Sabemos que cuando se pierde la regla puede que empiece una vida. La existencia de la regla es la premisa del valor de la excepción, sin embargo ninguna excepción ha confirmado regla alguna. Excepto para la vida, pero es que la vida es vida a pesar de las reglas. Se suele entender excepcional como un desiderativo. Y es porque en este mundo manda cada vez más gracias a Dios lo que tenemos de mujer y de joven que lo que tenemos de viejo. Las leyes y reglas suelen estar defendidas por viejos, es su manera de estar de viaje hacia Jerusalén, de aspirar a una unión de más alcance, a una más profunda comunión. Con las viejas reglas del juego. Las que ellos conocen.
La excepción no confirma la regla. Pero una estado de excepción permanente y generalizado quita a la excepción su estado excepcional y lo convierte en otra cosa. ¿Existe una regla tal que permita construir con un conjunto dado de voluntades particulares una voluntad general respetando un número finito de condiciones que sean tan evidentes a la razón como para que todos puedan suscribirlas? No hay manera de suscribir un contrato social sobre la universalidad de regla alguna. Si existiera una regla como la mencionada, toda totalidad social podría aparecer como un sujeto colectivo dotado de voluntad. Podemos creer en en los sujetos colectivos dotados de voluntad como creemos en Dios, es decir creer en ellos pero no creer en su existencia.
Esta desconfianza por el escenario y la puesta en escena políticos, todo ese “teatro” del que no se conocen bien las reglas y ante el cual el gusto ordinario se siente desarmado, se encuentra con frecuencia en la base del apoliticismo y de la falta de confianza generalizada con respecto a cualquier especie de palabra y de portavoz. Y a menudo no queda otra solución, para escapar de la ambivalencia o de la indeterminación ante el discurso, que la de fiarse de lo que se sabe apreciar, el cuerpo antes que las palabras, la sustancia antes que la forma, la “buena cara” antes que las “bellas palabras”. ...el individuo no tiene ningún motivo racional para no desconfiar de la fidelidad a las reglas por parte de los demás individuos. Y ello hace necesaria la coacción... la razón exige de nosotros que necesariamente vivamos en un orden coactivo.
Eso implica guardar las distancias, al menos hasta que llegue la hora de golpear, la regla básica de la estrategia recomienda marchar separados y golpear juntos. Y no tomar el caso particular muy en serio; no generalizar demasiado deprisa, que suele tener el mal gusto de tomarse por la regla.
Comentarios recientes
hace 1 hora 41 min
hace 7 horas 2 min
hace 7 horas 40 min
hace 10 horas 8 sec
hace 10 horas 58 min
hace 11 horas 20 min
hace 11 horas 24 min
hace 12 horas 10 min
hace 13 horas 27 min
hace 14 horas 7 min