todo eso lo hizo a cara descubierta, amparado por las leyes del sistema económico capitalista.

Pero las multinacionales que controlan los medios de comunicación no lo han contado así exactamente. Algunos han denominado al robo “no-revalorización de las pensiones”; otros, “recorte”. Los del PP han hablado bien de la medida; los del PSOE, mal. Pero ninguno ha hablado de la existencia de un robo, de una pistola o de una entrega del botín a sus nuevos dueños. La Sexta, naturalmente, ha criticado superficialmente la medida; pero no ha cuestionado la dominación amparada por las armas del Estado capitalista que permite adoptarla.

El objetivo de todos estos medios es que la gente no se haga las siguientes preguntas: ¿por qué sólo el Estado puede tener pistolas, policías, cárceles, juzgados y soldados? ¿Por qué sólo el Estado puede cobrar y administrar impuestos, decidiendo si se derivan hacia los ancianos o hacia los banqueros? ¿Por qué sólo los juzgados pueden desahuciar y sólo la policía puede desalojar familias, y en cambio nosotros no podemos pegarles a ellos con una porra o pelotas de goma? ¿Por qué si nosotros nos armáramos para desahuciar a los banqueros y desalojar a la CEOE a porrazo limpio, el Estado los defendería y nos encarcelaría de por vida?

Todo discurso político que no responda estas preguntas refuerza, voluntaria o involuntariamente, la dominación de la burguesía.

¿Qué hay de malo en un desahucio?

El socialdemócrata es realmente patético. ¿Qué tiene en contra de los desahucios, de que echen a familias a la calle? Él apoya el sistema capitalista, la propiedad privada como ley reguladora. Y es a través de esa ley, limpiamente, mediante intercambios mercantiles de equivalentes, como se ha llegado a esta situación en la que la banca saquea a las poblaciones.

No hay que olvidar que el banco no es más que un tipo de empresa particular, que vende dinero. Y es que, por más que digan los keynesianos, no se pueden poner diques al mar. Si permites que exista la posibilidad de contratar asalariados de manera privada extrayendo una plusvalía, es completamente inevitable que acaben surgiendo parásitos financieros como los que ahora sufrimos.

El socialdemócrata, que defiende los canales legales e institucionales de lucha como los únicos posibles y legítimos, debería estar en consecuencia a favor de todos los desahucios. Si la vivienda no está colectivizada y se puede comerciar con ella, es obligatorio pagarla al precio que decidan los propietarios. Un desahucio es una orden de un juez, siguiendo las leyes que protegen la propiedad privada capitalista y que, por lo tanto, permiten tanto la especulación inmobiliaria como la especulación financiera. Leyes que el socialdemócrata acepta, aunque quiera paliar sus resultados con un poco de “caridad fiscal”, es decir, subiéndole los impuestos a los ricos. Pero la caridad fiscal no es justicia.

Para el socialdemócrata, hay que agachar la cabeza ante los criminales que gobiernan el mundo. Para él, si el violador (el sistema capitalista) se pone un preservativo, ya no está atentando contra la dignidad de su víctima (el pueblo trabajador). Así, el socialdemócrata se limita a protestar. El revolucionario, en cambio, apuesta por resistir, y no deja jamás que se confundan ambos conceptos. Como escribió Ulrike Meinhof, “si digo que tal o cual cosa que no me gusta estoy protestando. Si me preocupo además porque eso que no me gusta no vuelva a ocurrir, estoy resistiendo. Protesto cuando digo que no sigo colaborando. Resisto cuando me ocupo de que tampoco los demás colaboren”.

El pacifismo, garante del status quo

l viernes por la tarde vi lo que parecía ser una despedida de soltera o algo así. Un montón de enfermeras con gorritos de navidad cantaban villancicos frente al ayuntamiento de Sevilla. Todas reían y el cachondeo era generalizado. Luego me di cuenta de que era una protesta contra los recortes en sanidad.

Eso me recuerda a una asamblea de barrio en la que un asistente proponía que nombráramos a unos chivatos de la policía, para entregar a aquellas personas que forzaran altercados. Pedí la palabra y dije que eso jamás. Que, en todo caso, la manifestación debería nombrar a su propio servicio de orden y excluir a aquel que no cumpliera con las directrices acordadas, pero entregar a gente a la madera, nunca. Y lo del servicio de orden no por nada, sino por el único motivo de que aún no tenemos acumulada la fuerza suficiente como para asaltar el poder político a cara descubierta y a plena luz del día, careciendo de sentido realizar acciones en inferioridad de fuerzas.

Otra escena que recuerdo sucedió durante la huelga general del 14 de noviembre. Mientras la policía cargaba criminalmente contra nosotros, un trosko les decía “compañero, si a ti también te están recortando”. Decía, también, que el enemigo era el capitalismo, no ellos; que también son trabajadores, que “son unos mandados” y cosas así. No he visto cosa más vergonzosa en mi vida. Si el enemigo es el capitalismo, así en abstracto, ¿a quién hay que derrotar? ¿A “Mr. Capitalismo”? ¿O a las fuerzas armadas del Estado capitalista, que estaban ahí enfrente apaleándonos? ¿No eran los integrantes de las tropas yanquis derrotadas por las guerrillas revolucionarias vietnamitas “unos mandados” de clase obrera (pues los ricos podían pagar su licencia)? ¿No eran los soldados nazis “unos mandados” y jóvenes procedentes del pueblo? Es más, ¿no nos enseña Marx que ni siquiera los mayores capitalistas son enemigos por el hecho de ser “malos” personal o individualmente, sino que es el propio sistema el que los obliga a hacer lo que hacen y los convierte en enemigos a los que hay que destruir?

Los poderosos quieren una izquierda moderada, cívica, ciudadanista, colaboracionista. Quieren que creamos que las cosas se cambian haciendo batukadas, agitando las manos vacías en el aire o dándoles pena a los capitalistas. Que la violencia no soluciona nada (aunque ellos bien que la emplean cuando hay que desalojar a alguna familia, reprimir alguna manifestación en su contra o robarle el petróleo a algún país como Libia o Iraq).

Pero lo más triste es que buena parte de la izquierda les sigue el juego. Otra vez parece haberse puesto de moda el mito de Gandhi. Sí, Gandhi, el que se oponía a la violencia cuando se trataba de colonias que luchaban por su independencia frente al imperio británico, pero en cambio la apoyaba cuando el imperio británico sofocaba una rebelión popular. Sí, Gandhi, el que apoyó al imperio británico en la I Guerra Mundial y llamó a sus seguidores a enrolarse en el ejército imperial, como él mismo explica en su Autobiografía.

Tal vez la sociedad de castas que impera en la India sea un modelo social ejemplar para estos “gandhianos” (a diferencia de la justicia social por la que luchan incansablemente los Naxalitas con las armas en la mano). Tal vez crean que los centenares de presos políticos y mártires comunistas de la historia lo fueron por elección, por dogmatismo o por haber leído demasiado al Che Guevara (y ni eso, porque dirán que era pacifista, socialdemócrata o hasta enemigo de Fidel Castro).

Pero el oportunista no sólo ignora la historia y, de paso, el presente, sino que insiste con la milonga de que hablando de Gandhi podemos atraer a más gente. La mediocre estupidez habitual. ¿De qué sirve atraer a mucha gente, si a cambio estamos reforzando sus prejuicios democrático-burgueses? ¿De qué sirve ser millones si lo que hacemos es inmovilizar y defender la paz entre clases? ¿Cómo dar mañana el salto revolucionario, si previamente no hemos hecho pedagogía y preparado al pueblo para ello?

El papel de la violencia en la historia

Los tiros al aire de los palestinos, tras conocerse que Palestina será aceptada como Estado observador en la ONU, nos recuerdan aquella idea de Rosa Luxemburgo: la violencia siempre debe estar latente detrás de lo que, aparentemente, es una negociación pacífica; de lo contrario, no obtendremos nada. Tal vez Mahmud Abbas intente aparentar que él ha sido el responsable institucional del logro, pero todos -salvo los demasiado ignorantes- saben que, sin la resistencia armada de Hamás y el FPLP, jamás se habría llegado a una correlación de fuerzas que permitiera ese logro (relativo).

India no habría logrado la independencia de no ser porque al imperio británico, acosado por la resistencia armada a la que se enfrentaba en todo el Tercer Mundo, le convino efectuar esa concesión preventiva. Los pueblos trabajadores de Europa no habrían logrado la sanidad, la educación y las pensiones públicas sin la existencia de una Unión Soviética que, además de una carrera armamentística (aunque ahí está el quid de la cuestión), imponía una “carrera del bienestar”, con sus poderosos servicios públicos.

En suma, es hora de no frivolizar sobre el papel de la violencia en la historia. Manel Márquez señaló en una ocasión que nunca se ha conquistado nada para los pueblos mediante la violencia. Esa frase podría pasar a ser cierta si cambiáramos el “nunca” por un “siempre” y modificáramos el resto de su gramática en función de ese cambio. Pero, tal y como fue escrita, esa es la frase más lejana a la verdad posible. Ninguna clase dominante ha cedido jamás sus privilegios por las buenas y todo lo que han conquistado los pueblos a lo largo de la historia de la humanidad ha tenido que ser, desgraciadamente, por la fuerza.

No fue la conducta de Jesucristo (que probablemente ni siquiera existió), sino la conducta de Espartaco, la que cosechó frutos emancipadores y revolucionarios. Sin la violencia de los oprimidos no se habría superado ni siquiera la esclavitud. Sin la amenaza de unas masas populares rebeldes y armadas de palos o escopetas no seríamos ni siquiera siervos de la gleba. Sin los piquetes “violentos y coactivos” no trabajaríamos 8 horas (de hecho, al haber relajado esa tensión ya nos están haciendo trabajar más de 8), sino 16. Sin los piquetes “violentos y coactivos” no tendríamos derecho a vacaciones pagadas, baja por enfermedad o maternidad, seguridad social, convenio colectivo o salario mínimo. Tampoco tendríamos sanidad y educación gratuitas (de hecho, al habernos vuelto demasiado pacíficos, ya nos están arrebatando también esa conquista).

Pero no se puede decir más, porque el precio es ir a la trena. Eso es lo más triste: los pacifistas se aprovechan de que llevarles la contraria es ilegal, de que con ellos no puede haber un debate en igualdad de condiciones. Con todo, subestiman el avance del pensamiento - interno y clandestino- de cada vez más personas.

Sólo el socialismo real fue una amenaza real

Sería demasiado estúpido plegarse a lo que digan unos medios de comunicación que hablan de torturas policiales en Rusia, pero silencian las torturas que se producen (e indultan) sistemáticamente aquí (hasta la casposa Amnistía Internacional reconoce que el Estado español viola mucho más los llamados “derechos humanos” que Cuba). Sería irrisorio plegarse a lo que los medios de comunicación dicen, porque son capaces de gastar cientos de miles de euros para rodar una serie tan patética que afirma que Isabel la Genocida fue “una mujer adelantada a su tiempo”.

La semana pasada, en un desalojo, la policía nos machacó a palos. Al cabo de unas horas, leí en la web del Diario de Sevilla que había 8 policías heridos por piedras y palos. Yo estuve allí, lo vi todo y puedo asegurar que esa “información” es totalmente falsa. Ojalá el grado de resistencia popular hubiera llegado a esos niveles. Pero no. Ahora nos enteramos de que varios policías se han dado de baja por lesiones. Unas lesiones inexistentes que se convierten en unas existentes vacaciones pagadas (pagadas por los mismos a los que apalearon). Perfecto premio por reprimir y mentir. ¿Qué está pasando?

Ahora nos asustan con Irán. Por lo visto, EE UU, Gran Bretaña o Israel tienen derecho a tener armas nucleares, pero Irán no. ¿Por qué? No es Irán la que tiene bases militares en Rota y Morón. No es Irán la que bombardeó Yugoslavia, Afganistán, Iraq y Libia. No es Irán la que colonizó Asia. Ni la que masacra a niños palestinos.

El caso es que eso nos lleva a otras reflexiones: si mienten así sobre un desalojo, si mienten así sobre cualquier país que, aun sin ser socialista, no controlen, ¿qué no dirían de una revolución anticapitalista? Lo de ingenuo se queda corto para definir al que se traga la propaganda de los medios de comunicación contra la Unión Soviética.

La cosa es bien sencilla: la URSS fue el mayor desafío al capitalismo en toda su historia. Mil batukadas, foros sociales, asambleas barriales o incluso sindicatos no pueden equipararse al desafío anticapitalista que supuso la Unión Soviética. ¿Cómo van a hablar bien de ella los mismos medios que, de haber sido otro el vencedor de la batalla de Stalingrado, sin duda habrían hablado (pero que muy) bien del fascismo?

No es una cuestión de nostalgia de la URSS, sino de memoria histórica proyectada hacia el futuro. Podemos gastar saliva criticando los errores (reales o, más frecuentemente, inventados) del socialismo real, pero debemos tener clara una cosa: volverán a mentir sobre cualquier nuevo proyecto emancipador que generemos. Si estamos entrenados para creernos todas sus mentiras, si no tenemos un pensamiento realmente crítico y alternativo que las ponga en cuestión, ¿cómo nos libraremos de tragarnos una vez más todas sus calumnias?

Una supuesta izquierda heredada de una supuesta transición

Como dice una canción de Inadaptats sobre la guerrilla Mau-mau, “tenemos
demasiadas de nuestras propias gentes que se interponen en el camino. Son demasiado escrupulosas. No quieren que los clasifiquen como extremistas, o violentos, o irresponsables, ¡sólo buscan su buena imagen! Y nadie que busque una buena imagen será jamás libre”.

Todavía nos preocupa demasiado lo que digan de nosotros. Desde el cambio de maquillaje de la transición, el comunismo domesticado del PCE dejó de generar sus propios canales de comunicación con las masas, apostando por los canales institucionales y mediáticos convencionales. De este modo, la prensa burguesa, a través de un sutil juego de castigos y premios, fue moldeando la línea política del PCE en función de los intereses de la burguesía.

Así, llegamos a la situación actual. Las bases del PCE cantan en las manifestaciones que “PSOE, PP, la misma mierda es”. Pero, luego, si a alguna agrupación local se le ocurre poner en práctica el cántico (como hicieron los de Extremadura), es amenazado de expulsión por Cayo Lara (un líder que, como Llamazares, Carrillo o Valderas, se niega a independizar a IU del PSOE). Es más, las bases han sido privadas de toda posibilidad para modificar la línea de la dirección, que más bien depende de la deuda del PCE, que fue comprada por el banquero sociata Emilio Botín.

Pero realmente, esto es tan evidente que no hace falta insistir demasiado.

Esclavos de la casa y esclavos de las plantaciones

Malcom X ironizaba (en buena medida, para denunciar el pacifismo de Martin Luther King) sobre el esclavo de la casa, que cuando su amo enferma le pregunta “¿cómo estamos, amo?”, frente al esclavo de las plantaciones, que sólo anhela la muerte del amo. Cuando, este verano, los esclavos de las plantaciones del SAT entraron en el Mercadona a expropiar algunos alimentos, los esclavos de la casa del Banco de Alimentos rechazaron la ayuda. No pasó nada, porque el SAT llevó los alimentos directamente a la Corrala la Utopía, que es lo que debió hacer desde un principio.

Ahora, el Banco de Alimentos y La Caixa han colocado unas cajas caritativas en los Mercadonas, para recoger alimentos. Habría que meterles fuego a todas esas cajas. La Caixa, que ha desahuciado a cientos de miles de familias, que se ha lucrado y se lucra con el sufrimiento de la gente. Que ha forzado, junto al resto de la banca europea, las mismas políticas causantes del hambre. Que controla buena parte de las acciones de las empresas multinacionales españolas que saquean al Tercer Mundo (Repsol, Gas Natural, Fenosa, Abertis…). Que ha privatizado las cajas de ahorros, para concentrar aún más el capital en pocas manos. Que ha cooptado a los gobiernos para que conviertan su deuda privada en deuda pública, haciendo pagar al pueblo una deuda (cómo no, a otros bancos amigos) que va camino de hundirlo en la miseria.

La Caixa juega a un juego muy sencillo: va a una comunidad de vecinos donde hay ancianos que, con el sudor de su frente, trabajando toda la vida, han cosechado 9 bollos de pan. Les pone una pistola en la cabeza y les exige 10. Luego, junto a sus amigos, los esclavos felices del Banco de Alimentos, regala 1 bollo de pan para lavar su imagen. ¡Qué caritativos son los banqueros!

Por imperativo moral, por necesidad material y por dignidad, hay que acabar con esos cerdos. Por las buenas o por las malas.

La revolución es una correlación de fuerzas

Acusan de extremistas a nuestra gente, y a veces nuestros dirigentes consienten. Mientras sigamos hablando en el lenguaje del enemigo, estaremos jodidos. ¿Quién decide dónde está el centro y dónde están los extremos? Nosotros no somos extremistas, queremos un mundo donde haya equilibrio, igualdad, donde la gente pueda vivir tranquila, sin esclavitud, sin extremos.

Extremista es que el salario mínimo sea de 748 euros y la hipoteca del banco se lleve la mayor parte de lo que gana la gente. Extremista es que algunos tengan que suicidarse, porque unos sinvergüenzas, armados con el poder militar del Estado, defiendan la existencia de clases sociales, la existencia de una minoría de ricos insaciables frente a una mayoría de personas que viven al día. Extremista es que haya parados sin ingresos porque al capitalismo no le convenga repartir el trabajo. Extremista es que me esté quedando sin amigos en mi ciudad natal, porque la mayoría ha tenido que emigrar a Madrid o Londres para encontrar un curro que, para colmo, también es basura. Extremista es recortar sanidad, educación y pensiones para pagar la deuda a unos multimillonarios opulentos que deberían ser fusilados.

Rebelarse contra eso no es extremismo. Es simple cordura. Y rebelarse contra eso no significa agitar al aire las manos vacías. Rebelarse no es pedir limosna a los ricos, para que el sistema siga funcionando igual y la situación se perpetúe. Rebelarse es acumular fuerza revolucionaria. Lo queramos o no, la revolución no es una cuestión de educación, de ética. La revolución es una correlación de fuerzas.

Bueno, vale, pero ¿qué hacer?

Lo que debemos hacer es convertir en práctica transformadora una línea política justa, es decir, que huya tanto del oportunismo como del sectarismo. Naturalmente, esto no es fácil, porque el oportunista acusa de sectaria a la línea justa (y, efectivamente, mirando las cosas desde su posición, lo parece) y el sectario la acusa de oportunista (ídem).

Obviamente, esto es relativo. Nosotros no negamos la lucha ideológica, sino que tomamos partido en ella. De hecho, toda la lucha ideológica consiste en eso: en determinar, situar dónde está la línea justa, a través de una dialéctica entre el posibilismo y la utopía. Y sólo esa dialéctica permite avanzar. Si defiendes sólo el posibilismo, refuerzas el status quo y nada cambia. Si defiendes sólo el utopismo, caes en la marginación política. Como dijo Fidel, “un poco de locura está bien”, pero, como dijo Cervantes, “retirarse no es huir, ni esperar es cordura cuando el peligro sobrepuja a la esperanza”.

Por ejemplo, frente a una huelga general, debemos tomar partido. Es obvio que esta huelga, tal y como ha sido convocada, sirve a CC OO y UGT para legitimarse. Pero, como afirma un documento de Red Roja titulado “La situación del movimiento obrero y la estrategia sindical” (que, junto al resto de documentos de su I Congreso, será publicado próximamente), al igual que Lenin nos instaba a aprovechar las contradicciones interimperialistas, nosotros debemos “aprovechar las contradicciones que surgen dentro del mismo sistema, incluidas las que se dan con su ‘ala sindical oficialista’. Y utilizar –más aún si somos conscientes de la debilidad persistente del sindicalismo alternativo- las convocatorias que las direcciones de CCOO y UGT se ven obligadas a realizar”.

Está claro que los sectores revolucionarios no podían ser esquiroles, ya que eso habría perjudicado más aún a la clase trabajadora, sino que debían apropiarse de la huelga, hacerla suya y dotarla de un contenido más transformador, incluyendo el rechazo de la deuda y, por tanto, no sólo del PP, sino también del PSOE.

El sectario plantea el esquirolismo; el oportunista, confundirse con CC OO y UGT en su discurso únicamente “anti-PP” (ergo únicamente pro-PSOE). La línea justa es otra cosa: crear bloques críticos de intervención para la huelga general.

Otros rechazan también la generación de cooperativas y espacios de autonomía fuera del mercado de trabajo capitalista, porque, igualmente, se verán obligados vender su producción dentro de los canales mercantiles. Es sectarismo absurdo. No se puede reproducir el mundo del futuro revolucionario ahora, en la actualidad no-revolucionaria. En ese caso, si buscamos la liberación del trabajo extenuante, no realizaríamos los grandes esfuerzos que supone la militancia política, sino que actuaríamos como unos vagos (muchos lo hacen). Si buscamos la paz, no dispararíamos balas, sino que nos someteríamos (muchos lo hacen) o nos dejaríamos matar (eso ya no lo hacen tantos).

Sin embargo, tampoco le veo sentido a idealizar el cooperativismo o exigirnos que lo compremos todo en el comercio local de productos ecológicos, en lugar de en chinos, Mercadonas o grandes superficies. ¿Conoce esa gente la diferencia de precios entre una cosa y la otra? No nos podemos permitir comprar todo por esa vía porque somos de clase trabajadora, no ricos.

En suma, el sectario rechaza el cooperativismo, sin comprender su carácter ejemplificador, pedagógico, motivador. Pero el oportunista, cree que basta con liberar varios espacios y crear “islas” revolucionarias sacrificando al resto de la sociedad, por lo que deja de creer necesaria la conquista del poder del Estado. Ambas cosas impiden el avance del proceso revolucionario.

En conclusión, poder popular

Debemos prepararnos para la toma del poder político, pero sería erróneo comprender eso como un “acto único”. Muy al contrario, es un proceso que debe fortalecerse desde ya, a través de espacios contrahegemónicos donde, además de defender derechos y reivindicaciones, se resuelvan los problemas más acuciantes del pueblo trabajador. Donde, además, éste tome decisiones y genere alternativas de producción, de organización del trabajo.

Esto, naturalmente, sólo puede realizarse al margen de las instituciones del Estado burgués, creando nuestro propio contrapoder permanente, que huya tanto del oportunismo (calcar al Estado burgués, únicamente por delegación y representación) como del sectarismo (calcar a las asambleas del 15 M, que, al renunciar a toda delegación, no solidifican estructuras de contrapoder permanente). También es obvio que esto sólo podrá realizarse al margen de las instituciones sindicales del Estado burgués, CC OO y UGT, y en estrecha relación con el movimiento obrero de base y alternativo.

El Estado burgués sólo quiere esquilmar al pueblo y canalizar sus luchas por vías que no pongan en cuestión la dominación de clase. Es hora de que el pueblo se organice para solucionar sus propios problemas, al margen de las instituciones. Es hora de la solidaridad y del apoyo mutuo.

Por eso, queremos concluir recordando las emotivas palabras de un obrero en la inolvidable novela de John Steinbeck De ratones y hombres: “Los hombres como nosotros, que trabajan en los ranchos, son los tipos más solitarios del mundo. No tienen familia. No son de ningún lugar. (…)No tienen nada que esperar del futuro. Con nosotros no pasa así. Tenemos un porvenir. Tenemos alguien con quien hablar, alguien que piensa en nosotros. No tenemos que sentarnos en un café malgastando el dinero sólo porque no hay otro lugar adonde ir. Si esos otros tipos caen en la cárcel, pueden pudrirse allí porque a nadie le importa. Pero nosotros no. Porque yo te tengo a ti para cuidarme, y tú me tienes a mí para cuidarte”.

Historia de España contada para dummies

Alanthano - 2012-10-29 22:57:29

Estamos en crisis. "Todo el mundo" lo tiene claro, a "nadie" se le ocurre discutirlo, se supone. Pero es que a pocos se les ha ocurrido investigar un poco más el asunto. Animo a hacerlo. Lo primero que descubrirá es que los bancos, que se nos venden como que están muy mal y hay que rescatarlos con grandes cantidades de dinero público porque son los garantes de nuestra economía (**) han estado obteniendo beneficios en plena crisis (1, 2, imagen), y las grandes multinacionales lo mismo (3, 4) - y los que terminan cerrando lo hacen garantizando grandes ganancias económicas para todos sus dirigentes y accionistas mayoritarios, siempre ganando y nunca perdiendo. Pero más allá, la cuestión está en que son precisamente los bancos privados los causantes de la actual crisis del sistema económico debido a su avaricia y falta de ética, ya que durante una época de bonanza económica han estado ofreciendo gran cantidad de créditos sin verdaderas garantías de cobro y activos financieros que prometían a los depositarios elevadas ganancias, que ahora dudan poder hacer cargo en su totalidad. Ante el miedo de reducir sus beneficios, han tirado de sus contactos en la política para que los gobiernos les den el dinero que necesitan para poder tapar estos agujeros y seguir teniendo buenos beneficios. Amenazan que en caso contrario, si ellos entran en pérdidas, arrastrarán consigo en su caída a toda la economía. En cualquier otro sector de la economía, si un negocio o empresa va mal simplemente cierra y son sus propietarios o accionistas los que se hacen responsables de los costes del cierre... pero el sector bancario goza de excepcionales privilegios. Así, en lugar de dejar que la realidad les escarmiente y sufran las consecuencias de tan descarado "juego sucio" en sus negocios, y tomar las medidas necesarias para desligar la economía de los países de los bancos privados y multinacionales (por ejemplo mediante la potenciación de la banca pública y la nacionalización de las empresas proveedoras de servicios básicos), se les está arropando y ayudando. Se le está dando a los bancos privados grandes cantidades de dinero público que se recortan de los servicios públicos fundamentales como sanidad y educación. Una gran suma de dinero que muy bien podría haberse destinado a mejores fines. Un ejercicio simple: Si dividimos los 1.500.000 millones de euros dados entre 2008 y 2009 como ayudas a entidades financieras a los bancos privados en los países ricos (5) entre los 7.000 millones de personas del planeta, sale a 221 dólares por cabeza. Quizás no parezca mucho para una persona que vive en un país económicamente rico, pero ¿te imaginas que podría hacerse en muchos países monetariamente pobres con semejante cifra? En contraste, la Organización de las Naciones Unidas calcula que sólo sería necesarios 30.000 millones de dólares anuales para erradicar la amenaza del hambre (6), en un escenario actual en el que 1 de cada 6 personas del mundo padece hambre, una cifra que en lugar de disminuir está aumentando (eran 1 de cada 7 hace solo cuatro años), y en un planeta donde se produce un 10% de alimentos más de los que serían necesarios para el abastecimiento básico de toda la humanidad (pero que por cuestiones de "estabilidad" de precios en el mercado financiero mundial, no se envía a los países pobres) (7).


Todo esto nos lleva a pensar, ¿entonces, si los bancos y las grandes empresas siguen teniendo buenos beneficios, quién está en crisis? Pues los pobres, la mayoría de la población, que ante el miedo del desplome de la economía por la "crisis" que están promoviendo los medios de comunicación, están sometiéndose casi sin rechistar a un gran recorte de sus derechos, comenzando por los laborales y seguido por los sanitarios, educativos y demás servicios públicos, que permite a bancos privados y grandes empresas mejorar aún más sus beneficios económicos auspiciada por el paradigma del crecimiento ilimitado (que aunque irrealizable -el mundo es finito-, es uno de los pilares del sistema económico en el que nos han metido) y avanzar hacia la consolidación de un sistema económico global de carácter liberal/neoliberal financiero. Una estrategia que se ha venido a llamar "doctrina del shock" (8), hermana de la "doctrina del miedo" usada para justificar guerras y recortes de libertades.


Esto llama la atención sobre un hecho que venía produciéndose pero que ahora se ve más claramente: los sistemas de gobierno en todos los países monetariamente ricos lamentablemente no son democracias sino plutocracias en la práctica: son las grandes fortunas (empresas, bancos,...) las que mandan, y los políticos (en teoría, representantes de la población; en la práctica, títeres de los anteriores, colocados para defender sus intereses, gracias al control del pensamiento colectivo mediante los medios de comunicación y otras técnicas de control social) los que obedecen y le hacen el juego. Es el marco ideológico del liberalismo / neoliberalismo que domina la economía mundial: garantizar los intereses de las grandes empresas y bancos privados, asumiendo sin más que la población en general se beneficiará indirectamente de ello. Es llamativo el empecinamiento en darle alas ciegamente a un sistema que se ha demostrado erróneo (9): Joseph Stiglitz ganó el premio Nobel por demostrar que lejos de la asunción de que los mercados son siempre eficientes salvo por fallas muy concretas y limitadas, en realidad son ineficientes salvo bajo circunstancias excepcionales y puntuales (10).Y es que si nos paramos a pensar, las bolsas o son un absurdo o una estafa, pues es el lugar donde se hacen negocios basándose en especulaciones sobre qué precio se le pueden dar a las cosas (11, 12) y qué futuros beneficios habrá (tan irracional planteamiento es la idea básica de la economía financiera, frente a la clásica economía real basada en bienes y servicios realmente existentes - a todos los que invertís o invertisteis en bolsa y activos financieros: ¿os parasteis a pensar en esto antes de alimentar al "monstruo" con vuestro dinero?). Sin embargo, se intenta implantar un escandaloso reducionismo intelectual que afirma que si las bolsas (esto es, las grandes empresas y bancos privados) van bien, todos estaremos bien (así por que sí), y por tanto los gobiernos tienen la obligación de hacer todo lo posible por conseguir que los beneficios de las grandes empresas y bancos privados no haga sino aumentar continuamente y la bolsa suba. Las entidades financieras, como los todopoderosos bancos privados (sobre los que peligrosamente se asientan las economías de los países ricos), las instituciones internacionales como el FMI (Fondo Monetario Internacional), el BM (Banco Mundial) y la OMC (Organización Mundial del Comercio) creadas para proteger los intereses de quienes hacen negocio en los mercados financieros pero presentadas como "independientes y objetivas", y las recién aparecidas en escenas como protagonistas, las agencias de calificación de riesgos o de rating (Standard & Poor's, Moody's, Fitch), que extrañamente también se presentan rodeadas de un aura de entidades independientes y ortodoxas cuando son simplemente ramificaciones de los primeros, se encargan de fomentar y avivar estas ideas. Cuando se dice por ejemplo que el Banco Central debe ser independiente (o un servicio público debe ser privatizado para "mejorar su eficiencia" -13-, etc.), no es una afirmación objetiva y neutral como se intenta transmitir, sino una posición de una corriente concreta del pensamiento económico: el liberalismo / neoliberalismo de mercado, y lo que a última instancia se defiende es que las bolsas financieras y las grandes empresas que hay detrás deben tener el control de la economía mundial sin que los gobiernos deban intervenir para corregir los problemas sociales que puedan generar. Se está implantando de forma progresiva la dictadura del mercado financiero: los bancos privados y las bolsas tienen a los políticos a su servicio, y como amas despóticas, nunca se sienten satisfechas y no hacen sino seguir pidiendo más y más, llegando a situaciones aberrantes como estamos viendo hoy en día (14). Parémonos a pensar: la finalidad de los sistemas de organización social (gobiernos, economías,...) debe ser velar por conseguir las mejores condiciones de vida para la población (buena salud, buena educación, disfrute de libertades,... para todas las personas), si el sistema propuesto para conseguirlo, llamado liberalismo / neoliberalismo financiero internacional, no lo consigue, se quita y se pone otro (aunque cierto es que una revolución económica de este calibre no será fácilmente permitida por los poderes beneficiados bajo el actual sistema). Un sistema económico debe estar al servicio de la población, no a la inversa, por lo que nunca deben recortarse derechos ni libertades por el bien de la economía. Por mucho que quieran los economistas, el bienestar de las personas no se mide en cifras macroeconómicas (como el PIB o PNB - Producto Interno Bruto o Producto Nacional Bruto), en todo caso lo haría otros indicadores, como la Felicidad Interna (o Nacional) Bruta (FIB/FNB).


PD: Y puede pensar el lector de estas líneas "¿y qué puedo hacer yo?". Antes de nada, tener una actitud crítica ante la vida, buscar información y documentarse, así como transmitir esta visión crítica del mundo en que vivimos a quienes te rodean. Si gobiernos, políticos, bancos, bolsas financieras, grandes empresas y grandes medios de comunicación nos manipulan a su beneficio, pues en respuesta:


  • No respaldes a los partidos mayoritarios ni los que apoyen el liberalismo / neoliberalismo de mercado, puedes mejor apoyar a un partido de izquierda verde no nacionalista (no confundir con la izquierda proletaria u obrera - a la que han engañado para que asuma y defienda un sistema irremediablemente anti-ecosocial). Reivindica formas de organización social en los que la población tenga un papel mucho más decisivo en la toma de decisiones, que no reduzcan la democracia al "sistema en el que la población elige dictador cada cuatro o cinco años" (ideas: 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24).

  • Tener tu dinero en una entidad bancaria convencional implica permitirle que lo usen para sus intereses y especulaciones en bolsa, sácalo o transfiérelo a un banco ético (por ejemplo Triodos). Por supuesto no inviertas nunca en las bolsas ni en otros activos del mercado financiero, y evita en todo lo posible pedir préstamos o hipotecas al banco.

  • Evita los productos de grandes multinacionales, especialmente las más conocidas por sus malas prácticas ambientales y sociales, apoya a pequeños productores que apuesten por alternativas más ecológicas y autogestionadas. Si estás desengañada como persona con el sistema económico vigente, puedes incluso iniciar tu propio camino hacia la independización del mismo buscando cubrir tus necesidades de forma autosuficiente.

  • No apoyes a los medios de comunicación usados por los poderes económicos y políticos para manipular a la población, intenta buscar también información en otras fuentes y ante todo desarrolla una visión crítica sobre toda la información que leas.

  • Divulga la crítica al vigente sistema económico y plutocrático en tu entorno y a través de los medios de comunicación como Internet, y apoya a otras personas y movimientos sociales que también lo hacen.

  • Defiende un sistema educativo que no esté dirigido a modelar las personas a los requerimientos del sistema de mercado liberal / neoliberal.

  • Otras acciones complementarias: Muestra tu rechazo al poder político y social que concentra las instituciones religiosas: declárate apóstata. Apoya los movimientos que defienden la libertad de acceso a la información y el conocimiento, como el movimiento del software libre, frente a multinacionales contrarias como Microsoft y Apple.




Este texto es un extracto de: La realidad fabricada 2: la "crisis" ... o cómo nos engañan para perpetuar un sistema económico anti-social hecho por y para los ricos.

(c) 2010-2012, Alexis Puente Montiel. Fuente: http://miscelaneanatural.org


Siria: un escenario prefabricado para la guerra

lamoscaroja - 2012-08-03 19:38:46
Resolver un conflicto, en términos sociales, implica, además de la clara voluntad de acercar posturas, entender, en primer lugar, el conflicto, comprender sus implicaciones, sus causas, sus “por qués”. Esta premisa es fundamental, especialmente, en el caso de la guerra que en estos momentos cruza, de lado a lado, a Siria.

Los falsimedia, tendenciosamente, esquivan la información que nos haría entender que el problema central en el conflicto sirio no radica en la insurrección armada, ni en la violencia, ni en la revuelta política. Con toda la intencionalidad, se nos ofrece una visión de la situación que induce a considerarla y a tomar medidas, aspecto este que conduce al mayor error, para resolver únicamente lo “visible” del problema, lo inmediato, obviando analizar las verdaderas causas que se esconden tras ella. Si a la opinión pública se le muestra un escenario de tanques, misiles y levantamiento de rebeldes y represión del gobierno oficial, la reacción, casi pauloviana, será acabar con la “guerra”, con la “lucha”, derrocar al gobierno (apoyando a los “rebeldes”) o asesinar a los rebeldes (apoyando con armamento al gobierno). Mirado desde este punto de vista, y forzando al pensamiento a desarrollarse en un plano simplista, en cualquier conflicto social actual caben muy pocas “alternativas”, si éstas llegan del exterior, repitiéndose la historia de Egipto, Libia y un etc. muy extenso: o se apoya, desde “afuera” a los rebeldes o al gobierno oficial, acabando, con armas y sangre, con el problema (no considerando la raíz) y, tras un periodo, elegantemente llamado “de transición”, construir una nueva realidad, en el país de la contienda, fabricado con trocitos de aportaciones de los “amigos” extranjeros que desinteresadamente, léase con ironía, han ayudado a su resolución. Analizada así, la situación de Siria y la resolución del conflicto pasaría porque un “bando” acabase con el otro, el considerado “malo” por occidente y borrón y cuenta nueva, con la ayuda de los “aliados”.

Simple. Muy simple. Excesiva y sospechosamente simple. Deberíamos plantearnos que, lo más importante detrás del conflicto sirio no es el Ejército de Liberación Sirio ni el Consejo Nacional Sirio, ni los grupos terroristas organizados que están actuados cubiertos por su velo, sino los intereses económicos, financieros y empresariales que se esconden tras ellos y que llevan ya bastante tiempo financiando y esponsorizando sus actividades. Siria no es un territorio cualquiera, un espacio neutral y no lo es desde que Wall Street clavase sus pupilas en ella, como pieza clave de las aspiraciones geopolíticas americanas que tienen como objetivo final lograr una hegemonía global, que políticos con pocos escrúpulos, y muchas participaciones y acciones en multinacionales que no pueden permitirse no ganar billones jugando al monopoly en el tablero de Oriente medio y África, como la reina fascista americana, H. Clinton se empeñan en maquillar. Existe una elite, tomado el término no en su acepción de calidad ni de grupo excelso, sino como una mafia autoerigida los amos del destino del mundo, que hace mucho tiempo ya planificó, paso a paso, el conflicto sirio y fue, paso a paso, propiciando el desarrollo de los hechos para que, además de producirse, originará en la opinión pública la visión que interesaba: hay unos buenos y unos malos y los “salvadores externos”, llevados por una solidaridad inexplicable, han de “ayudar” a los buenos, como en los cuentos infantiles. Solo que ahora no se trata de un cuento, sino de una guerra en la que, como siempre, quienes pierden son los inocentes que no se embolsan millones de dólares ni pertenecen a ningún consejo de dirección de grandes empresas.

“Los aliados externos”, el gobierno americano, fundamentalmente, es consciente de que Siria es la pieza clave para tratar de resquebrajar el poder de otro fantasma para América, Irán, y, además, forma parte de la lista de países que han de “cambiar de régimen”, de acuerdo a la voluntad del tío Sam. Lo prueba el calendario de ataques que ha sufrido Siria durante años.

Occidente, América y sus aliados, sueña con destruir, y establecerse, colonizar, no solo Siria, sino Irán, en un planteamiento que desea conseguir la hegemonía global que se ha iniciado promoviendo y financiando guerras en África del Norte, siguiendo en Oriente Medio, Irán y, previsiblemente, también en Europa y Asia. El objetivo es crear un sistema mundial para expandir la hegemonía global, controlado por los amos de las finanzas angloamericanas y los poderosos tentáculos de su red de instituciones globales, llevados por su obsesión megalómana, y ayudados por sus políticas malthusianas, dirigidas a conseguir el control de la población, el control industrial y el monetario. Estos datos no se esconden, al contrario, es tal su prepotencia que estas directrices aparecen claramente expuestas ya en la AGENDA 21 y defendidas con pasión por técnicos que, peligrosamente, asesoran al actual gobierno de la Casa Blanca, como J. Holdren, quien se permitió expresar, en su libro de 1977 ECOSCIENCE, que el estado ha de marcar la cifra que delimita la “población óptima” y defender propuestas centradas en el aborto forzado, métodos diversos de esterilización inducida, conveniente para evitar la superpoblación y sus peligros en relación al imperialismo de los reyes del mundo, los americanos, propiciando el control del gobierno del ciclo vital de “sus ciudadanos-siervos”. No importa que hace unos meses este individuo, actual asesor de Obama, se escude diciendo que se trata de un libro que fue escrito hace décadas y que “no se ajusta a su ideología actual, ya más madura y consciente”. No importa, es una pista clara para “entender” los antiprincipios que rigen las guerras que están sucediendo, aparentemente por motivos que solo incumben a los países en los que se desarrollan.

Occidente se ha convertido en un experyo creador de paradigmas falsos, debates inducidos y conflictos escudo, que solo pretende, desatendiendo el número de víctimas, ocultar la verdadera naturaleza de sus intenciones. Sirva como ejemplo la creación, bajo la etiqueta de organización sin ánimo de lucro, de la National Endowment, financiada por la CIA para impulsar la Democracia e identificada por numerosos geoanalistas como elemento clave que facilitó la formación de los activistas que participaron en las "revoluciones árabes de primavera" en el Medio Oriente y África del Norte.

Si deseamos comenzar a entender qué hay detrás de conflictos inducidos, como la guerra actual en Siria, deberíamos empezar por leer un texto de 1991 del ex subsecretario de defensa P. Wolfowitz, también antiguo presidente del Banco Mundial, que comienza con una declaración, sobre la necesidad de "limpiar" los viejos regímenes clientes de la Unión Soviética (Siria, Irán e Irak). En él se esbozan los planes para el cambio de régimen sirio, que se remonta a 2002, así como el programa de capacitación del Departamento de Estado, iniciado en 2008 para capacitar a 5.000 activistas de Túnez, Egipto, Siria y el Líbano.

Y, para seguir, en esta fase inicial de intentar “comprender” el porqué de la guerra de Siria, deberíamos echar una ojeada a la imagen que aparece al final de este artículo, en la que aparecen las multinacionales con intereses económicos en que en Siria se produzca una masacre lo suficientemente sangriente como para que la entrada triunfal de los americanos sea aplaudida y vitoreada por el resto del mundo, engañados una vez más por las campañas mediáticas orquestadas por el imperialista eimplacable Tío Sam y aliados.

Enlace del artículo:http://lamoscaroja.wordpress.com/

 

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