Ya que no tenemos objetivos ni trabajos a hacer que nos unan, tengamos en nombre de la bondad de la unión, al menos esperanzas comunes. Podemos, por ejemplo, esperar lo mejor para todos de la insostenibilidad de nuestro sistema. Lo que mantienen unidas a las sociedades son los léxicos comunes y las esperanzas comunes. Lo típico es que los léxicos mantengan una relación parasitaria respecto de las esperanzas, en el sentido de que la principal función de los léxicos es la de narrar historias acerca de los resultados futuros que compensarán a los sacrificios presentes.
Encendamos esas esperanzas como linternas con las que pasar el apagón que se avecina, recordemos que “Esperanza diferida enferma al corazón; deseo satisfecho es fuente de vida”. La esperanza permite desear, nos devuelve la voluntad de agente, de autonomía, y por muy engañosa que sea, sirve al menos para llevarnos al fin de nuestra vida por un camino agradable. Es sabido que la esperanza es la segunda alma de los desdichados, que cosa tan delicada como la esperanza del humilde, no la hay.
“¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!” Ponía por lo visto, en la puerta del infierno. Hoy en la medida en que somos laicos andamos todos por el infierno ya que como laicos que somos, vivimos en un mundo en el que la gran dimensión de la esperanza es desconocida.
Decía un poeta que: ”Una aurora en el campo me hace bien. Una aurora en la ciudad , bien y mal, y por eso me hace más que bien. Si, porque la esperanza mayor que me trae tiene, como todas las esperanzas, ese amargor lejano y añorante de no ser realidad. La mañana del campo existe; la mañana de la ciudad promete. La una hace vivir; la otra hace pensar. Y yo he de sentir siempre, como los grandes malditos, que es mejor pensar que vivir”.
Los malditos brindamos tanto los sábados porque tenemos la esperanza de que al día siguiente sea otra vez sábado. Un día con buen día después.
Nos mantenemos por pura diplomacia en el umbral de la esperanza, confiamos más en la esperanza que en la gratitud. Confiar en la gratitud es grosero; la esperanza tiene buena memoria, mientras que la gratitud es olvidadiza . Esbozamos una imagen de la esperanza tan vivaz, que todo el que abrigue esperanza se reconocerá en ella; sin embargo sabemos, que no es más que un engaño. No bien dibujamos la esperanza lo que aparece ante nuestros ojos es el recuerdo... con recuerdos de esperanzas y esperanzas de recuerdos, decía uno andar viviendo.
Para Spinoza los tristes tienen dos motivos para estarlo: Ignoran o esperan. Los anglos usan dos palabras para diferenciar una manera y otra de esperar; su poeta dice: “the faith, and the love, and the hope are all in the waiting”.
¿Es la esperanza (Benjamín, Kierkegaard...) algo que impide vivir más, mejor...? O bien ¿Es la esperanza, la alegría por lo todavía no-consciente maravilloso (Bloch) lo que posibilita una más intensa, mejor, vida?
¿De que "Esperanza" estamos hablando?
En todo caso vivir sin esperanzas es para los muy valerosos y morir sin ellas para los muy tontos. Visto así: ¿qué esperanzas son esas que ayudan a vivir y a morir de tal modo?: De índole distinta o parecida, a tu gusto.
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